Azimut revolucionario

País zurdo, país diestro

La ideología, los conceptos, las bregas por el diseño de un modelo de país que beneficie a más personas cada vez es un planteamiento global, en unas ocasiones sutil, otras intenso pero siempre es un punto de debate, confrontación o coincidencia. Es un tema ineludible por quienes aspiran dirigir los destinos de un país o región. Venezuela por ejemplo, es un caldo de cultivo para las confusiones que entre los término ideológicos de izquierda derecha se presentan, en sus debates y confrontaciones intelectuales.

La izquierda es usualmente asociada con una tendencia social, humana, popular no por causalidad, aunque quizá en cada caso res distinto el enfoque de esta orientación. El parlamento francés, donde nace esta analogía, ya venía de alguna manera con las primeras propuestas para una nación de ciudadanos, igualitaria y fraterna, no obstante adaptada para el avance entonces, significativo pero primario, de una alternativa bajo un régimen feudal y monárquico.

Heinz Diatrich ha dicho que el término no ayuda para nada a aclarar sino más bien a confundir, entendiendo que la izquierda tal y como históricamente ha sido planteada es algo inmanente al sistema, porque es naturalmente anti sistémica, es decir, requiere de un sistema contrapuesto pues es simplemente su antítesis. No obstante, la poca claridad que a los efectos tienen algunos intelectuales impiden ver con mayor notoriedad que así como existe una escasez de propuestas sustentadas también el ambiente está propenso a esas nueva vertientes ideológicas para satisfacer las necesidades bárbaras de alternativas de planificación, de alternativas sistémicas con carácter popular.

Toda esta verborrea… toda esta palabrería no es más que un sórdido intento por discernir el rumbo de un estado post capitalista o social, como quiera que se le llame, en procura de un ejercicio de gobierno para las mayorías con un desarrollo sostenible, sustentable y que cada vez requiera de menor intervención fundamentlista para alcanzar estabilidad económica. La alternativa bolivariana es intelectual y pragmáticamente hablando una vía de factible solución e inspirados en los muchos pensadores de la tendencia social han afirmado creer en ella como opción de cambio.

Ernesto Cardenal, poeta nicaragüense o Martha Harnecker, Heinz Dietrich, William Izarra, Chomsky o inclusive pese a sus posiciones recientes, el mismo Vargas Llosa recuerdo haber visto prologar el libro de José Vicente contra las desapariciones de los años 60’, una lucha de tendencia social y cuyos líderes combatientes son hoy altos funcionarios de gobierno y que se han trazado peculiarmente como norte erradicar este tipo de actuaciones ejecutivas.

Hoy que me siento a pensar desde el parlamento, como diputado regional, estos asuntos tan etéreos y que muchos dirían en cualquier esquina, como pensar en la inmortalidad del cangrejo, creo que es imprescindible que nos detengamos a observar pese al avasallante trajín que a diario nos impide salir de la vorágine, las reacciones de un pueblo que siente que vamos en la vía de su reinvindicación pero que quiere también que aprendamos que existen varios modos de hacer las cosas y que ellos a veces tienen buenas ideas al respecto.

Las unidades de Batalla, núcleos fundamentales de organización popular y comunitaria son un ejemplo de ello y en eso el presidente Chávez ha sido un líder continental del pensamiento social.

Lsa experiencia larense nos hace creer que estamos por saludar un cambio, pese a que dentro de las organizaciones revolucionarias existen quienes rechazan la conformación de unidades de batalla y las reducen al simple espacio electoral… un oportunismo político descarado y ortodoxo.

El gran desafío ahora es idear las formas bajo las cuales se va a aplicar en todas sus iniciativas y en sus profundidades la vocación social del gobierno que en este caso es bolivariano y que nace de una propuesta antisistémica para dar aso a un mezcla indeterminada de ejercicio público con mayores intenciones comunitarias. “Abrir las alamedas” quizá, como lo dijo Allende antes de morir “suicidado” por la CIA, en la búsqueda del nuevo hombre libre pero responsable…del nuevo ciudadano atendido pero protagónico.

Vamos a intentar construir esa utopía y desde el parlamento haremos lo posible para dejar sentado a nivel de ley esos preceptos con el único objeto de no defraudar a un colectivo que ahora nos cobija a nosotros pero que aspira y nos toma de la mano para conducir esos trazos de historia que le darán la tranquilidad de un estado igualitario para sus futuras generaciones. Estamos conscientes que nuestro compromiso es de accionar en el presente pero también sabemos que lo haremos intencionalmente para determinar las tendencia del futuro.

Es cuestión de compromiso social, de cariño, de de eso que se lleva dentro… más que de izquierdas y derechas.


El autor es diputado en el estado Lara
prensagobernacion@yahoo.com


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Luis Jonás Reyes Flores *


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