A proposito de la Educación Superior

Verdadera Revolución dentro de la Revolución


Las miserias del comportamiento humano parecieran ser las causas primigenias de los tropiezos para llegar a tener en el mundo sistemas de vida más justos.

Lo ocurrido con la reciente elección presidencial en los Estados Unidos, la acción previa desde ese centro de poder y la débil respuesta ofrecida por el resto del planeta nos orientan más hacia el lado contrario de esa anhelada justicia.

Quien suscribe, con décadas de trabajo tanto en el campo de la medicina y de la enseñanza, mirando mucho al interior de los seres que atiende, se resiste a creer que tengan que privar tales miserias humanas, como la ambición desmedida, el egoismo, la avaricia, la codicia, la envidia, el engreimiento, en la conducción de los pueblos y que tengamos que seguir padeciendo de la acumulación de poder, de más imperialismo y más guerras e indefensión de inocentes.

Quien clama por justicia no puede querer ni este imperialismo ni ningún otro.

Por supuesto que un anterior mundo bipolar equilibraba más al planeta, pero ní el poderío colocado del otro lado pudo evitar los conflictos bélicos, ni el avance hacia este desastre. Es más, esas mismas imperfecciones humanas troncharon el progreso hacia la justicia en ese otro mundo que creyó por largo tiempo en otro sistema como salida.

Pudo más la acumulación de riqueza manejando la existencia humana que todo el poderío militar y geopolítico que ciertamente ofrecía un contrapeso. Cayeron ellos en la globalización económica y nosotros, en el resto del mundo en mayor desamparo.

Pero, ateniéndonos a la evolución darwiniana de las especies y de quizás su máximo espécimen, debemos seguir pensando en que las virtudes algún día deberán imponerse sobre las mezquindades.

Es, desde ese punto de vista, que cambios pacíficos como el que ofrece la Revolución Bolivariana aspira uno que progresen, aunque habrá que cuidarla de esas debilidades del comportamiento humano. Un efectivo control social deberá ayudar.

Es con este amplio contexto, ya ubicados en nuestra Educación Venezolana y concretamente en la Educación Superior, cuando afloran disyuntivas respecto a lo cuantitativo y cualitativo de los cambios y, hasta del quien y el como imprimirlos, que se requiere extremo cuidado al ponderar lo que se ha venido haciendo desde 1999 a esta parte. Porque de allí podrá emerger la verdadera escuela de valores que el país necesita.

Entiéndase entonces el interés de adelantar algunas precisiones.

Ciertamente los dos grandes pilares para impulsar cambios progresistas y vencer las injusticias son el poder moral con un sistema judicial idóneo y la adecuada formación educativa de nuestros hijos. Y tal como lo sustentó Bolívar, estos dos pilares deben estar fuertemente imbricados.

Pero, ocurrió desmoronamiento de estos pilares en las décadas de los “gobiernos puntofijistas”. El manejo no-idóneo en la administración de justicia y la cada vez más fácil adquisición de títulos universitarios formaron parte de esa debacle. Basta oir el léxico y dicción que muchos muestran.

El “ta barato” con el auge petrolero de los setenta y muchos de los beneficiarios de las “Becas Gran Mariscal” entregadas al voleo, desprestigiaron internacionalmente a los venezolanos viajeros. Vergüenza patriota en quienes tuvimos la suerte de una mejor formación probada en otras latitudes.

El facilismo nos arropó y la educación no escapó a eso.

Afortunadamente nuestra Constitución Bolivariana rescató en su artículo 103 la calidad para la Educación y, en igualdad de condiciones, para todos los venezolanos.

El hecho de que hubiesen podido surgir indígenas nuestros, con todo en su contra, altamente calificados hasta para formar parte de los preclaros que elaboraron esos derechos en la carta magna, nos dice que lo que hay que hacer en función de la equidad es tender a igualar las oportunidades y nunca relajar las exigencias de calidad para no caer en la devaluación de ese derecho.

Los que soportamos dentro de las instituciones universitarias conducidas por la vieja política, sabemos con propiedad, que las exigencias que nos ha venido haciendo el Ejecutivo Nacional en estos años a nivel de Educación Superior tienden a elevar su calidad y a avanzar hacia la equidad. Fundamentalmente la OPSU-CNU ha sido vista como el “ogro” para sectores todavía contaminados de facilismo y populismo. Manteniéndonos dentro del estado de derecho, faltarían leyes y justicia más acordes para acelerar el paso.

Ojalá a la hora de decisiones trascendentes estas precisiones sean tomadas en cuenta. Que lo cuantitativo permita ver lo cualitativo. Y que no predominen las miserias humanas que han desviado otros procesos a la hora de las “chiquitas”.


* Médico- Profesor Universitario




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Jesús Rodríguez Silva *

Médico y Profesor Universitario.


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