Ni el plebiscito de la MUD, ni la falsa constituyente de Maduro

La semana pasada estuve en Venezuela, país al que le tengo gran cariño y respeto por haber vivido allí varios años en un intercambio político con militantes socialistas y anticapitalistas en vida de Chávez. Desde entonces viajo a menudo. Cuando viví en Caracas, fui parte de la fundación de la corriente política Marea Socialista, surgida del seno del proceso bolivariano quien hoy es la principal oposición de izquierda al gobierno, e integra junto a  nuestro MST una corriente internacional común. Así como yo, también Alejandro Bodart, Vilma Ripoll y muchos dirigentes y compañeros del MST hemos viajado y recibido a compañeros venezolanos todos estos años, nos une una construcción común y un proyecto.

Desde esa cercanía personal y política con Venezuela, haber visto estos días la situación de ese país, no deja de sorprenderme negativamente. Hay un contraste notable con los años de mayor ascenso del proceso revolucionario que tomaba medidas sociales correctas que, aún siendo parciales, mejoraron la vida de millones de trabajadores y sectores populares. De ese país, que ilusionó a la militancia popular y de izquierda del continente, lamentablemente ya no queda casi nada. La vida es triste, la gente común no tiene nada, cuesta pagar la comida diaria que escasea, no hay remedios, los niños se mueren en los hospitales, la militarización está por todos lados, la persecución a los críticos también. El llamado socialismo del siglo XXI se transformó en manos de Maduro en un régimen capitalista más, de acumulación mafiosa al amparo del negocio petrolero. Nada de progresivo o rescatable hay en eso, aunque se lo intente cubrir con frase bolivarianas para engañar al auditorio.  

El gobierno de Maduro desde su llegada fue involucionando de manera constante, y es el pueblo pobre y la juventud sin futuro quien paga esa involución planificada desde el poder del estado. Las medidas económicas y sociales que se toman combinan un desfalco de millones dólares, el pago puntual de la deuda externa a organismos internacionales, la entrega de todos los recursos minerales a corporaciones imperialistas, y un ajuste permanente sobre los derechos a través del abandono de las misiones sociales, de la salud pública, la educación y la nula asistencia alimentaria y médica. Si lo hiciera un gobierno de derecha no habría duda que todos lo enfrentaríamos. Lo increíble es que al hacerlo Maduro, algunos sectores de izquierda le encuentren justificación, digan que son “errores” o que “no es el principal responsable”. Aquí no hay errores, hay una política planificada desde el gobierno, y es una política antipopular en toda la línea.

Enfrentar los planes de la MUD

Frente a una realidad que ha llevado al gobierno de Maduro a perder el apoyo social de millones en pocos años, el otro polo político surgido de la derecha tradicional y organizada en la MUD (Mesa de Unidad Democrática) busca hacerse con el gobierno viendo la oportunidad que el propio desastre madurista le coloca en el horizonte. Ese polo representa intereses antipopulares, combina viejos golpistas con dirigentes de misma y reaccionaria condición ideológica, y lógicamente nada bueno pueden ofrecerle a Venezuela. Su interés no es mejorar el país, sino ser ellos directamente quienes conduzcan el proceso de entrega de las riquezas venezolanas a las corporaciones extranjeras. El imperialismo y sus corporaciones hacen negocios a diario con Maduro, pero se encuentra más cómodos si sus hijos directos gobernaran para hacer con ellos negocios similares. La MUD tiene distintas alas, entre ellas algunas bien reaccionarias y ligadas a sectores para militares y otros también derechistas pero más proclives a una negociación.  

La MUD convoca para este domingo un plebiscito, intentando colocarse como el ala democrática de esta contienda, pero su objetivo de fondo es la utilización del plebiscito para fortalecerse ellos como poder alternativo, para decir acá estamos nosotros, en el marco de su plan estratégico y reaccionario en sus aspectos económicos y políticos para Venezuela. Por eso nuestros compañeros de Marea Socialista correctamente rechazan este plebiscito y denuncian: “Bajo la misma lógica mafiosa y confrontativa de la política de cúpulas, el Plebiscito pasa a ser la contrapropuesta a la A.N.C por parte del otro polo que busca intervenir en esa disputa por las divisas que ingresan a PDVSA. Dicha iniciativa pretende legitimar un nuevo poder factico en el país, que le permita a la dirigencia de derecha ser parte de esa disputa: sea mediante la violencia armada en la calle o en un posible pacto y/o gobierno de transición, escenarios en los cuales el pueblo estaría excluido de participar protagónicamente en cualquier decisión…La Consulta Popular no es una táctica de unidad de acción de distintos sectores en defensa de una lucha política de interés nacional, como lo podría ser la derogatoria del decreto del Arco Minero, ni contempla una lucha reivindicativa. La Consulta del 16-J es una iniciativa política de una dirigencia con intereses contrarios a la de los venezolanos que padecemos la crisis, y que de llegar al gobierno aplicaría un paquete de ajuste económico similar al que viene ejecutando el gobierno actual. Participar o reconocer esa iniciativa como una herramienta democrática, es una ilusión política que conduce al precipicio y a barnizar de democrática a una dirección reaccionaria”(1)

De esto surge nuestra oposición al plebiscito y a la dinámica de un intento de gobierno de unidad nacional o de transición, que pudiera venir por el avance de la MUD por un pacto entre Maduro y la MUD. De una u otra forma sería un gobierno antidemocrático y antipopular que deberíamos enfrentar en la calle y políticamente. Junto a esto, también rechazamos cualquier tipo de intervención extranjera a Venezuela, en particular de los organismos ligados al imperialismo. Y por supuesto también si en algún momento se planteara una intervención militar, aunque no es eso lo que hoy está planteado en la realidad.  

La farsa de Maduro y su constituyente

El debate sobre el plebiscito de mañana y todo lo sucedido estas semanas, tienen como marco de fondo la cuestión de la Constituyente de Maduro convocada para el 30 de julio. La palabra Constituyente suena linda, es popular en la izquierda ya que todos queremos procesos constituyentes donde el pueblo decida sobre todo. El único problema es que en la constituyente de Maduro, el pueblo no decide nada. A diferencia de la constituyente impulsada por Chávez, acá no hay referéndum previo consultando sobre si se quiere o no una constituyente. Tampoco participan libremente los partidos con sus candidatos, no hay reglas previas ni decididas por el pueblo, y sí filtros a quienes quieren ir de candidatos. Y no habrá elecciones posteriores para refrendar sus resultados.

Además, difiere en todos los aspectos de la constituyente que cambio la vida política en Venezuela. La de Maduro no está enmarcada en avances ni en intentos de tomar medidas progresivas, sino en un retroceso y un proceso de contrarreformas económicas y políticas que sufre el pueblo. Vale como ejemplo que la Constituyente legalizara una nueva forma de avanzar en los entreguistas acuerdos del Arco Minero de Orinoco, es decir la entrega total de los recursos estratégicos y minerales a corporaciones extranjeras.  La constituyente no es más poder popular, sino una ficción del mismo con una parte de concejos comunales vacios y atados al clientelismo estatal. La constituyente de Maduro no es más democracia sino un intento de avanzar a un régimen menos democrático todavía, sin elecciones, ninguna consulta popular ni mecanismos de decisión popular ante los grandes temas nacionales, e ilegalización indefinida de las corrientes críticas de izquierda. La constituyente es una farsa antidemocrática con disfraz bolivariano y no tiene nada de progresivo. 

Los debates en la izquierda sobre Venezuela

Lógicamente todo esto trae fuertes debates en la izquierda y en el ámbito internacional se cruzan diversas visiones. Hay un sector atado a concepciones sectarias que nunca comprendió que el surgimiento del movimiento bolivariano tenía elementos positivos porque el movimiento de masas acompañaba esa experiencia, y entonces debíamos ser parte de ese proceso político y social, manteniendo por supuesto una política anticapitalista, socialista e independiente para desarrollar todas nuestras propuestas y nuestra crítica cada vez que fuera necesario.

Pero hoy el debate se da con otro sector de la izquierda que comete errores aún mucho peores, porque no ve que ya hay un cambio cualitativo, una regresión inmodificable, y defiende al proyecto y al gobierno de Maduro que ya no es nacionalista antiimperialista, porque ha mutado en forma regresiva más hacia derecha en lo económico social, y a un curso muy antidemocrático en su régimen político. Lo que hace Maduro no está emparentado con la izquierda y solo se puede decir lo contrario desde miles de kilómetros de Venezuela. Porque fronteras adentro la realidad es incontrastable; hay por parte del gobierno ajuste, entrega y represión. Y eso desmoralizó y alejó a miles de chavistas que ya no apoyan al gobierno. La derecha actúa en ese contexto servido en bandeja por el gobierno.   

En defensa de Maduro ha salido todo el arco político proveniente y ligado a los viejos partidos comunistas y sus corrientes ideológicas afines con sus referentes. En Argentina Atilio Borón es su principal portavoz de una declaración internacional (2). La posición de ellos es justificatoria de un gobierno que ya es antipopular por donde se lo mire. Igualmente que estos sectores tengan esta posición no es de extrañar, están ligados por intereses directos, en muchos casos económicos y otras conveniencias al gobierno de Maduro y al de Cuba, que transita la apertura al capitalismo internacional. También sectores de la centroizquierda acompañan esta declaración.

Para nosotros lo que es lamentable, es que haya algunos intelectuales marxistas, incluso provenientes del trotskismo que hayan avalado con su firma una declaración internacional que defiende a un gobierno capitalista en su contenido de clase, regresivo en su dinámica y neo stalinista en su régimen político. Y lo hacen basado en una serie de afirmaciones por completo incorrectas que aquí vamos a confrontar.

Aunque hay mucho escrito y de distintos autores, tomamos en este caso las definiciones del compañero y economista Claudio Katz (3), que representa a este sector y que son las más claras e incorrectas. Entre otras cosas dice:  

“Actualmente Maduro dirige sus cañones contra la brutalidad derechista y no contra el pueblo”. No es así. Maduro aplica medidas económicas, sociales y políticas contra el pueblo, y las relata como una lucha contra la derecha. Un economista marxista debiera considerar al pago de la inmoral deuda externa, al desfalco y entrega de dólares a la burguesía, a la entrega de los recursos estratégicos a corporaciones como “medidas y cañones contra el pueblo”. Además de que la represión cotidiana no es a las cúpulas de la derecha, sino a parte de la población, sean opositores de derecha o de izquierda, todos están perseguidos, atacados, echados de sus trabajos. Los principales dirigentes del chavismo crítico son acusados injustamente a diario de ser “agentes de la CIA”. ¿No se considera a eso tampoco un ataque contra el pueblo?

También plantea: “El choque entre Maduro y Capriles-López se asemeja a la confrontación de Allende con Pinochet, de Perón con Lonardi o más recientemente de Dilma con Temer”. De nuevo está equivocado. El enfrentamiento en Venezuela es por el control y comercialización de la renta petrolera en acuerdo con las transnacionales imperialistas. Es decir para fines burgueses en ambos casos, y a diferencia del 2002 en Venezuela donde había un golpe contra medidas parcialmente progresivas ahora hay un enfrentamiento distinto, la MUD para conducir ellos el millonario negocio petrolero, y Maduro para seguir haciéndolo él y sus castas convertidas en burguesas al calor de ese negocio, sin tener ni un atisbo de proyecto independiente y progresivo. Basta recordar que es el gobierno que está haciendo regresar a Venezuela las empresas capitalistas que fueron expulsadas por Chávez. Y sin olvidar que la liberación de Leopoldo López, verdadero instigador de muerte, es una capitulación a la derecha que muestra que Maduro negocia permanente con ellos. La comparación con Brasil es equivocada y a la vez una capitulación al PT y a Dilma, quienes se negaron todo el tiempo a convocar a elecciones generales para que el pueblo decida y así sí, frenar a la derecha.

Otra definición muy incorrecta es la siguiente: “Sería un terrible error sumarse a elecciones concebidas para preparar un cementerio de chavistas. A Maduro le exigen realizar comicios en un clima de guerra civil que ningún gobierno suele aceptar”. Aquí la subordinación a la estrategia antidemocrática de Maduro es completa. Nunca la izquierda puede avanzar dando menos democracia que el régimen democrático burgués, sino superándolo. Sin ir muy lejos en los ejemplos, Chávez frente a intentos de golpes y revocatorios siempre avaló las elecciones y fue a la disputa. Sin olvidar que en Venezuela no hay elecciones a nada desde el 2015 y no había ninguna guerra civil. Nosotros decimos que sin participación y decisión popular no hay ningún proyecto que pueda considerarse de izquierda. La suspensión de todas las elecciones es una política reaccionaria del madurismo, no tiene nada de progresivo y conduce a un callejón sin salida de carácter antipopular. Es una política que además le hace el juego a la derecha, porque le da a la MUD el principal argumento frente a la sociedad y contra la izquierda en general.  

Por último Katz la remata con una comparación fuera de la realidad: “la revolución bolchevique no sólo enseñó a registrar el trasfondo social, los conflictos de clase y los intereses en juego. Indicó también un camino para superar la hipocresía del liberalismo burgués y confirmó que los actos de fuerza contra la reacción, forman parte de la confrontación con la barbarie derechista”. Aquí se superan los límites de la imaginación en una comparación que pierde criterios elementales de clase. Los bolcheviques encabezaban una revolución obrera y popular que avanzaba en expropiar a la burguesía; Maduro representa una burocracia enquistada en un estado rentista, convertida en clase burguesa al amparo de esos negocios. Y la violencia que ejerce no es revolucionaria sino reaccionaria, es contra el pueblo en general que pasa hambre, falta de remedios, de trabajo, de seguridad social. Y que, si sale a protestar más allá de los intereses de la derecha, es acusado y perseguido sin miramientos. Maduro expresa lo peor de la violencia estatal stalinista.

Que el pueblo decida todo, la única salida correcta y de izquierda

En esta situación el mayor favor que se le hace a la derecha y al imperialismo, viene del propio gobierno de Maduro. Lo que hace en materia económica y política ensucia las banderas emancipatorias de la izquierda y le da todos los argumentos a la derecha, para ganarse más base social en Venezuela y en el exterior. Si lo que hay en Venezuela representa un proyecto de izquierda, nadie en su sano juicio puede quererlo. Y así se usa a Venezuela para desprestigiar al socialismo y a la izquierda. 

Por eso quienes en verdad militamos a diario por un proyecto emancipador, anticapitalista y socialista, no tomamos como propias las políticas de un gobierno que ya ni siquiera encaja en un modelo nacionalista clásico, porque no defiende causas nacionales sino el mantenerse en el poder para conducir un proceso de contrarreformas sociales antipopulares. Somos críticos y oposición de izquierda a ese gobierno. Y junto a nuestros compañeros venezolanos de Marea Socialista rechazamos tanto el plebiscito de la MUD como la farsa constituyente de Maduro, y apoyamos la presentación que realizó el chavismo crítico y un amplio abanico de ex ministros de Chávez, de líderes sociales actuales e históricos que exigen se convoque a un referéndum para que el pueblo decida si debe haber o no constituyente y bajo que reglas democráticas hacerla, que es lo que dice la Constitución Bolivariana y lo que Maduro y la MUD incumplen.

Proponemos que el pueblo decida sobre todo, que haya convocatoria a elecciones a todos los cargos para salir de esta crisis provocada por dos cúpulas ajenas a las mayorías populares y que se legalicen todos los partidos que hoy están ilegalizados y proscriptos. Solo la intervención directa del pueblo dará un curso positivo a Venezuela. Y deben abrirse consultas populares vinculantes para decidir qué hacer con la deuda externa, con el desfalco millonario, con los recursos estratégicos que se están llevando las corporaciones y otros grandes temas. Y proponemos que el dinero del estado se use para traer urgente alimentos y medicina para frenar la muerte y la escases de alimentos. Para esa salida tiene que organizarse y movilizarse el pueblo venezolano. Desde Argentina saludamos a los sectores de izquierda como Marea Socialista y a los integrantes del chavismo crítico, que con coraje y sin ningún tipo de ataduras económicas a la burocracia burguesa del estado, construyen una nueva referencia anticapitalista, socialista y bolivariana en Venezuela. Cuestión esencial para el tiempo que viene. 

*Dirigente del MST en Izquierda al Frente. Director de la Revista “Nueva Izquierda". Vivió en Venezuela y acaba de regresar de Caracas esta semana.

(1)   Rechazamos el plebiscito de la MUD. Marea Socialista

(2)   Intelectuales en solidaridad con el pueblo bolivariano

(3)   La izquierda frente a Venezuela (Claudio Katz) 



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Sergio García

Dirigente del MST, Director de la Revista NUEVA IZQUIERDA, Director de la Comisión de Perspectiva Económica de Legislatura (CABA) y Directivo de la CTA Capital

 sergiogarcia.arg@gmail.com      @SergioGarciaMST

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