¿Crisis o resurgimiento del Mercosur?(parte 2)

La sorpresa uruguaya

La intención uruguaya de abrir una negociación de libre comercio con Estados Unidos ha introducido un segundo foco de crisis en el MERCOSUR. Hasta ahora abundan las especulaciones, pero luego de la ratificación de un tratado de inversión con Norteamérica no hay que descartar la posibilidad de un convenio bilateral. Varios funcionarios han confesado abiertamente que evalúan esa opción. (1)

Estados Unidos aprovecha esta inesperada posibilidad para introducir una cuña dentro del MERCOSUR. Repite el libreto que utilizó con Centroamérica y los países andinos y le ofrecer a Uruguay la apertura de su mercado para ciertas exportaciones (carne y lana). Por supuesto que oculta las brutales contrapartidas que acompañarían a ese dudoso privilegio.

Pero lo más llamativo es observar como un gobierno de centroizquierda se ha convertido en el artífice de esa iniciativa. La derecha se congratula de este giro y recibió con una irónica recepción la aprobación legislativa que hizo el Frente Amplio del tratado de inversiones con Estados Unidos (“bienvenidos al club de los serviles al imperialismo”). La conducta de la coalición gobernante ha confirmado todas las advertencias que presagiaban la conversión de los viejos críticos del sistema en acérrimos defensores del status quo. Los ex izquierdistas no se limitan a gestionar el orden capitalista, sino que asumen las tareas que la derecha no pudo implementar. Ningún reaccionario hubiera imaginado que el Frente Amplio propiciaría un tratado con Estados Unidos en desmedro del MERCOSUR. Este viraje no solo defrauda las expectativas populares, sino que ha desconcertado también a los propios aliados centroizquierdistas del Frente Amplio en la región. (2)

Pero existe un tema aún más conflictivo. Tabaré ha resuelto de continuar la construcción de fábricas papeleras que contaminarían un río fronterizo con la Argentina. Esta decisión –que ratifica un compromiso asumido por gobiernos anteriores- ha desatado un choque diplomático sin precedentes con la Argentina. La contaminación que producirían las papeleras es denunciada por numerosos expertos, que destacan el daño acumulativo de volcar desechos al río sin un tratamiento adecuado de los efluentes.

El gobierno evita una investigación independiente de estos efectos, a pesar de los terribles precedentes internacionales que registra esta actividad. Tabaré permite que las plantas manejen secreto la tecnología en juego para evitarle mayores costos a las empresas española y finlandesa que construyen las fábricas. Estos grupos capitalistas habitualmente aprovechan la ausencia de controles, para radicar en los países periféricos un tipo de producción que no realizan en las naciones desarrolladas. Es falso que el gobierno evitará la contaminación en el futuro. La supervisión oficial estará sujeta a las restricciones que impone un tratado de inversiones que protege a las compañías.

Tabaré se ha convertido en el principal abogado de las empresas. Manipula la información y defiende los intereses de las papeleras como una causa nacional. Afirma que esta iniciativa es la única vía que le queda a Uruguay para industrializarse, ocultando que en realidad se afianza un perfil de especialización monoproductora en un rubro básico de la celulosa. Las plantas generan poco empleo, imponen la sobreutilización de los recursos hídricos y provocan desertificación.

La defensa gubernamental de esta inversión capitalista adoptó un cariz fanático desde que irrumpió una activa oposición vecinal del lado argentino. La población ha recurrido a la tradición de los piquetes y a los cortes de puentes para protestar contra las papeleras.

El gobierno argentino simpatiza con esa movilización. Hasta que apareció el cuestionamiento callejero, Kirchner aceptaba la construcción de las papeleras. Sus aliados en varias provincias argentinas (Formosa, Misiones, Corrientes) promueven el mismo tipo de forestación y la misma variedad de fábricas contaminantes. Solo la intervención popular ha obligado al gobierno argentino a objetar un proyecto que convalidaba sigilosamente.

La crisis creada por las papeleras es muy seria. Por el momento el gobierno argentino anunció que llevará el caso al Tribunal Internacional de La Haya, pero esta decisión carece de efectos prácticos, ya que las fábricas estarán produciendo a pleno cuando ese organismo emita un dictamen. La resolución de recurrir a una instancia arbitral externa refleja la debilidad estructural del MERCOSUR. Cuándo un conflicto entre dos miembros de una Unión Aduanera tiende a dirimirse en organismos internacionales, la continuidad de esa asociación trastabilla.

Los perdedores del convenio

El trasfondo de la crisis planteada por las papeleras es la inutilidad del MERCOSUR para los pequeños países miembros. Argentina negocia duramente sus conflictos comerciales con Brasil, pero las peticiones de Uruguay jamás han sido tomadas en cuenta. La Republica Oriental no logró inversiones, ni aumentó significativamente sus exportaciones.

Algunos analistas consideran que este desequilibrio podría resolverse con auxilios presupuestarios. Especialmente plantean la necesidad de introducir fondos de compensación para las economías más frágiles del MERCOSUR. (3) Otros especialistas estiman que los desequilibrios quedarán superados cuando la asociación supere su estadio comercial y avance hacia una etapa centrada en la producción. (4)

Pero es evidente que los gobiernos de Brasil y Argentina tienen poca capacidad para subvencionar a los pequeños países, ya que a duras penas pueden gestionar sus propias economías. El MERCOSUR no es la Unión Europea, sino una asociación de economías periféricos y los países que encabezan este ensamble no pueden imitar a las potencias que lideran la unificación del Viejo Continente.

También el otro socio menor del MERCOSUR manifiesta su descontento. Pero Paraguay carga, además, con una historia de animosidad hacia los dos grandes vecinos que destruyeron el país durante la guerra de la Triple Alianza (1865-69). Los catastróficos efectos de esa tragedia crearon una memoria de hostilidad hacia los vencedores y una conciencia de duelo, que se procesó a través de un prolongado estancamiento. Paraguay, se convirtió en un estado tapón entre los dos grandes vecinos, pero a diferencia de Uruguay no tuvo acceso al comercio exterior y padeció un encierro secular. Ni siquiera ha contado con las instituciones ciudadanas que caracterizan a Uruguay y ha sobrevivido durante décadas como un “estado fallido”. (5)

Paraguay exporta a Brasil y Argentina las mismas materias primas que antes vendía a otros países. También le compra a estas dos naciones las manufacturas que antes importaba desde otros lugares. Pero a diferencia de Uruguay ha debido elevar los aranceles extra regionales, porque ya era una economía muy abierta. Su pequeña industria tiende a ser demolida por la competencia brasileña y el campesinado -que constituye la mitad la población- sufre las consecuencias de esta concurrencia.

El MERCOSUR le impide a Paraguay aprovechar su ubicación para obtener ventajas en la distribución de la renta hidroeléctrica. Por eso al igual que Uruguay coquetea con un tratado de libre comercio con Estados Unidos y refuerza esta posibilidad negociando la implantación de una base militar norteamericana. Pero este remedio sería peor que la enfermedad. Si el MERCOSUR genera pérdidas, la exclusión de esa asociación augura consecuencias más negativas. El mismo dilema afronta otro pequeño país fronterizo como Bolivia, que mantienen indefinido su ingreso o alejamiento del MERCOSUR y han oscilado entre esta opción y un tratado bilateral con Estados Unidos.

El maltrato que impone el MERCOSUR a las economías más frágiles no es una perversión de este tratado. Es un típico efecto de los convenios de integración capitalista, que enriquecen a ciertas regiones y relegan a otras. Esta polarización se extiende también al interior de los países. Por ejemplo, las actividades del MERCOSUR han sido completamente acaparadas dentro de Brasil por la región Sur-Sureste en desmedro del Norte, Nordeste, Centro y Oeste. El tratado acentúa las enormes disparidades zonales que han signado la historia del país. (6)

Esta experiencia demuestra el carácter hipócrita del discurso de hermandad que preside MERCOSUR. La retórica oficial siempre complementa con alusiones al destino compartidos la cruda reivindicación empresarial de la asociación en términos de costos y beneficios. Pero estas referencias a una identidad semejante, al pasado común y al porvenir asociado propagan una imagen mítica que oculta los conflictos generados por el modelo capitalista de integración. (7)

Las tensiones con Estados Unidos

En la tercera etapa del MERCOSUR los gobiernos de Sudamérica combinan continuismo neoliberal con regulaciones heterodoxas para favorecer a las burguesías locales. Estos sectores buscan ampliar su autonomía para desarrollar negocios regionales, utilizando un proyecto que choca con el ALCA.

Las clases dominantes del Cono Sur no aceptan someterse pasivamente a la estrategia norteamericana, pero tampoco se aprestan a resistirla frontalmente, ni a erigir una alternativa antagónica. Rechazan la presión de Bush, pero sin contar con la independencia y el poder social requerido para desenvolver una opción propia.

El imperialismo norteamericano ha buscado erosionar al MERCOSUR por tres caminos. Intenta inducir alternativamente a la burguesía brasileña o argentina hacia opciones diferentes, seduce a distintos grupos exportadores de ambos países con el espejismo de los tratados bilaterales y propicia una cuña en la asociación con ofertas a Uruguay y Paraguay.

Pero la presión estadounidense no ha prosperado porque el comercio del Cono Sur presenta cierta diversificación. A diferencia de México, Centroamérica y los países Andinos, Brasil y Argentina mantienen una cartera más variada de clientes. Esta performance limita la capacidad estadounidenses para quebrar el MERCOSUR.

Existe una vieja historia de conflictos irresueltos de las burguesías sudamericanas con Estados Unidos. Estas desavenencias han persistido durante todo el siglo XX. La novedad que introdujo el MERCOSUR es la existencia de un principio de negociación conjunta de los grupos dominantes locales con su poderoso socio y rival. Para ensayar este camino fue necesario desactivar las tensiones fronterizas inter-regionales que durante décadas incluyeron varias posibilidades de guerra. El MERCOSUR existe porque Brasil, Argentina, Chile y Bolivia no quedaron desangrados en el tipo de conflagraciones que padecieron Irak e Irán. Tampoco atravesaron por los choques que oponen a Pakistán con la India o que han devastado a numerosos países africanos.

Pero la conformación del MERCOSUR también ha requerido cierto desenlace de liderazgos. El roce histórico que la europeizante burguesía argentina mantuvo con los gobiernos norteamericanos (doctrina Drago versus doctrina Monroe) ha perdido relevancia por el fulminante retroceso que padeció Argentina. En cambio, Brasil que históricamente desarrolló una política más conciliatoria con el dominador norteamericano cumple ahora un rol de dirección en la zona. Su creciente adquisición de empresas argentinas refuerza adicionalmente este papel geopolítico.

La comparación con Europa

El grado de autonomía que aspira a alcanzar el MERCOSUR choca con la inserción periférica de la región. Las burguesías de Brasil y Argentina conforman segmentos capitalistas importantes del mundo subdesarrollado, pero tienen pocas posibilidades históricas de alcanzar el tipo de convergencias que, por ejemplo, predominaron en la Unión Europea. El MERCOSUR no logra emular este modelo porque Brasil no es Alemania en el plano económico y Argentina no es Francia en el plano político.

El MERCOSUR carece de una locomotora con proyecciones dominantes en el mercado mundial. La asociación solo tiene propósitos defensivos (frente a la extranjerización de la economía) y ambiciones extra-regionales acotadas (abrir algunos mercados a la exportación agrícola o industrial básica).

Por el contrario, las clases dominantes europeas apuestan a recuperar sus viejas glorias imperiales frente Estados Unidos y Japón. Por eso implementan una ofensiva neoliberal tendiente a remover las conquistas sociales de posguerra. Buscan crear condiciones de competitividad capitalistas equiparables a las vigentes en otras economías desarrolladas. (8) Los propósitos del MERCOSUR son modestos. La máxima aspiración de las burguesías sudamericanas es alcanzar algún papel significativo en el universo de los competidores periféricos.

Pero el logro de esta meta a través de la integración parece improbable. No hay que olvidar que todos los intentos previos -desde la ALALC hasta la ALADI y el Pacto Andino- fracasaron. Estos ensayos no pudieron evitar la sistemática violación de los acuerdos comerciales que generó la ausencia de una autoridad estatal, capaz de sostener el convenio frente al comportamiento disgregador de las burguesías locales. Ninguna clase dominante nacional pudo contrarrestar esta disolución, actuando como centro hegemónico regional.

El MERCOSUR no ha remontado estos obstáculos históricos. Es cierto que a diferencia del pasado, existe en la actualidad cierta intención de gestar una autoridad supranacional y todavía es visible la intención de Brasil de jugar un rol dirigente. Pero estas tendencias apenas despuntan. Los acuerdos intergubernamentales que rigen la asociación no tienen hasta ahora consistencia supranacional y no se vislumbra la conformación del aparato proto-estatal regional que exigiría la integración capitalista.

El MERCOSUR carece de mecanismos ejecutivos. No cuenta con instituciones comparables al Consejo Europeo, ni menos aún con dispositivos para adoptar decisiones rápidas (como el “fast track” norteamericano). Tampoco ha empezado a recorrer el camino constitucional que precede a la formación de una cúpula burocrática supranacional. La existencia de esa capa autónoma es indispensable para contrarrestar las presiones nacionales contrarias al ensamble regional burgués.

Las clases capitalistas de Sudamérica tampoco se han entrelazado como sus pares europeos. En última instancia, la capacidad de decisión de los funcionarios que comandan un proceso de integración regional depende de la solidez económica de las clases dominantes que representan.

Se podría argumentar que la unificación europea ha sido un acontecimiento imprevisto. Pero el MERCOSUR cuenta con pocas posibilidades de repetir esa sorpresa. Los intereses extra-regionales de las clases dominantes de Sudamérica son más fuertes y limitan estructuralmente la integración capitalista. Un análisis del perfil de estos grupos capitalistas permite comprender mejor adónde va el MERCOSUR y por eso estudiamos esos rasgos en el siguiente artículo.

Notas:
1) Por ejemplo: Fernández Huidobro Eleuterio. “Cuándo viene una inversión, ustedes nos cortan las rutas”. Página 12, 16-1-06.
2) Las características negativas del tratado son descriptas por Lorier Eduardo. “¿Por qué nos oponemos al tratado de inversión con Estados Unidos?”. InfoNoticias WebPcu.org, 23-8-05.
3) Rappaport Mario. “Estados Unidos juega a debilitarlo”. Página 12, 22-1-06.
4) Sigal Eduardo. “El ALCA no le conviene a Uruguay”, Página 12, 22-1-06.
5) Rodriguez José Carlos. “Una ecuación irresuelta: Paraguay-MERCOSUR”. Los rostros del MERCOSUR, Clacso 2001.
6) Costa Lima Marcos. “A dinamica espacial do MERCOSUR”. Los rostros del MERCOSUR, Clacso 2001
7) Una descripción de estas tensiones presenta: Jelin Elizabeth. “Los movimientos sociales y los actores culturales en el escenario regional. El caso del MERCOSUR”. Los rostros del MERCOSUR, Clacso 2001
8) Malewski expone los ejes de esta estrategia. Malewski Jan” “Une crise de la construction neoliberale” Inprecor 507-08, juillet-aout 2005, Paris.


* Claudio Katz es economista, investigador del Conicet y profesor de la UBA. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).


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Claudio Katz*

Economista, Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, CONICET (Argentina), Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).

Sitio web personal: www.lahaine.org/katz


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