La superpotencia se parece al Medio Oriente

Mi mejor amigo me recomendó un breve ensayo del periodista Stephan
Richter titulado “Los cinco pecados capitales de la política exterior
de Estados Unidos” que brinda algunas pistas para el mejor
entendimiento de los actuales dilemas y vicisitudes de la diplomacia
estadounidense. Richter es editor y redactor jefe de la revista
digital The Globalist y columnista de diarios en varios países.
“Nunca es una buena señal que la principal potencia mundial actúe como
aprendiz de brujo. Pero ello es más inquietante aún si esa potencia -
Estados Unidos – lleva ya casi tres cuartos de siglo en el desempeño
de tal liderazgo mundial.

El primer pecado en la política exterior estadounidense es lo que
Richter califica como trastorno de hiperactividad por deficiencia en
la atención (ADHD, por sus siglas en inglés) que, con relación a la
actualidad en Irak y en el Medio Oriente, se manifiesta en que los
estadounidenses, que siempre se han imaginado émulos de Hércules
sosteniendo al mundo entero con una sola mano, en la actualidad se
muestran incapaces de manejar todas las fuerzas elementales que ha
despertado.
Peor aún, la política exterior de Washington se muestra sin aliento,
jadeante, capaz de interpretar -cual interminable serie de obsesiones-
apenas el tema más reciente en la agenda del día. Factores que
permanecían inéditos un par de semanas atrás, repentinamente reclaman
la primera plana de los diarios.

La trágica situación de los Yazidis, es apenas el ejemplo más
reciente en una larga cadena de eventos.
Es pecado mortal de la política exterior de Estados Unidos su carácter
impulsivo y su orientación específica hacia determinados eventos, lo
que convierte a esa nación en una con la que ninguna otra puede
asociarse en un curso racional aplicando una política creíble siquiera
para sus propios aliados.

En Estados Unidos, los medios, especialmente la televisión, actúan
como multiplicadores de la fuerza desastrosa que desata su política
exterior. Toman un tema o un ángulo con el que deslumbran a las masas
atemorizadas para llevarlas a un juego para el que se consideran
doblemente legitimados: la caza de los “ratings” y el supuesto
esfuerzo por dar a los televidentes "lo que éstos quieren".
El segundo pecado se refiere al error de pensar que el dinero siempre
presagia buenos resultados.

El Presidente Barack Obama confesó recientemente que -incluso como
comandante en jefe - fue sorprendido por la rapidez con que el grupo
Estado Islámico tomó Irak. Más no es por falta de recursos que tal
fenómeno tuvo lugar; el aparato de inteligencia de Estados Unidos, en
términos de presupuesto, es, por amplio margen, el más caro que haya
conocido la Humanidad. Pero, evidentemente, no es el más eficaz ni el
más perspicaz.

De hecho, habría que preguntarse si su alto costo no obedece al
propósito de enriquecer a las vastas legiones de consultores y
prestatarios de servicios a la burocracia militar y a la que tributa a
la “seguridad de la patria” gubernamental.
Richter identifica el tercer pecado mortal de la política exterior
estadounidense en su irónica tendencia a poner en práctica los pecados
de que ha acusado antes a sus adversarios.

La ruta que transita hoy EEUU en el Medio Oriente con su modelo de las
“primaveras árabes” para la recolonización de la región, pretende ser
copia del proceso independentista contra el colonialismo de mediados
del siglo XX que se extendió en la región con arreglo a la conocida
teoría del dominó y que la propaganda de EEUU llamaba “fantasma
comunista” para justificar la necesidad de intervención de Estados
Unidos alrededor del mundo durante la guerra fría.

El autor sostiene que el cuarto pecado capital de la política exterior
norteamericana es su incapacidad de distinguir la diferencia entre los
términos “estratégicos” y “tácticos” que fundamenta con ejemplos.
Y el quinto pecado consiste en que la política exterior de Washington
es “un juego de suma negativa”. En vez de idear una política sólida o
una forma cualquiera de consenso para guiar su acción, todo se traduce
siempre en un pleito en el que se formulan cargos y acusaciones sin
aporte de pruebas.

“Para algunos, especialmente los republicanos, importa más culpar a
Barack Obama que controlar el Oriente Medio. En esa labor de tierra
arrasada reproducen los males de Estados Unidos en las realidades del
Oriente Medio. Y es en ese sentido que, bajo Obama, la política
exterior de la superpotencia única en el mundo se ha vuelto más
parecida al Medio Oriente.

“Tal vez sea ese sentimiento de extrema división en casa lo que atrajo
al aprendiz de brujo a involucrarse tan profundamente en aquella
región”, deduce Stephan Richter.


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Manuel Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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