Colombia: Lágrimas de cocodrilo

La ausencia de Partes Militares oficiales y creíbles por parte del Ministerio de la Defensa y la Comandancia de las Fuerzas Militares de la República de Colombia sobre el desarrollo de la contienda armada entre el Estado y las fuerzas insurgentes y la omisión investigativa e informativa de la canalla mediática colombiana, hacen pensar que durante el período de Noviembre 2012 a julio 2013, durante el cual se han desarrollado las negociaciones de Paz entre las dos Partes Beligerantes del conflicto armado interno que desangra ese hermano pueblo bolivariano, son poco importantes los enfrentamientos armados y su secuela de muertos, heridos y capturados que se vienen produciendo en los campos de batalla y cuya responsabilidad política es del gobierno colombiano al imponer la continuación de la guerra en medio de la negociación de paz, contrariando loa propuesta de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo FARC-EP de firmar una tregua, con cese unilateral de fuego y observación internacional que, favoreciendo la generación de un clima favorable a las negociaciones, impidiera que cualquiera de las Partes sacara ventaja de la cesación de combates.

Aunque se ha pretendido justificar la no concertación de la tregua por el fracaso de las negociaciones de San Rafael del Caguan, (2001), es evidente que la decisión del Presidente Juan Manuel Santos y su Comandante de las Fuerzas Militares y de Policía, estuvo asociado al cálculo de que la superioridad de medios de guerra – reforzada por la incorporación de medios aéreos y satelitales – le darían una mayor ventaja de combate a sus tropas y que ello favorecería presionar al Comandante General de las FARC-EP, Timochenko, y a sus negociadores en la Habana, para alcanzar un Acuerdo de Paz claramente favorable a sus intereses políticos y electorales y a los beneficios de los grupos minero-petroleros nacionales y transnacionales que esperan recolonizar el amplio y rico territorio colombiano en su exclusivo beneficio; pretensión que está visto no se ha alcanzado porque, aunque ha bajado la intensidad en el número y la intensidad de los combates y, con ellos, las bajas de ambos lados, estadísticamente hablando, las Fuerzas Militares están perdiendo la guerra en esa materia, porque la relación entre el número de sus tropas muertos y heridos en combate relación con el pie de fuerza disponible, es claramente favorable a las fuerzas insurgentes, cuyas bajas mas relevantes han sido las de mandos medios y altos (El Comandante Cano, el Negro Acacio de Bloque Oriental, El Paisa, de la Columna Móvil “AlvaroForero”, entere otros), dado que las fuerzas elites de las FFMM, con el apoyo de inteligencia humana y técnica de sus asesores usamericanos, están concentradas, fundamentalmente, en la eliminación de la dirigencia fariana, con el fin de para desmoralizar sus tropas, promover la deserción y la traición en sus filas y con ello, imponer sus condiciones políticas en la Mesa de Negociaciones.

Por eso, cuando se producen combates entre un número importante de fuerzas del gobierno y las FARC-EP con saldos como elevados de victimas para Las fuerzas gubernamentales, como en el caso reciente en el Norte de Santander, donde perdieron la vida 21 integrantes de la fuerza pública, la dirigencia política y militar del gobierno pretende derramar “Lágrimas de Cocodrilo” por la muerte de estos soldados de Colombia y acusar a las FARC-EP , cuando es evidente que tales muertes se siguen produciendo porque el gobierno rechazo la tregua general y permanente para el proceso de Paz e, incluso, a pesar de la tregua navideña, decretada unilaterlamente por las FARC-EP durante tres meses (diciembre 2012-marzo 2013), fue respondida por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, con la orden de ARRECIAR, las operaciones militares en todo el territorio nacional y la eliminación de los mandos de las FARC-EP.

Todos los gobernantes de Colombia, desde Lleras Resprepo hasta Juan Manuel Santos se han equivocado al despreciar a su enconado enemigo, subestimando sus fuerzas militares y políticas y la base social que le ha acompañado durante los 49 años de lucha armada y hoy aún, persisten en su error de negociar con “cartas marcadas”, ofreciendo Paz pero pretendiendo imponer una Rendición que, en el supuesto absolutamente negado que se diera, envolvería Colombia en una nuevo y más sangriento ciclo de guerra política y social – como el sucedido con la Paz Chicha”, de Rojas Pinilla”, porque en cada fariano hay un combatiente consciente que respeta su mando pero solo aceptará una Paz con Dignidad y Justicia y con cambios políticos, sociales y económicos para el pueblo colombiano.


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Yoel Pérez Marcano


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