Del reino de Jumanji a la OEA

Desde la laptop de Raúl Reyes para acá las autoridades colombianas nos tienen acostumbrados a guiones inspirados en el realismo mágico de Gabriel García Márquez, sólo que las últimas producciones pueden tener consecuencias menos alucinantes. La “diplomacia” colombiana se parece a la película Jumanji, un juego en un tablero lleno de misterios, en el que se entra a un lugar lleno de peligros, una selva llena de trampas y recovecos. El protagonista entra en el juego pero queda atrapado y para sobrevivir tiene que moverse rápido y duro pues la selva del reino de Jumanji no perdona.

Cual movimientos en el tablero de Jumanji, Uribe ha jugado duro contra Chávez. La más notoria puñalada trapera que recibió el oriundo de Sabaneta, pueblo que se parece poco al reino de Jumanji, fue en la época de la liberación de las nunca bien ponderadas “cándida” Ingrid y su amiga “desalmada”. Baste recordar el saboteo descarado y psicótico desplegado por Uribe en los momentos de llevarse a cabo aquella primera liberación de aquellos primeros secuestrados. Desde entonces para acá Uribe no ha parado. Es una especie de ratoncillo escurridizo y astuto, y también torpe, pero que tiene a su disposición un batallón de personas escribiendo guiones sobre cómo mentir y cómo manipular. Para ello cuenta con Estados Unidos, reyes de la industria cinematográfica, y usa cualquier tipo de armas, la ética no es algo que le importe. Total, dirá él, si en la ONU se hacen los idiotas ante los abusos de Israel, ¿por qué ha de importarle que una sesión permanente de la OEA se convierta en un video juego? Porque eso fue lo que hizo el tal Hoyos, sacar sus controles y jugar, un hombrecillo de voz chillona, muy desagradable, con capacidad de decir más barbaridades por minuto que el mismísimo Jota Jota Rendón.

Y es que son tan palurdos que lo único que les falta es insertar la imagen de Chávez en cualquier cinta de esas, sentado debajo de un árbol de seis metros con un anuncio de los que les gusta a los alcaldes de Baruta, El Hatillo o Chacao, colgado en una rama que diga: usted está entrando al municipio Páez del estado Zulia. Y más allá se podrá ver al Canciller venezolano entrenando con el Mono Jojoy, Uzi en mano, y con un pasamontañas de los que usa el Subcomandante. Todo esto narrado por Porfirio Torres. Es nuestro insólito hermano país.

Honestamente si la OEA, la ONU, la Corte Interamericana de los Derechos Humanos o cualquier tribuna de estas que sirven o han servido para apuntalar o justificar cualquier desmán que hagan los gringos en el mundo, toma en serio a estos payasos, lo mejor será quedarse con el reino de Jumanji. Al menos allí, si la gente se muere, es de mentira.


mechacin@gmail.com


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Mercedes Chacín


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