Una vez más: ¡Derrotados!

Como está debidamente registrado, la derecha y la oposición venezolana han sido derrotadas, por las fuerzas chavistas, en 18 elecciones de las 19 que se han realizado, en el país, entre diciembre de 1998 y diciembre de 2013; es decir, en apenas 15 años han acumulado docena y media de derrotas electorales.

 Estamos ante todo un récord mundial, digno de ser incorporado al mentado Libro de Guinness, pero para que fuese completo, a ese, ya de por sí, imbatible récord derrotista, habría que agregarle, también,  las derrotas políticas que le han sido propinadas, a esa misma derecha, las tantas veces que se ha aventurado a pretender derrocar al gobierno bolivariano apelando a la vía de la violencia y la insurrección, últimamente, con el “drenaje de arrechera” de abril 2013, el llamado a plebiscito de diciembre pasado y ahora, el golpe “suave y continuado” de febrero 2014, aliñado con guerra económica y la consuetudinaria guerra mediática, con su inefable carga disociadora o infofrénica de la psiquis colectiva.

                                              Embestida y desenfoque fascista

En esta oportunidad, como ya ha sido abundantemente documentado, la derecha  y, por supuesto, el imperialismo, ha entrado en una manifiesta desesperación al sentir que sus cálculos de reconquista inmediata del poder, a raíz de la desaparición física del Comandante Chávez, se evaporaban cual fantasía, ante la afirmación en el gobierno y en el control político del país de las fuerzas chavistas.

 Sí el triunfo de Nicolás Maduro, el 14 de abril de 2013, por poco margen, los envalentonó, de allí el ensayo insurreccional de los días 15 y 16, subsiguientes, la sustancial diferencia de votos, en las elecciones municipales de diciembre pasado, a las que pretendieron darle un carácter plebiscitario, sencillamente, los desenfocó.

Por ello el sector ultra radical, de claro sello fascista, dirigido por Leopoldo López, con su grupo  Voluntad Popular, y María C. Machado, con su equipo de técnicos políticos y de intelectuales orgánicos, teniendo como punta de lanza a estudiantes, fundamentalmente, de las universidades privadas y a sectores de las capas medias disociadas, se encubren en la marcha del 12 de febrero, como plataforma para la embestida insurreccional que venían preparando con bastante antelación.

A partir de ese día desencadenan una marcada violencia, destinada, ¡fascista al fin!, a sembrar miedo en la población y a intentar caotizar a la sociedad. Empeño que ya lleva tres semanas y, si bien, han generado un lamentable saldo de 17 compatriotas fallecidos, más de 200 heridos y cuantiosos daños a la propiedad pública y privada, no han podido impactar, como es su propósito, al grueso de la sociedad, que rechaza los desmanes de los desquiciados revoltosos.

Localizada socialmente, la actuación de los insurrectos luce concentrada en sectores residenciales de capas medias y pudientes económicamente, en los que ya se observa rechazo ciudadano al cierre de calles, quema de basura en la vía pública, instalación de barricadas, por todo lo que ello implica en la alteración de su vida cotidiana; llegando al extremo de atravesar alambres en las vías con el nefasto resultado de ciudadanos motorizados degollados por tan criminal acción.

Ha sido una abierta apuesta insurreccional, impregnada de mucha violencia y manipulación mediática, con el ardid de una protesta pacífica bajo el supuesto de cuestionar distintos problemas que confronta la población, pero en la que aflora, en todo momento, el propósito subversivo expresado en consignas, tales como, “este gobierno va a caer”, “Maduro vete ya”, ”abajo la dictadura”.

No han podido hacerla trascender al  territorio nacional, sigue situada, básicamente, en sectores de clase media de ciudades de los estados Táchira (que le sirve de epicentro), Mérida, Lara, Zulia, Carabobo y el eje metropolitano mirandino del Este de Caracas; el resto del país se mantiene tranquilo, con angustia sí, pero llevando su vida con normalidad, aprovechando las fechas carnestolendas para recrearse en playas, montañas, sabanas y plazas públicas.

 A pesar del refuerzo mediático con el que cuentan tanto a nivel nacional como internacional, intentando proyectar el efecto de que el gobierno bolivariano ha desatado una represión desmedida con el uso desproporcionado de la fuerza, incluso, haciendo acopio del plantel de artistas y personajes del espectáculo  del que disponen a nivel internacional, para mover la fibra emocional de nuestro pueblo y de la opinión pública mundial, no han podido, con todo ello, construir una imagen  distorsionada de la situación del país que pudiese dar pie a algún tipo de  intervención extranjera, incluso de índole militar, como ya ha sido adelantado por connotados personeros estadounidenses.

                                        El gobierno cada vez suma apoyo

Mientras, el gobierno bolivariano, con paciencia y sabiduría chavista, recibe el apoyo de importantes sectores de la sociedad (trabajadores, campesinos, indígenas, estudiantes, motorizados, adultos mayores, mujeres, etc.,), y de la mayoría de los gobiernos y pueblos del Continente y del mundo; hace gala de la sólida alianza cívico-militar labrada por Chávez y desarrolla una envolvente alianza nacional, a través de la iniciativa de la Conferencia Nacional de Paz con la participación de los más amplios sectores de la vida del país: empresariales, religiosos, comunicacionales, militares, laborales, académicos, estudiantiles, etc., abriendo espacio para el relanzamiento de la propuesta de país soberana, incluyente y en paz.

 Los violentos y fascistas, los oportunistas de la MUD, el desenfocado Flaco Capriles, cada día quedan más aislados y López y allegados más cercanos serán enjuiciados para que respondan por su insoslayable irresponsabilidad. De todas formas, han sido derrotados, una vez más, pero no vencidos, continuarán jodiendo, como expresión de la ineludible lucha de clases que está planteada en nuestro país.

 

*miguelugas@gmail.com



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Miguel Ugas

Miembro de la coordinación nacional del MoMAC

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