Betty, la fea: del patito feo a la gallina de los huevos de oro

Voz chillona, alambres saltones en los dientes, gruesos lentes de pasta y un comportamiento torpe son parte de los “encantos” de Beatriz Aurora Pinzón Solano, mejor conocida mediáticamente como Betty, la fea.1 Sorprende que pese a estas “dotes” tan distantes del patrón de belleza light dominante, esta Betty conquiste el primer lugar de sintonía no sólo en Colombia y América Latina, sino en buena parte del planeta, incluyendo a Estados Unidos, la meca del cine y la TV.

Como lo usual es que Hollywood nos sature televisivamente, cabe preguntar: ¿por qué un producto facturado por y para el mercado colombiano, desplaza en el horario estelar en EEUU a series que certificadamente lideran el rating como Notes from the Underbelly, Big Day y Grey's Anatomy? ¿Qué encantos posee tan curiosa criatura —y el relato que protagoniza— para seducir audiencias tan distintas como las latinoamericanas, las norteamericanas, las europeas y hasta algunas asiáticas como la japonesa? Para las transnacionales que explotan un mercado global de espectadores de telenovelas estimado en más de 2 mil millones de personas—casi un tercio de la población mundial— disponer de un “producto” y un “formato flexible” con tal capacidad de aceptación y ventas globales es una gallina de huevos de oro.

Betty la fea, en su versión original colombiana, narra la historia de Betty Pinzón, una ingenua muchacha de origen humilde, pero con gran preparación académica en negocios y finanzas. Ingresa en calidad de secretaria ejecutiva de presidencia a una acreditada empresa de modas (Ecomoda). A pesar de su aspecto físico, modales y gustos poco refinados y vestimenta que desentona con los patrones frívolos de una casa de modas, Betty usa sus conocimientos profesionales, simpatías proletarias y hasta flexibilidades éticas para convertirse en la mano derecha de la presidencia de la corporación. Y, más tarde, en principal asesora financiera y hasta en prometida de don Armando Mendoza, el tan inepto como fanfarrón administrador-heredero interino de la presidencia de Ecomoda.

Pero, ¿qué hay de viejo y de nuevo en este singular melodrama? Como en toda telenovela el ambiente corporativo de Ecomoda rebosa de cuchicheos, chismes, confabulaciones, siempre en busca de poder. Abundan las infidencias sobre los defectos, virtudes, sueños, complejos y miserias de los personajes. También resalta un esquematismo maniqueo (bueno/malo, feo/bonito, blanco/negro, etc.) que fuerza los límites de credibilidad de la trama.

Siguiendo el patrón clásico latinoamericano del género, Betty enfrenta contratiempos, maltratos y fatalidades del destino hasta conseguir, en el típico último capítulo, su aceptación en el ámbito social y corporativo al que ansiaba pertenecer. En el devenir de la trama Betty se transfigura en una modelo fascinante y una soberbia jefa aceptada en los negocios de la moda. Además, alcanza el imposible amor de don Armando. El final feliz incluye el éxito de la empresa, la consabida lección a los envidiosos y, no podía faltar, la boda de Betty con banquete y luna de miel en el exterior, incluidos.

Betty, la fea versus Ugly Betty

Imprimiendo un toque de mayor lujo, pero siguiendo los mismos ejes narrativos de la versión original, la adaptación estadounidense, titulada igual, Ugly Betty, se desarrolla en el ambiente post-moderno de una revista de alta moda (Mode) instalada en la principal metrópolis del primer mundo. A semejanza de su antecesora, Ugly Betty retoma y explota el mito conservador de la Cenicienta. Es decir, la patita fea que mediante su belleza interior, inteligencia y fidelidad absoluta al poder, termina triunfando en la vida, la economía, la sociedad y .… el amor.

Pero a diferencia de la versión original, la protagonista de Ugly Betty interpreta a una latina en la cuidad de Nueva York, capital económica y meca multicultural de Estados Unidos. En este contexto Betty enfrenta el rechazo de la sociedad estadounidense, incluido el de sus compañeras de oficina, tan esculturales como perversas. La Ugly entra en conflicto con el estereotipo característico de la sociedad estadounidense: la mujer WASP: caucásica, anglo-americana, adinerada y protestante. Un modelo que contrasta con la estereotipada mujer latinoamericana, considerada económica, educativa, moral, física y éticamente inferior.

La versión estadounidense muestra a una protagonista no sólo semejante a la Betty colombiana, sino que además, forma parte de una minoría étnica menospreciada, proscrita y hasta deportada por quienes pregonan la globalización. Por ello, Betty (la de Ugly) hace continuos llamados a la tolerancia, la integración y la coexistencia étnicas. Como es de esperar, la Betty hispana/americanizada no sólo supera a la Betty latinoamericana fealdad. También es más joven, más perspicaz, más culta, más versátil y socio-económicamente más emancipada del poder patriarcal. Además, Ugly es más alfabetizada en tecnología y más sensibilizada hacia causas sociales como la defensa de las mujeres, los trabajadores y los derechos de los inmigrantes latinoamericanos radicados en EEUU. Ugly Betty encarna un personaje que a pesar de ser más fea que la Betty latinoamericana, es superior a ella en todo lo demás lo que constituye un mensaje tácito discriminatorio de la mujer latina, pero a la vez recrea en el imaginario las reivindicaciones sociales de ésta.

Fea pero más que rentable: la clave de su éxito.

La teleserie Ugly Betty es valorada por el público hispano radicado en EEUU como “mucho mejor” que la telenovela original colombiana y las otras versiones, según algunos datos aportados en la red por los propios televidentes. La calidad técnica de la producción estadounidense a cargo de la cadena ABC es superior a todas las demás versiones. Pero hay que considerar las brechas de costos de producción de cada contexto. Mientras en Colombia cada capítulo de telenovela oscila en promedio entre 40.000 y 50.000 dólares, la sola transmisión de Ugly Betty en el mercado interno estadounidense facturó 15.600 dólares por minuto de publicidad.2

Sólo tres minutos de venta de publicidad amortiza los costos promedio de producción por capítulo de esta telenovela colombiana. Y la transmisión de cada capítulo de telenovela en EEUU al menos quintuplica esos tres minutos de publicidad. Queda claro por qué resulta muchísimo más rentable para el emporio industrial televisivo estadounidense invertir y exprimir formidables ganancias de aquellas series o novelas que logran convertir en “superproducciones”. Una vez cancelados los costos del remake de la telenovela con los beneficios que reporta el mercado interno estadounidense, la telenovela es exportada y distribuida al resto del mundo. El dominio monopólico de las transnacionales mediáticas estadounidense les permite contar con sólidas redes de distribución planetaria que les garantiza ganancias astronómicas. Pero hay más. Los ingresos que genera una telenovela como Ugly Betty, —producida para un mercado global— no se circunscriben al parador publicitario. Aparte de los países en que ya está siendo expuesta las diversas versiones, Ugly Betty motivó una exitosa adaptación argentina en formato de telenovela dirigido a público infanto-juvenil, titulada Patito feo. La producción se extiende “aguas abajo”.

La telenovela más exitosa de la historia de la televisión ocupa, además, un lugar prominente como soporte mercadotécnico del resto de la programación de los canales de televisión que la transmiten. La página WEB de Ugly Betty que promueve la cadena ABC muestra cómo, sobre la base del “enganche emocional” de micro-relatos escritos y pedazos de capítulos ya transmitidos, Ugly sirve de portaviones mercadotécnico para un vasto conjunto de productos y servicios conexos al mundo de la moda, el hogar, el turismo, la cosmética y cientos de productos asociados con la marca Betty. La página WEB opera como “sala de degustaciones” y plataforma de lanzamiento de todo el resto de la variada parrilla de programación de ABC. Ugly Betty puede ser muy fea pero ¡cómo vende!

¿Qué fibras del imaginario sentimental consumista activa esta fea? ¿La hipótesis de que compensa las frustraciones de la vida cotidiana mediante la adquisición de vestuarios de moda, resultaría muy atrevida? ¿Acaso no planteaba la versión original el lanzamiento de modas para los más gorditos y feos? Citemos algunas cifras en el mundo de la moda: entre el 2001 y el 2006 el gasto en ropa creció en toda la Unión Europea.3 En 2006 el mercado europeo de vestuarios alcanzó la suma de 292.000.000.000 euros, un 6,3% del total de su economía4. Asimismo, durante 2007 Estados Unidos gastó 282.000.000.000 dólares en ropa [más de 200 veces la deuda externa de Haití]. Estas cifras no son extrañas en una sociedad en que el sentido de realización social esta sustentado en aspectos como la moda. Tampoco es de extrañar que el imaginario social se asocie de alguna manera a la fantasía de verse mejor, aún siendo feos.

Betty, la bella

Algo debe de tener Betty para merecer ser sintonizada por públicos tan numerosos y diferentes. Un algo que le permite conectar públicos, convocar apegos y acoplar imaginarios narrativos, vivenciales, éticos y estéticos. Y no sólo del tercer mundo sino también del primero. A semejanza de otras célebres narrativas melodramáticas latinoamericanas, Betty funda un espacio complejo y heterogéneo que entrelaza identidades dinámicas, narraciones, imaginarios y aspiraciones colectivas. Una zona de y para el reconocimiento de vivencias y perplejidades, luchas históricas y demandas de justicia. Todos, territorios simbólicos capturados por el capital en función de su reproducción ampliada y de crear la ficción que permite aliviar las tensiones de la vida real.

A pesar de su uso meramente mercantil y del propósito de sojuzgamiento y alienación de audiencias, la telenovela vivida como evento de y para la re-narración de los sujetos históricos, siempre enuncia mucho más que la conformidad ideológica y la postración a la manipulación. Algo se cuela en la evocación de la imagen de un lugar común pero que el televidente, desde sus diversas situaciones, preña de sentidos que lo identifican con la trama. El espacio psico-afectivo de lo entrañable agrega un plus de relato, de música, de teatralidad social/familiar compartida desde el que se reconocen imágenes de nuestra propia vida individual y colectiva latinoamericana. Una vida que la adversidad tiñe de épica, de tragedia, de comedia y hasta de monotonía significante. Esta experiencia entrañable es lo que visibiliza muchas veces la novela televisiva latinoamericana y lo que explica su conexión emotiva con amplios públicos.

Y es precisamente en esta intermediación entre acumulación-manipulación ideológica y los diversos usos personales, familiares, sociales y políticos que le da la gente, donde se cuela una nueva re-narración comentada de la telenovela por parte de los sujetos populares que contiene incluso una cierta potencia emancipatoria y de re-pensamiento del presente, revisita del pasado y reencantamiento del futuro. La telenovela remite a una práctica narrativa hecha de afectos y recuerdos, emoción y música, sueños y esperanzas, épicas íntimas e historias de familia de sujetos colocados en los márgenes de la exclusión social. Es posible que los sectores populares estén leyendo y decodificando la gesta tragicómica de estas Bettys, desde esta perspectiva de nuevas formas de constitución de las afectividades, las solidaridades y el reconocimiento identitario personal y social en tiempos de cambios avasallantes, que no escapan a la acumulación del capital y la manipulación cultural.

“La suerte de las feas, las bonitas la desean”, reza un adagio popular. Betty dibuja así, también, una imagen para comprender esa otra belleza contenida en una épica perseverantemente marginada mediáticamente de nuestra cotidianidad tercermundista. Sea que sus personajes vivan en el sur de Bogotá, en las afueras de Buenos Aires, o vía Herlem en Nueva York.

delgadoluiss@gmail.com


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Luis Delgado Arria


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