Mi abuela me decía: Mijo, cosa mala es seguir haciéndonos la vista gorda

¿Por qué es preciso respaldar al gremio nacional de periodistas, y escarmentar al señor ese, José Roberto Duque?

El prosista y argüidor de oficio José Roberto Duque acaba de incurrir en la superflua desfachatez de demandar que el gremio de periodistas sea disuelto en el acto.

Todo para crear una supuestamente “nuevas formas de asociación” no tanto de periodismo cuanto de lo que él espuma como una “nueva comunicación”. Vaya usted a saber qué es y cómo se come eso.

Su dogma central es que el periodismo debe ser una tarea para el libre ejercicio de cualquiera, sin otras limitaciones que las que tiene la gimnasia de un pasatiempo, el disfrute de un desliz de recreo o la calistenia de un deporte cualquiera.

Yo que soy serio en mis cosas —y sobre todo amante de llamar pan al pan, y vino al vino—, quiero aprovechar este momento para convocar a todas las buenas y regulares voluntades del país para impedir, al precio que fuere, dichas malsanas, lechuguinas, pizpiretas y, seguramente, malévolas propensiones.

Si los periodistas estudian precisamente eso: periodismo ¿por qué diantres va a venir este señor a quitarles un oficio que, como ya bien se sabe, es materia dellos?

¿Para qué estudiaron (y pagaron matrícula) por cinco o más años en la Católica o la Metropolitana si no es para ejercer libre y libérrimamente, como los juristas, los médicos, los ingenieros o los contadores públicos su digno y meritorio oficio?

He meditado largas horas sobre qué puede ser lo que le esté picando ahora a este señor Duque, que insiste e insiste en seguir fastidiando tanto a todos, precisamente con el mismo tema (y no con otro). Y gracias a Diosito Santo creo haber intuido sus móviles ocultos:

HIPÓTESIS # 1:

A este señor Duque lo que le pasa es que tiene una cochina y venenosa envidia de quienes estudiaron lo que él no. Y, sobre todo, “una gran falta de desvergüenza” como repetía una y otra, y otra vez, el dramaturgo azteca por algunos conocido como Cantinflas. Eso y no otra cosa pareciera que le está poniendo “los nervios nerviosos” a Duque.

HIPÓTESIS # 2:

A este señor no le gusta su trabajo y, como es de suponer, está queriendo probar suertes en otras lides profesionales. Y, claro, qué es lo que primero se le vino a las imaginaciones: El periodismo. Seguramente se dijo a sí mismo: “Si estos señores pueden escribir, y pasearse muy orondos por pasillos de periódicos, semanarios y revistas ¿por qué yo no? Mi mamá me dijo que todos somos iguales, independientemente del color, raza, credo o condición social. Nunca me timó. Precisamente por eso yo no me disminuyo ante nadie. Ni a doctor ni, mucho menos, a licenciado. Varón es varón, me decía. Y entonces me digo, si ellos (o ellas) pueden, por qué yo no? ¿Cuál es la desigualdà? Yo no como tamaño. Ni título. ¿Qué se habrán creído los petimetres estos? ¿Qué uno no tuvo una buena educación de hogar?

HIPÓTESIS # 3:

Duque lo que quiere es que le den un estímulo, una mesada, un pinchazo para impulsarlo a escribir. Necesita por ello imaginarse postulado como mejor articulista o cronista o comentarista del año. Y ser postulado por un nuevo órgano público: el Ministerio para el Poder Popular para la inteligencia, la novela y la bucólica juvenil. Duque precisa el galardón. Sueña con las cámaras iluminando su despejado rostro. Si no, no escribe. Y se queda en casa refunfuñando y melancólico hasta que la academia de la lengua venga a rogarle que porfavorcito retome la pluma. Que reaparezca en el oficio. Y se deje de no escribir. Que no importa que mientras otros sí se quemaron las pestañas estudiando y estudiando y estudiando para ser alguien en la vida, él estuviera jugando caballos. O jugueteando truco. O coleccionando posters de chiquillas desvalijadas de talleres mecánicos del 23 de enero.

Definitivamente para que Venezuela avance y tome la senda del progreso, el avance y la prosperidad, hay que poner las cosas en orden.

Zapatero a tus zapatos.

Herrero a sus yunques.

Y, naturalmente, periodista a sus periódicos.

Así ha sido. Así sigue siendo. Y así debe seguir.

Una sola cosa queda pendiente: Abrir un nuevo paquete de carreras que todavía hacen falta para prevenir la anarquía, el desorden y el desgobierno nacional en cuestiones de ejercicio espontáneo de cuestiones para las que no se ha estudiado ni en colegios universitarios ni en la universidad.

PROPOSICIÓN Y MI TÍA ETELVINA

En un lance por ser mínimamente coherentes propongo al país nacional que el Consejo Nacional de Universidades (CNU) apruebe (y abra de inmediato) las careras universitarias (pueden ser licenciaturas o carreras a nivel de técnico superior) de poeta y dramaturgo, cuentista y secretaria privada, motorizado y ensayista, intelectual y conductor de carrito por puesto, humorista y/o trabajado@ para intimidades.

Ahora lo veo claro. Razón tenía mi tía Etelvina cuando, allá por los años setenta, y con casi noventa años de experiencia, me musitaba:

“Mijo, cosa mala es seguir haciéndonos la vista gorda. Sobre todo mientras los mequetrefes, improvisados y toderos se siempre, se empecinan en hacer de nuestro hermoso país un zapato”.

Y entonaba, feliz, estoicamente esta frase:

“Limpieza, orden y progreso; progreso, orden y limpieza… estos son los valores que forjan una patria”.


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Luis Delgado Arria


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