El mito que fue, y es, Efraín Valenzuela

Conocí a Efraín Valenzuela a fines de la década perdida del 80, específicamente en 1986.

Eran tiempos de persecución y repliegue de la izquierda en Venezuela, América Latina y el mundo.

Tiempos de emboscadas y de celadas a todo lo que ventease a patria, independencia y revolución.

Tiempos en que Valenzuela venía de unas peligrosas pasantías con la bandita de Valera Mora, Ludovico Silva y Alí Primera. Unos y otros remando por recuperar las praxis de Bolívar, de Simón Rodríguez, Marx y el Che.

Corrían tiempos de un tal Lusinchi y su espiritual inseparable José “Angelito” Ciliberto.

Ambas almas afamadas por su exótico hobby de salir a perseguir, vapulear y evaporar cada semana cuadros “revoltosos” por campos, universidades y liceos.

En ese contexto, Valenzuela fue acaso el único artista/ intelectual/ humorista que recuerdo que osó hacer humor explícito y tajante respecto de aquella corte capitaneada por una Secretaria Privada quien —muy públicamente— se engalanaba de Generala en Jefe... y procedía como tal.

Efraín ingenió el artilugio de Día Internacional de la Prostituta para hacer una enjundiosa genealogía desde la Meretriz de Babilonia, pasando por la cetrina Cleopatra hasta la susodicha mecanógrafa.

Venía ya Efraín de combatir la “democracia” —sin pisca de democracia de la IV— desde sus tempranos tiempos de liceísta y de estudiante “nuevo” de medicina en la UCV.

Pero lo que quiero destacar es que cuando conozco a Valenzuela en 1986, Efraín era ya un mito urbano: millares de personas lo paraban por la calles de Caricuao, el 23 de enero o Catia para pedirle campechanamente un cigarrito, convidarle un trago o requerirle que intercediese en algo en patrocinio de la comunidad.

Muchos recordaban y celebraban en plena calle sus conferencias de barrio en torno a Marx, Lenin, Trotsky y el Che... en tiempos en que evocar a Bolívar era tenido como un tic peligroso.

Otros resaltaban que desde sus tempranos 11 años, Valenzuela descolló como el fundador de los grupos de base en defensa de la guataca de barrio y de su soberanía cultural.

No pocos perdigonazos ganó por ello y exhibió en el barrio y la UCV como galardones a la resistencia.

En la calle no pocos lo llaman el “Chino” Valera Mora de la Revolución Bolivariana, a causa de sus imborrables y épicos poemas conversacionales. Otros lo llaman el Aquiles Nazoa de Caricuao a causa de su pulquérrimo humor.

Y unos jóvenes lo bautizaron recientemente el Hemingway venezolano en honor a su bien ganada fama como Sub Comandante de la Poetada y Maestro otras vanguardias, madrugonazos y vesanía. Miles citan de memoria algunos tan militantes como tiernos versos de Efraín. Versos abarrotados de ternura, guataca y arrabal.

En tiempos recientes, cuando el Comandante Chávez sermoneaba a sus ministros en el sentido de que para salvar la revolución la contraseña debía ser “Comuna o nada”, Valenzuela ya tenía 40 años construyendo comunas poéticas, comunas conversacionales, comunas político/ ideológicas y comunas culturales.

No he conocido ni creo que conozca a un intelectual tan trabajador, amoroso, brillante y sobre todo, fiel a la cosmogonía y el arraigo de barrio como Efraín.

Nació y pasó parte de su infancia en el 23 de enero. Creció, se formó y ha vivido toda su vida en el bloque 3 de Caricuao. Y militó desde siempre en favor de las luchas de en Catia.

Me consta que millares de poetas, narradores, novelistas y sobre todo, artesanos y cultores populares lo tienen como su más distinguido defensor y amigo.

Hasta donde conozco, y algo conozco, ningún artista en Venezuela o el mundo honró y sigue honrando la praxis y la memoria del Comandante Hugo Chávez con la brillantez con que lo ha hecho Efraín Valenzuela. Una honra desde la poesía, la ensayística, la militancia cultural y la radiofonía pedagógica.

Efraín es un camarada, un activista ideológico-político, un amigo, un maestro, un comunicador, un pedagogo, un apasionado de todo cuanto hace. Pero, sobre todo es y siempre ha sido un artista revolucionario a carta cabal. Y un hombre incorruptible. Un fiel a las causas de todos los humildes y los hermosos del mundo.

Pero quizá una sutil celada de oficinistas pone a Efraín en la picota de salir neoliberalmente echado de su trabajo, a los 58 años de edad y tras casi 30 años ininterrumpidos de servicio público. La posibilidad de jubilarlo quizá no fue imaginada.

Me consta que en Caricuao hay gentecitas que dicen que están esperando a los próximos candidatos del PSUV para recibirlos con algo más que tristezas.

¿A quién puede convenirle azuzar esta situación —y contradicciones como estas— sobre todo en coyunturas políticas tan complejas como las que encaramos hoy?

No es precisamente buena señal para presentes y futuras luchas colectivas recordar aquel mensaje escrito por Simón Bolívar al General Juan José Flores pocos días antes de morir en Santa Marta:

“... el que sirve una revolución ara en el mar”.

Guardando las distancias, perpetuemos, más bien, a Pablo Neruda cuando dice:

Yo conocí a Bolívar una mañana larga,

en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,

Padre, le dije, ¿eres o no eres o quién eres?

Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:

"Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo".


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Luis Delgado Arria


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