Pseudo periodistas de derecha simulan que citan…

En lo que buscó pasar como un reportaje analítico, dialógico y ecuánime, intitulado pomposamente “Los secretos de Capriles y de Chávez” la supuesta periodista Gabriela Moreno palmariamente distorsiona varias afirmaciones sostenidas por mí en la serie de entregas que realicé en torno al Discurso opositor en Venezuela, publicada en Aporrea.org.  

Lo primero a destacar es que la publicación de estos trabajos de análisis de discurso procuraban radiografiar la política comunicacional de la oposición en su conjunto, y de Capriles en particular.

 Ello a afecto de contribuir con una más lúcida y lucida campaña electoral del chavismo y la del Bolivarianismo en su conjunto.  

El lince por liebre

 Gabriela Moreno intenta edificar una distorsión sistemática de mis argumentos, poniéndome a decir cosas muy distintas ―e incluso opuestas― a lo que dije.  

Lo primero a destacar es que mi análisis del discurso opositor ―que no del discurso chavista/ bolivariano― se centra en denunciar el carácter falsamente comunicacional de la oposición y en particular, de Capriles.

 Sobre este punto vertebral de mi análisis la Sra. Moreno opta por no decir una palabra. 

Denuncio que la estrategia discursiva de la oposición y en particular la de Capriles sigue una línea en extremo semejante a la seguida por Obama durante su meteórica y exitosa campaña presidencial.

 Una estratega que se centró en crear falsas expectativas populistas entre la clase media y empobrecida además de las minorías afroamericana y latina, ambas castigadas por las salvajadas políticas neo-liberales impuestas dentro de EE.UU.  

Sobre este punto vertebral de mi análisis la Sra. Moreno no dice ni pío.

 Pero donde ya resulta grosera la distorsión es cuando se me pone a defender aspectos que precisamente denuncio como operación de manipulación de la oposición y de Capriles. 

En efecto, digo que Capriles busca evitar “transformar el debate en un toma y dame” con Chávez. Y afirmo que Capriles apela a “realidades supuestas o conocidas por el destinatario para garantizar sintonía, coherencia y cohesión interna del discurso”.

 Pero yo no digo sino que aviso y denuncio que la estrategia del candidato Capriles busca redituar la conjetura según al cual Chávez divide y dividirá más aun al país en clases y segmentos de clase sociales; mientras Capriles mágicamente lo uniría. 

Jamás escribo yo que Chávez no es presidente del país nacional, ni mero benefactor de una parcialidad o una minoría. Más bien denuncio que es lo que Capriles quiere posicionar y hacer pasar como verdad político-discursiva.

 Nunca digo que Capriles bromea sobre las iguanas y rabipelados que causan apagones. 

En la vida alabo el hecho de que Capriles tenga una política sistemática de asumir la polémica frente a un Chávez que “promete pero no cumple”, “que traiciona” y “que se opone a abrir las puertas de Venezuela al futuro”.

 Lo que se me achaca es precisamente lo que denuncio en la operación manipulatoria que le han puesto a repetir a Capriles como a un loro sus peritos de imagen. 

En lugar de afirmar, denuncio que Capriles busca facturar una falsa invitación a la conciliación nacional apelando el uso de la franela vino-tinto, expediente que resulta cuando menos, idílico.

 Y mucho menos digo yo sino que más bien denuncio el que Capriles está intentando hacer pasar el color rojo como el símbolo de violencia, subdesarrollo y exclusión. Sabe, con J. Goebbles, que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. 

El color rojo ha emblematizado históricamente la universalización y progresividad de los derechos fundamentales de personas y de pueblos.

 Me tomo la molestia de hacer esta aclaratoria pues producto de este artículo de esta Sra Moreno, camaradas que me conocen y que han leído y compartido en foros públicos parte de mis análisis, reflexiones y advertencias me han comentado recién que les extraña mi cambio drástico de opinión.  

Resultados primeros de esta operación

 A tal extremo ha llegado la suspicacia entre camaradas. 

Desde luego influenciados por una aplanadora hegemónica hija de la semi-dictadura mediática todavía vigente en nuestro país.

 La misma dictadura que reproduce en más de una docena de medios, la morisqueta de análisis de esta supuesta periodista… pero imposibilita meticulosamente difundir análisis formales sobre el tema, como el facturado por el suscrito. 

Un fenómeno que también habla de lo atónitos que nos sentimos tantos al ver que personeros impuestos de altísimas responsabilidades de gobierno y de partido, sobre todo en alcaldías y gobernaciones, de pronto saltan tan tranquilos, como si fuesen a tomar sopa, las talanqueras de la coherencia, la dignidad y la filiación de clase.

 Así estamos…

delgadoluiss@gmail.com



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Luis Delgado Arria


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