Honduras: El golpe en perspectiva jurídico-política (I)

Diario Digital Nuestro País ofrece la primera de cuatro entregas de la Conferencia Magistral del Dr. Walter Antillon Montealegre, dictada con motivo de la inauguración del segundo semestre lectivo en la Sede de Occidente, San Ramón de Alajuela, de la Universidad de Costa Rica.

I. SÍNTESIS HISTÓRICA

Honduras ha sido hasta la fecha el país más pobre de Centroamérica, a pesar de haber gozado por épocas de multimillonarios aportes de fondos en ayuda internacional, especialmente de los Estados Unidos.Esto parece deberse, según los entendidos, a la existencia de una oligarquía explotadora, fuertemente unificada en la defensa de sus intereses (aunque alineada en dos partidos políticos mayoritarios aparentemente antagónicos: Nacional y Liberal), que por virtud de complejísimos procesos sociohistóricos propios de las comunidades mesoamericanas, no tuvo que enfrentarse a un proletariado organizado o/y a una vigorosa clase media. Sobre esa oligarquía hondureña quiero citar las palabras del profesor Francisco Palacios, catedrático en Zaragoza, España:

“...El juego institucional, el juego democrático, los valores constitucionales no les interesan en tanto no sirvan de instrumento a sus intereses. Tampoco les interesa debatir sobre procesos de cambio a pesar de que después de 200 años en el poder sólo han construido sumideros sociales de cochambre, miseria y corrupción. Eso sí, con pequeños reductos de lujo obsceno que para nada les avergüenza. Por no haber sabido no han sabido siquiera ser reales burgueses o gestores porque nada han producido ni ningún Estado han construido. No son nada, sólo primarios oligarcas golfos y golpistas...” (“Nueva Estrategia para el Golpe de Estado”, en El País.cr: 3 de julio de 2009)
Y así, aunque el País tuvo un notable florecimiento económico a partir de 1898, fecha en que se producen las importantes concesiones de tierras a favor de compañías bananeras norteamericanas, eso no trajo una mejora sustancial al pueblo hondureño, sino a la oligarquía simbiótizada; pero si tuvo un poderoso efecto corruptor en todos los niveles institucionales, tanto civiles como militares. A partir de entonces prácticamente todos los gobiernos se supeditaron a las bananeras (sobre todo a la United Fruit Company, que a partir de 1929 quedó en posición monopólica. Y la corrupción y el entreguismo llegaron a tal punto que el gran magnate bananero Samuel Zemurray se dejó decir la frase histórica de que en Honduras salía más caro comprar una mula que sobornar a un diputado.

Entonces no podemos extrañarnos de que entre 1911 y 1925, los golpes de Estado impidieron que siete presidentes lograran completar su período. Y de que de 1933 a 1949 gobernara al servicio de la United Fruit el dictador General Tiburcio Carías Andino, quien se fue del gobierno dejando instalado a su pupilo Juan Manuel Gálvez hasta 1954. Y que de nuevo entre 1956 y 1980 se produjeran otros tres golpes de Estad contra sendos presidentes elegidos democráticamente, de modo que en ese lapso de 24 años, los militares gobernaron de facto 15 años y los civiles 9 años.
Hay que apuntar que en los años setentas del Siglo XX la economía hondureña empieza a depender menos de la exportación agrícola (banano, café y otros) y más de las maquilas, que se instalan masivamente en ese país atraídas por los bajos salarios; y de las remesas de los hondureños que trabajan en Estados Unidos, las cuales, en 2004, alcanzaron el 15.1% del Producto Interno Bruto..

En 1981, cuando Ronald Reagan asume la presidencia de Estados Unidos, Honduras tenía 19 años de vivir bajo régimen militar presidido en la última etapa por el general Policarpo Paz García; y debido a las presiones de Jimmy Carter (1977-1981), la Junta Militar de Policarpo estaba por aprobar una nueva constitución, y por celebrar elecciones presidenciales.
En ese momento, aconsejado por el Pentágono y la Cia, Ronald Reagan decidió tomar a Honduras como base para encender la guerra contra la Nicaragua sandinista, así como ayudar a los gobiernos de El Salvador y Guatemala a combatir la guerrilla.

A fin de cumplir esos propósitos, Reagan dispone que Honduras se convierta en una potencia militar: el centro desde donde dirigir y ejecutar la operación proyectada; y para ello nombra como su embajador al siniestro John Dimitri Negroponte.
Negroponte empieza por acelerar la promulgación de la nueva Constitución y las elecciones presidenciales, a fin de que Policarpo y sus gorilas desaparezcan de la escena, sustituidos por una figura civil a quien hacer figurar como el restaurador de la democracia hondureña; y éste va a ser Roberto Suazo Córdoba, un médico del Partido Liberal que había sido diputado muchos años antes.

En consecuencia:

1) Promulgada la Constitución de 1982, y electo Presidente el Doctor Suazo Córdoba, Honduras está lista para aparecer como un régimen democrático aliado con los Estados Unidos en su lucha contra el comunismo sandinista y guerrillero.

2) Entonces Negroponte coordina con el general Gustavo Alvarez Martínez, nuevo hombre fuerte de Honduras, la preparación del poderoso operativo militar planeado por la CIA; y en primer lugar el reclutamiento, entrenamiento, equipamiento y mantenimiento de la 'Contra' que va a sangrar a la vecina Nicaragua durante los 5 años siguientes.
3) Bajo la supervisión de la CIA y de expertos militares argentinos Negroponte y los generales Alvarez Martínez y López Reyes crean el aciago Batallón 316 de Inteligencia Militar, encargado de apresar, torturar y aniquilar a todo partidario o simpatizante de los movimientos de izquierda en Honduras. Los miembros de ese batallón, entre los que figuraba Billy Joya Améndola (que ahora es ministro de Micheletti) fueron entrenados en la Escuela de las Américas y por la inteligencia militar argentina, autora de mas de 30.000 desapariciones de personas en su país..

4) Entre 1981 y 1986, Negroponte consigue de Reagan una gigantesca ayuda militar para Honduras; la apertura de varias importantes bases en su territorio (incluyendo la de Palmerola); y también fuertes donaciones de la AID y de la banca internacional a favor de los gobiernos de Roberto Suazo Córdoba y José Azcona Hoyo (1986-1990).
5) Aunque se supone que el peligro de la subversión comunista en Centroamérica desapareció con la Paz de Esquipulas; y se extinguió con el colapso de la Unión Soviética y de los otros Estados socialistas europeos, las bases militares usanas quedaron en Honduras hasta la fecha, desempeñando un turbio cuanto ominoso papel tutelar sobre el Gobierno y las Fuerzas Armadas, que se ha hecho sentir palpablemente en los últimos acontecimientos.

La Constitución de 1982 oculta, bajo una vistosa pantalla retórica de derechos humanos, un designio muy claro de debilitar las instituciones civiles en beneficio de las fuerzas armadas, que de esa manera consolidan su posición (de hecho ya ocupada) como un poder por encima de aquellas instituciones; el cual, a su vez, es mantenido bajo el control longa manus del Departamento de Estado y la CIA, por medio del Embajador y las bases militares.
Porque lo cierto es que los aparatos de inteligencia militar de los Estados Unidos encargados desde hace más de un siglo de estimular y facilitar la práctica de una política imperialista para su país, se resisten a abandonar las posesiones y los enclaves militares que logran establecer en distintas regiones del Mundo: como las Islas Filipinas, que tuvieron en su poder cerca de 40 años, o Puerto Rico y Guantánamo, que permanecen aún en su poder. Pues igual con Honduras, en donde establecieron un centro de operaciones al principio de los ochentas que aún conservan, y que costará mucho que suelten, porque les sirve para gravitar ominosamente sobre Centroamérica y El Caribe. Este es un elemento de gran peso para la correcta interpretación de lo que ocurre en nuestra zona, y más aún de lo que ocurre en la propia Honduras, donde las bases norteamericanas son parte de una simbiosis que aumenta extraordinariamente el peso de las fuerzas armadas hondureñas en el equilibrio de poderes del Estado.

Los gobiernos que siguieron entre 1990 y 2006 (Callejas, Reina, Flores Facussé y Maduro) acentuaron la distancia entre una débil economía de subsistencia en el interior del país, para una población con el 80% de pobres, con el 30% de desempleo, y con una tasa de analfabetismo del 40%; y por otro lado una economía muy dinámica hacia el exterior, dominada por empresas extranjeras de agroexportación, banca y finanzas, minería y maquila. En este período Honduras experimentó un notable crecimiento económico, pero sin que el mismo se reflejara significativamente en las clases medias y bajas. No se produjo nunca el anunciado 'goteo' pregonado por los neoliberales.

II. EL GOBIERNO DE ZELAYA

El pensamiento de Zelaya no era de izquierda: él es un terrateniente y fue electo como candidato del Partido Liberal, de tendencia centro-derecha. Pero cuando inició su gobierno en 2006, Zelaya se encontró con el aflictivo cuadro de la pobreza, el analfabetismo, el desempleo y los demás índices que hacen de Honduras el segundo país más pobre de América; con el agravante de que los altos precios del petróleo de aquel momento conducían inexorablemente a una situación aún más difícil para los sectores más empobrecidos.
Ante ese panorama, el Presidente Zelaya adoptó las siguientes medidas de orden económico y financiero:

1. Se unió al ALBA e ingresó al régimen de PETROCARIBE, que le permitió comprar el petróleo con un descuento del 40% de su valor de mercado, y poner los combustibles al alcance de los sectores de menos recursos.
2. Redujo en una tercera parte la tasa de interés de los préstamos para vivienda, con lo que estimuló la construcción, creando empleo y dinamismo en el sector.

3. Aumentó hasta en un 60% el salario mínimo de los trabajadores, lo cual significó una importante transferencia de recursos a costa de los ricos y a favor de los pobres.
4. Anunció la construcción de un aeropuerto comercial en la base militar de Soto Cano (Palmerola), con lo que se proponía acabar con una situación claramente inconstitucional.

Todo lo anterior desató en su contra una agresión mediática de parte de la gran prensa escrita, radial y televisada al servicio de la oligarquía; agresión que fue subiendo de tono hasta el golpe de Estado de junio de este año.

III. LA CUARTA URNA

Por último, a partir de marzo de 2009, Zelaya hizo emitir una serie de decretos ejecutivos para que el Instituto Nacional de Estadística pusiera en marcha una encuesta dirigida a consultar al pueblo su parecer acerca de colocar o no una cuarta urna en los recintos electorales para los comicios de noviembre del año en curso, en los siguientes términos:
“¿Esta de usted de acuerdo que en las elecciones generales de noviembre de 2009 se instale una cuarta urna para decidir sobre la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que emita una nueva Constitución de la República?”.

Esa era la pregunta que el ciudadano tenía que responder 'SÍ' o 'NO'; y de esa respuesta dependerían los más diversos resultados:
1. Si el pueblo decía 'NO', la 'cuarta urna' quedaba desechada; y ya no se produciría la segunda consulta para la convocatoria de una asamblea constituyente.

2. Si el pueblo decía 'SÍ', eso sólo sería un respaldo moral al proyecto de la 4ª urna: no sería un mandato legal para su colocación en el recinto electoral, porque la encuesta no iba a ser jurídicamente vinculante para el Tribunal Supremo Electoral, y éste podía hacer caso omiso de ella.
3. Sin embargo, si el Tribunal Electoral se considerara moralmente obligado por la encuesta popular, y decidiera por su cuenta poner la 4ª urna, todavía quedaba por saber el resultado de la votación. Porque bien podía ocurrir que el pueblo hondureño, en las elecciones de noviembre, votara mayoritariamente para que 'NO' se convocara una asamblea constituyente, en cuyo caso el asunto terminaría allí.

4. Si el resultado de esa votación fuera 'SÍ' a la constituyente, entonces se iniciaría el correspondiente proceso para la elección de los diputados constituyentes, con listas de candidatos, campañas, etc.; luego vendría la votación, cuyos resultados determinarían la composición de la asamblea constituyente.
5. Pero bien pudiera ocurrir que dicha asamblea, mayoritariamente, al redactar la nueva Constitución rechazara cualquier intento de introducir la reelección presidencial.

Pues bien, creo que el itinerario recorrido nos muestra la enorme distancia que hay entre la encuesta para la 4ª urna y las posibilidades de reelección de Zelaya. (Fin primera parte).


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