El funesto mundo creado por los malos

No me canso de repetir, tal como lo hice en artículos anteriores, que el mundo fue concebido y edificado por los malos, es decir por los potentados, por quienes eran y todavía son los dueños de las riquezas. Cuando se aparecieron los humanos, los grupos nómadas recorrían todos los espacios del globo sin ninguna limitación, no existían las fronteras ni los pasaportes, dado que estos son una creación de algunos pocos para delimitar los espacios en su provecho.

En tiempos antiguos no se conocía la propiedad privada, todos los humanos que estaban en el planeta tenían derecho a disfrutar de los placeres que le ofrecía la madre natura, sin más limitaciones que lo que el individuo podía abarcar. Los pastos, las praderas, las montañas, los ríos, los lagos, las playas y los beneficios que de allí se obtenían no tenían que pagarlos a ningún dueño. Cuando los humanos se hacen sedentarios se convierte en agricultor, pastor, recolector y surge la condición gregaria cuyo objetivo era vivir en comunidad en chozas, cuevas y otras construcciones que le permitían compartir y realizar trabajos para beneficios colectivos.

Pasado miles de años aparece el hombre fuerte y sus compinches quienes comienzan a demarcar territorios para aprovecharse del trabajo de otros bajo la amenaza de la violencia. A cambio de esto el fortachón y sus amigos se beneficiaban de lo recogido en el campo, de las pesca y la caza de otros, formando así tribu, clanes y otra forma de agrupación. Ya para esta época comenzaron a asomarse los malos.

Como la Tierra no se detiene en la traslación y la rotación, los años siguen llegando con otras diferentes formas de agrupación hasta que apareció la moneda, las formas de gobiernos y las maneras de distribuir las tierras. Surge así la monarquía, los guerreros, el latifundio y lo que nunca falta, los sacerdotes beneficiarios de cualquier forma de gobierno. Comienzan a organizarse los malos en monarquías o imperios para controlar todo lo que tiene que ver con el comportamiento de los humanos.

Los sustentos de la monarquía fueron los guerreros (el poder terrenal), la iglesia (el poder celestial) y la estructura económica, que era el latifundio. Un latifundio es una explotación agraria de gran extensión que puede ser tanto de propiedad privada como de propiedad pública, aunque lo habitual es que sea de propiedad privada. En la época medieval las grandes extensiones de tierras o latifundios eran propiedad de la iglesia y de los nobles al servicio del rey. Surge así la propiedad privada en manos de unos pocos, quienes, luego de apoderarse de las tierras por vía violenta, despojando a los campesinos de sus heredades, dictó leyes para el usufructo de las mismas. Condenado al campesino, el antiguo dueño, a trabajar como siervos o esclavos. Para el cumplimiento de las leyes estaban los guerreros al servicio de los federalistas y los sacerdotes, quienes utilizaban los púlpitos de la iglesia para amenazar con el infierno o el castigo de Dios a los siervos. Fue notorio que durante el Medioevo el mayor latifundista fue la Iglesia, de allí su apotegma que siempre utilizan los jerarcas de la fe ante el temor de la confiscación de sus patrimonios, la mayoría mal habidos: "la propiedad privada es sagrada".

Como se nota la enseñanza de la monarquía fue la escuela para que los malos aprendieran. Los nobles robaban las tierras utilizando sus guerreros; obligaban a los campesinos, los antiguos dueños de las tierras, a trabajar como siervos, luego elaboraban las leyes para proteger los bienes robados y finalmente, disponían de un ejército para hacer cumplir las leyes. Nada diferente a lo que ocurre actualmente.

Como afirmé anteriormente, el tiempo no se detiene y las pequeñas monarquía fueron creciendo hasta convertirse en poderosos imperios como el Romano, Macedonio, Otomano, Persa, Safávidas, Mongoles, Inca, Maya, Egipcio, Asirio, el Califato de Omeya, bizantino, entre tantos, cuyo único interés era apoderarse de las tierras ajenas, tener esclavos, robar las riquezas y sobre todo, el afán expansionista para gobernar todo lo que se conocía como mundo en aquella época.

Pero como los humanos no han cambiado nada, a pesar de las innumerables muertes que se suceden en las guerras invasoras, entre los guerreros y los que defienden sus heredades, el afán imperialista no se detiene. Después de los enumerados anteriormente en los siglos más recientes, próximos pasado, surgen nuevos imperios como el español, británico, ruso, francés, germánico, y el más reciente el imperio yanqui. Con los mismos objetivos: el afán expansionista, es decir, expandir sus territorios para ejercer influencia en todos los lugares de la tierra; aprovechar los recursos de los territorios conquistados, o sea, robar las riquezas de las regiones dominadas; imponer el control político y económico, así mismo expandir su autoridad más allá de sus fronteras. Así mismo, conformar una unidad política formada por varios territorios, lo que suele llamar un mundo unipolar al servicio del imperio que actuará como organismo o centro dominante contra las periferias sometidas.

Fueron estos imperios, cuyos integrantes son los malos de mi artículo, los dueños del dinero, los magnates, quienes inventan cualquier cosa para enfrentar a los humanos entre si para hacer dinero. Hasta la propia idea de Dios sirvió y sirve de pretexto durante siglos para propulsar guerras fratricidas entre alejadas naciones, cuyos habitantes musulmanes, cristianos o judíos reconocen que la Misericordia de Dios es su mayor atributo. Hoy por hoy es vergonzoso como los sionistas de Israel pretenden justificar el genocidio del pueblo palestino bajo el estúpido argumento que Israel es el pueblo escogido por Yahvé. También los malos han utilizado la defensa de la Libertad como una justificación para cometer crímenes entre sus más abnegados servidores. De igual manera, a los malos nunca le falta una razón para avasallar y cometer los más horrendos asesinatos en nombre de augustos conceptos como justicia social, derechos humanos, autodeterminación de los pueblos, los cuales se conservan intencionalmente dentro de la misma impresión, sin embargo, mantienen al mundo en una ansiedad constante.

Son los malos los que les endilgaron a los países del sur el adjetivo "tercer mundo", "países subdesarrollados" o "países en vía de desarrollo". Término de amplia difusión que designa al conjunto de países caracterizados por una situación económica diferenciada, en cuanto a potencial y resultados, de la de los países industrializados, así como por las condiciones de vida de su población, que en su mayoría presenta carencias importantes para lo que se considera un nivel de vida digno. Lo que no dicen los malos es que estos países no se desarrollaron por un concepto y una práctica habitual de los países del "primer mundo" que les impedía alcanzar un desarrollo industrial. Es indudable, EEUU y los países europeos alcanzaron el progreso bajo una política de avasallamiento, invasión, intimidación, amenazas, crímenes, robo de las riquezas, exportación de productos fabricados con la materia prima sustraída hacia las colonias, mercados cautivo, esclavitud, entre tantas barbaries cometidas contra los colonos, tal como actualmente hace los sionistas de Israel, en su afán expansionista, contra el pueblo palestino. Pareciera que los europeos no recuerdan los excesos sangrientos de muchos siglos de desorden político y barbarie europea. Los llamados países del "primer mundo" o industrializados se solazan y gozan con insolencia la riqueza explotada y robada en los países subyugados.

Los burgueses, los malos, inventaron la democracia representativa para que los hombres de dinero pudieran y lograran controlar a los pobladores. Nada diferente a las viejas monarquías. Tienen el poder, el dinero, redactan leyes para subyugar y poseen un ejército para hacer cumplir las leyes. La democracia se basa en la existencia de poderes independientes: el Ejecutivo, Judicial y Legislativo y otros recientes que se han creado como el Electoral, y el Ciudadano. Sin embargo, los tres primeros son susceptibles a ser influenciados por el poder del dinero, es decir, los malos. Es muy frecuente que los consorcios económicos intervengan, "donando" dinero en las campañas electorales de los candidatos a la presidencia, alcaldes, gobernadores, o congresistas. Tampoco es desconocida la compra de jueces quienes pueden dictar sentencia a favor de quien le sufrague, así sea culpable. De igual modo, también es frecuente que el poder del dinero se presente en el parlamento para la discusión de una ley que favorezca o no a una firma comercial. Como se ve los malos si saben hacer el mal, se valen del capital para que el agua fluya a su favor. Los malos crearon la democracia para que todo marche hacia sus intereses.

Son los malos los responsables de las guerras, no los campesinos, tampoco los obreros, mucho menos las amas de casa, ni los estudiantes. Son los culpables de la contaminación ambiental, por ser los dueños de las industrias; de la inestabilidad política porque financia golpes de estado; de la fabricación de armas letales; de la elaboración y venta de productos nocivos para la salud y de numerosos males vinculados con la destrucción del planeta. Este es el mundo forjado por los malos.

La democracia representativa es una forma de gobierno inventada por los burgueses para proteger sus intereses y dista mucho de ser perfecta, por una sencilla razón: los hombres son animales imperfectos y no tienden a la perfección. Quizás dentro de los próximos siglos los malos inventarán otra forma de gobierno para proteger sus bienes. Posiblemente por esta razón el poeta alemán Friedrich Shiller expresó: "La democracia es la dictadura de los imbéciles". Lee que algo queda.



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Enoc Sánchez


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