Dosis de rebeldía



Las grandes corporaciones de medios, ávidas por controlar a la audiencia a través de la alienación, el miedo o el morbo, algo reprobable desde el punto de vista ético, sobre todo en tiempo de pandemia, para quienes nos nutrimos de otro tipo de valores, es el punto de partida de una carrera bajo control de multinacionales, con un objetivo muy concreto y claro: llegar hasta donde sea necesario, para mantener anestesiada a la platea de espectadores ávidos y gentiles, por estos carceleros, que desde los medios de manipulación, controlan de manera vil la sobrevida de incautos e ingenuos voyeurs de la vida.

Quienes piensan que todo ha comenzado hace unos años se equivocan, desde tiempo de la dictadura, pasando por la llegada de la democracia, que no tengo idea quién ha sabido ganar, con los mercenarios “caballos de Troya” instalados hace tiempo, emitiendo sus claros mensajes marketineros de libertad bajo sospecha.

Me refiero a todos los ámbitos del quehacer de una comunidad, como la argentina, tan proclive a consumir tendencias llegadas del norte, devenidas en rutinas de sus vidas vacías… Vendían Rock and Roll, los Don Nadie pintados de progresistas, hoy neoliberales al “mango”, y un par de generaciones compraron el “verso” que ser rebeldes, vestirse de cuero y decir “fuckyou” los convertían en héroes de la liberación.

Pobres ingenuos, hoy pelados, gordos, sin un mango, laburando de sol a sol, siguen gritando, ya sin voz y con sus ídolos de cartón, casi todos muertos: “aguante el Carpo”, “vamos Indio” y así hasta terminar con toda la fauna de deprimentes conductores mononeuronales, que viven como burgueses pudibundos, en casas de la Zona Norte de Buenos Aires, mandan a sus hijos a colegios privados muy “british” y manejan autos de alta gama… veranean en Punta del Este, algunos, los lavadores de nuevo cuño viven en el paraíso fiscal que es Uruguay Natural, a pesar de las pasteras contaminantes y el gobierno neoliberal del surfista Lacalle… Los otros, conocidos/as van a Miami, el bunker kitsch argentino por excelencia, donde hoy vacunan a la manada farandulera tilinga, contra el Covid.

No me agrada convertirme en un profeta del desencanto, pero no puedo dejar de manifestar lo que conozco y sé, lo que me ha costado, por no negociar y denunciar, ser censurado y amenazado, hasta hoy.

No soy un portavoz de aquellos que no tienen derecho a réplica, ni un adalid de las clases populares, aquellas que aún en buen número, tienen cojones, hartas de ser continuamente excluidas, humilladas y explotadas, pero mis palabras pueden ser replicadas, actuar como el eco de miles de personas que replican la nueva consigna del inconformismo: no soportamos más tanta estafa, tanta mentira, tanto fraude, no nos representa nadie con cojones para llevar a cabo el tan ansiado giro de 180° al estado de las cosas... es el momento, esta pandemia ha dejado al desnudo a los genocidas, a los cobardes, traidores, son blanco móvil... pueblos de Latinoamérica, como Colombia han dicho basta a la esclavitud de gobiernos dictatoriales... mientras tanto ex-presidentes de países de Latinoamérica, serviles a Washington, se reúnen en foros, donde se autodefinen como guardianes de la democracia, cuando ellos mismos la han devastado, tal el caso de un tal Almagro, ex-canciller del Frente Amplio, secretario de OEA, quien impulsó el golpe de estado en Bolivia contra Evo Morales, en 2019.

La pandemia presencial instalada a cielo abierto, festejada por militantes golpistas de casta conservadora fachista corporativa, que insta a provocar enfrentamientos, en una sociedad frágil y devastada con una justicia servil arrodillada ante ignorantes corruptos ceos de multinacionales y potente acción de la mafia mediática, nos llevan a transitar un estadio de incertidumbre atroz.

Poco a poco, con esta premisa, el mensaje de los medios de publicidad del sistema mafioso, se convierte en un cuento de terror al mejor estilo de Edgar Allan Poe o de Irving Stone, donde el espacio que ocupan los medios en la sobrevida de la comunidad, es oscuro, tenebroso y de qué manera este mundo de la trama mediática, crea a sus propios monstruos, para acabar devorando el sentido de la verdad, como fuente de todo principio emancipador y de la libertad de expresión.

Todas las consignas y los ataques que pueda yo pronunciar en contra del 'statu quo', no son más que pequeñas dosis de rebelión, que los amables lectores de mis editoriales saben digerir muy bien e incluso comentar. Pero el show continúa. Pues la audiencia televisiva sigue reunida frente a la 'caja boba', para disfrutar de su momento de engañosa sensación de libertad, mientras el negocio de la libertad condicional lo manejan las corporaciones a un ritmo vertiginoso.

Puede ser significativo, en este sentido, que el momento en el que empiezo a proclamar la insignificancia del individuo ante la eliminación de las libertades individuales, el momento preciso donde el compromiso con la vida debe primar, es precisamente cuando las audiencias (despojadas de su dosis de adrenalina y alimentadas con el pesimismo) abandonan cualquier ideal de arribar a un mundo en igualdad, cuyo modelo empieza a parecer agotado por desidia, por cobardía, por temor a quedar fuera del modelo a seguir, por lo que sea, no es tiempo de héroes, estos han muerto.

He escrito estas líneas en un tono deliberadamente aséptico, ahondando en aspectos que están presentes en los medios de comunicación, cada día más atomizados, siguen atacando sin piedad en una batalla sin cuartel por la atención del público, los electores de títeres que ocupan funciones pasteurizadas en todos los espacios que conforman la sobrevida de un país, y donde las líneas rojas de la ética se desplazan hacia el “todo vale”.

La verdad es incompatible con los medios económicos de publicidad (algunos los denominan de manera optimista de comunicación), como tampoco a los capo mafia que los controlan y dirigen, no les gusta la verdad primero porque le gusta operar en secreto y segundo porque no da dinero, ya que la masa no le gusta la verdad sino es agradable.

El mundo sabe que las cosas no están bien, hay crisis de valores, que se elevan sobre las económicas, sobre todo en el reinado del Covid… hay millones de hambreados e indigentes… y lo peor es que nadie avizora una salida digna, entonces el ciudadano medio sigue sentado frente a la TV o la notebook y las verdades que desagradan se conjuran en el evangelio del Neoliberalismo Cosmológico.

Un mundo perfecto según los grandes corporacionistas, que prometen trabajarán todos 'unidos' en el espejismo de la Gran Multinacional Global, aún no fundada... Estos corporacionistas, aseguran que para ello no hay que detener el flujo del dinero, ya que no existen ni patrias ni gobiernos. El dinero hermana, afirman, como demuestra el que en el mundo de los negocios sólo hay socios, los árabes autócratas y los chinos neocomunistas, los yankis anarquistas, los argentinos arrodillados… Las fusiones y lo universal del dinero acaban con los sueños de las comunidades y por lo tanto con la libertad y la diversidad.

Tenemos que internalizar, de que, según pasaron los años, se agudizó la brecha generacional. La TV, Internet y las diversas plataformas que fueron sumándose según pasaron los años, modificó de forma diversa el paradigma de las diferentes generaciones, cada una asimiló el mensaje manipulador de un modo particular, pero todos han sido penetrados por el discurso alienante y adictivo de las pantallas que brillan sin cesar, lanzando rayos de apnea.

Este editorial trata de animar a la gente a protestar y a no refugiarse en sí mismos. A comenzar el cambio desde abajo, diciendo no, en vez de pretender cambiar las cosas desde arriba, el modelo que el sistema impone a diestra y siniestra.

El Neoliberalismo es un régimen estructuralmente genocida por esencia. No importa el gobierno que ilusoriamente cree administrar los destinos de cualquier país no deja de dictar con referentes locales acumulando activos por despojo y robo. Funciona con violencia exclusión y represión... no hay naciones ni pueblos… no le interesa que sean rusos, árabes, ni tercermundistas.

Existe un enorme sistema un vasto y salvaje entramado multinacional, dominio en paraísos fiscales, plenos de petrodólares, euros, yen y libras y últimamente: Bitcoins, un protocolo, proyecto de código abierto y red entre iguales que se utiliza como criptomoneda, sistema de pago y mercancía, concebida en 2008 por una entidad conocida bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto, cuya identidad concreta se desconoce... Bien, todo lo que he manifestado determina parte del drama que soporta la humanidad, que, como afirmó siempre, se cocina un porvenir sin huellas. Entramos en un periodo caótico, en el cual no hay fuerzas capaces de imponer un orden que no sea el de los cementerios, a menos que... mediten.

Por Eduardo Sanguinetti, filósofo y poeta
sanguinettieduardo@gmail.com


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