Uribe y el síndrome de Aznar

El presidente de Colombia, Alvaro Uribe, esta sufriendo el “síndrome Aznar”. Una patología política propia de la mentalidad conservadora, manifestada por reacciones instintivas ante eventos críticos, prescindiendo de toda racionalidad. Sin muchas averiguaciones, y usando la praxis animista primitiva que culpa al “mal ojo” de su enemigo por los males que lo aquejan, responsabilizó a las FARC por el atentado “terrorista” del 19/10 contra la Universidad Militar de Bogotá. Y, además, de paso, denunció sibilinamente a los gobiernos de Venezuela y Ecuador de permitir la presencia de jefes guerrilleros en sus territorios. Esto, casi seguramente para favorecer a su correligionario y tocayo Alvaro Noboa en las elecciones de Ecuador, y para apoyar al nuevo jefe del Comando Sur, Almirante James Stavridis, en su renovado afán por acusar a Venezuela de “desestabilizadora”. Se le olvidó al “estadista” neogranadino la elemental pregunta que se hace todo investigador: ¿a quién beneficia el hecho? Por supuesto favorece a las FARC. Demostraría la fuerza rebelde el fracaso de su política de “seguridad democrática” y la de su aliado neoconservador de la Casa Blanca. Pero también ayuda a este último al patrocinar su estrategia hemisférica.

No puede ser Uribe tan ingenuo de pensar que al apoyo yanqui a su política de seguridad es para defender “la democracia”. Nunca le ha importado a los blancos, anglosajones, protestantes usamericanos, que han favorecido las peores tiranías en Indoamérica, la vigencia de la racionalidad burocrática en los pueblos mestizos del hemisferio. Su interés histórico en Colombia siempre ha estado vinculado con el valor geopolítico del país en su avidez por controlar el continente para su seguridad estratégica. Un fin relacionado con lo que estiman su “destino manifiesto”: el dominio del planeta y la humanidad. De modo que la solución política que se avizoraba con el inicio de conversaciones con las FARC para la liberación de los rehenes, era una amenaza a su interés por controlar el “rimland” sudamericano (los Andes) a fin de contener cualquier avance en lo que sin dudas es el “heartland” de la América Meridional: las tierras llanas de la cuenca del Río de la Plata. El espacio con mayor densidad de población y principal desarrollo socioeconómico del subcontinente.

Por ello, el padecimiento del síndrome Aznar por Uribe es un daño a su propio capital político, que soporta por no tener sucesor ni organización política que le de continuidad a su gestión. Pero es mayor para los colombianos que no otean la posibilidad de la paz en un futuro más o menos previsible. Pero el perjuicio principal se lo causa a la posibilidad abierta en las actuales circunstancias políticas internacionales, para que los pueblos que habitamos la América del Sur dejemos de ser “el patio trasero” de los EEUU.


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Alberto Müller Rojas


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