¿Quién comenzó la guerra en Palestina?

A los comienzos de nuestra era el pueblo de Israel se encontraba colonizado por el Imperio Romano. La dominación romana era aborrecida por aquél pueblo, el cual según sus textos religiosos se entendía a si mismo como pre-destinado a regir sobre el resto de las naciones, teniendo como epicentro de la existencia lo que entendían como su “tierra sagrada”. La Torá y el libro de Josué relatan la historia de como su dios YHVH les entrega dichas tierras ordenándoles masacrar a todos los demás pueblos que se encontraban viviendo ahí, ejecutando sanguinarias batallas de exterminio en las que según cuenta la Torá y el libro de Josué, su Dios YHVH no solo los arenga, sino que incluso participa a favor de ellos, mostrando un perfil netamente violento, racista, genocida, esclavista y sanguinario que se evidencia en pasajes como estos:

“Entonces Jehová dijo a Moisés: No le tengas miedo, porque en tu mano lo he entregado, a él y a todo su pueblo, y a su tierra; y harás de él como hiciste de Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón. E hirieron a él y a sus hijos, y a toda su gente, sin que le quedara uno, y se apoderaron de su tierra”. (Números 21, 34-35)
“Entonces Moisés habló al pueblo, diciendo: Armaos algunos de vosotros para la guerra, y vayan contra Madián y hagan la venganza de Jehová en Madián. Y pelearon contra Madián, como Jehová lo mandó a Moisés, y mataron a todo varón. Y los hijos de Israel llevaron cautivas a las mujeres de los madianitas, a sus niños, y todas sus bestias y todos sus ganados; y arrebataron todos sus bienes, e incendiaron todas sus ciudades, aldeas y habitaciones. Moisés se enojó contra los capitanes del ejército, contra los jefes de millares y de centenas que volvían de la guerra, y les dijo Moisés: ¿Por qué habéis dejado con vida a todas las mujeres? Matad, pues, ahora a todos los varones de entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente. Pero a todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido varón, las dejaréis con vida.” (Números 31, 3.7.9-10.14-15.17-18)

“Jehová tu Dios, él pasa delante de ti; él destruirá a estas naciones delante de ti, y las heredarás; Josué será el que pasará delante de ti, como Jehová ha dicho. Y hará Jehová con ellos como hizo con Sehón y con Og, reyes de los amorreos, y con su tierra, a quienes destruyó. Y los entregará Jehová delante de vosotros, y haréis con ellos conforme a todo lo que os he mandado. Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.” (Deuteronomio 31, 3-6)

“Y Jehová los entregó a manos de Israel, y los hirieron y los siguieron hasta Sidón la grande y hasta Misrefotmaim, y hasta el llano de Mizpa al oriente, hiriéndolos hasta que no dejaron ninguno. Y Josué hizo con ellos como Jehová le había mandado: desjarretó sus caballos, y sus carros los quemó. Y volviendo Josué, tomó en el mismo tiempo a Hazor, y mató a espada a su rey; pues Hazor había sido antes cabeza de todos estos reinos. Y mataron a espada todo cuanto en ella tenía vida, destruyéndolo por completo, sin quedar nada que respirase; y a Hazor lo quemaron. Asimismo tomó Josué todas las ciudades de aquellos reyes, y a todos los reyes de ellas, y los hirió a filo de espada, y los destruyó, como Moisés siervo de Jehová, lo había mandado. Pero a todas las ciudades que estaban sobre colinas, no las quemó Israel; únicamente a Hazor quemó Josué. Y los hijos de Israel tomaron para sí todo el botín y las bestias de aquellas ciudades; mas a todos los hombres hirieron a filo de espada hasta destruirlos, sin dejar alguno con vida. De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué; y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés.” (Josué 11, 8-15)

Luego de la sanguinaria conquista de lo que llaman su “tierra prometida”, el pueblo de Israel vivió de manera ininterrumpida una cruenta historia de violencia, caracterizada por sus conflictos con los pueblos vecinos, en diversos episodios en los que algunas veces ganaron y otras perdieron, cayendo bajo la dominación de otras naciones. Tal como ocurría a comienzos de nuestra era. Para entonces existía todo un movimiento fundamentalista nacionalista judaico, conformado por grupos como los Zelotes, militantes que motivados por su fervor religioso-nacionalista luchaban por la expulsión de las fuerzas de dominación del Imperio Romano. La guerra contra Roma tiene un capitulo decisivo entre los años 66 y 73 DC con el sitio de Jerusalén por parte de las tropas romanas, que concluye con la destrucción de la ciudad y la quema del Templo, eje fundamental de la cultura judaica.
Pese a esto el pueblo de Israel se mantuvo en el territorio controlado por la administración imperial romana. En el año 132 DC estalla una nueva gran rebelión judía, a la que seguirá una respuesta imperial mucho mas dura y contundente que la anterior. Esta vez vez la ciudad fue arrasada por completo, además de las ciudades aledañas, incluyendo la destrucción del Templo y todo espacio que sostuviera la continuidad de la cultura hebrea en esa zona. En ese momento se produce lo que se llama la “diáspora” hebrea, que es la disgregación de lo que hasta entonces fue el pueblo de Israel, produciéndose la migración masiva, en algunos casos hacia otros territorios del medio oriente y en otros casos hacia Europa.

El pueblo árabe que para entonces ya tenia siglos habitando también dichas tierras se quedó ahi, y con el paso de los siglos fue solidificando su cultura y su identidad nacional: se trata del Pueblo Palestino, un pueblo que desarrollando su civilización se quedó ahí por mucho mas.

Por mas de 1800 años los Palestinos vivieron en su territorio, salteando las lógicas vicisitudes geopolíticas de una zona como el Medio Oriente, tal como lo fue su integración por unos cuatro siglos como parte del Imperio Otomano. Pero mas allá de todo, el Pueblo Palestino siempre permaneció en su tierra.

Mientras los Palestinos vivieron en su territorio, la cultura hebraica esparcida por el mundo, lejos de trascender los elementos imperialistas de su cosmovisión de la existencia, se consagraron a los objetivos supuestamente planteados desde el inicio por el dios en el que creen. Esta fue la base del surgimiento del movimiento Sionista, un movimiento de carácter internacional, que desarrolló un soberbio poder económico a nivel mundial, y sobre este estableció un poderosísimo lobby de influencia en las grandes potencias colonialistas de occidente como Inglaterra y los Estados Unidos.

Tan gigantesco se volvió el lobby Sionista internacional, que apenas concluida la II Guerra Mundial, Inglaterra a través de la ONU impuso por vía de la fuerza la creación de un nuevo país en el medio oriente, un nuevo Estado de Israel que devuelve a aquellas tierras a un pueblo que por mas de 1800 años vivió fuera, pero que basándose en su libro sagrado se cree con autoridad para recolonizar ese territorio pasándole por encima a quien sea sin importar las consecuencias.

Apenas crearon el Estado Sionista de Israel, las potencias colonialistas de siempre inmediatamente abastecieron al naciente estado con arsenales de ultima tecnología, un abastecimiento continuo que se mantiene hasta hoy, sumada a la propia capacidad de producción bélica desarrollada por las industria hebrea.

Lo que inicialmente se vendió como la reivindicación de un pueblo perseguido, se ha convertido en un genocidio, con una potencia militar como Israel, que cada vez se ha expandido mas y mas, minimizando el espacio de existencia del pueblo palestino, arrinconándolos en un territorio cada vez mas reducido.

La política aplicada por el estado Sionista de Israel se asemeja en extremo a la que el Imperio Romano les aplicó a los hebreos en el siglo II: asesinar y asesinar Palestinos hasta exterminar su cultura, y sus sobrevivientes tengan que huir hacia otras tierras, con la diferencia tecnológica del tipo de armamento que pudo utilizar el imperio romano en aquella época, y las armas de destrucción de alto alcance que el Israel de hoy utiliza contra Palestina.
Este lamentable crimen contra la humanidad tiene como única causa la descabellada y absurda propuesta imperial de Inglaterra de crear un estado sionista israelí, en tierras en la que ese pueblo tenia casi veinte siglos sin habitar. Un dictamen de la ONU único y exclusivo para el pueblo hebreo, que no es el único pueblo que ha vivido sin Estado-Nación, casos sobran como los Kurdos en el medio oriente, los Gitanos en Europa, o las etnias autóctonas de nuestro continente, pero la diferencia entre Israel y estos pueblos, es que estos no tienen un poderoso lobby económico internacional ni tampoco se creen predestinados por una deidad para conquistar el mundo pasando por encima de quien sea.

Para rematar, millones de personas en todo el mundo creen hoy que su Dios es el mismo Dios de Israel, cosa que no es verdad, y que tiene su origen en la manera como el emperador Constantino en el siglo IV creó los fundamentos del cristianismo tal como lo conocemos hoy, que es una forma de cristianismo que nada tiene que ver con las formas de cristianismo existente en sus orígenes, que eran formas de expresión mística dirigidas a la búsqueda de la divinidad dentro de si mismo, y con muy poca relación con la cultura hebrea.

Un simple análisis evidencia que la cosmogonía de la Torá hebrea es diametralmente opuesta a la del compendio de libros creado en el siglo IV por orden de Constantino, conocido como “Nuevo Testamento”. Mientras el Dios del Nuevo Testamento tiene un hijo al que envió a “salvarnos” para que algún día los justos se salven del infierno y vivan en el "reino de los cielos”, el Dios de la Torá tiene como único objetivo que los hebreos conquisten el mundo, y se conviertan el pueblo que gobierne sobre el resto de las naciones. Al dios de la Torá jamás habla de la salvación de nadie, ni mucho menos menciona la existencia de un hijo, por el contrario en los diez mandamientos pide que le adoren a él solo con su nombre, cuyo nombre por cierto, nunca se menciona en el Nuevo Testamento. Absurdo creer que un Dios que lo sabe todo mande a “su pueblo elegido” a masacrar a todos los pueblos que tiene alrededor para que luego termine informando que es el dios no solo de su pueblo elegido sino también de todos los demás. Semejantes historias a este nivel de la existencia humana son insostenibles.

Como es insostenible que la geopolítica de un estado, y de grandes potencias en la actualidad se fundamente en la creencia de un pueblo en tener una tierra que es suya por “derecho divino”. Si Gran Bretaña quería reivindicar al pueblo hebreo creándoles un Estado-Nación pudo haberlo hecho en algún territorio de las tantas colonias que el imperio británico tenia para la época, pero venir a hacerlo en el corazón del medio oriente, alrededor nada mas y nada menos que de los países árabes, ha sido el germen de la guerra que pone en peligro la propia existencia de toda la vida en el planeta, máxime cuando Israel tiene su arsenal de armas nucleares.

Algunos piensan que lo ocurre en Palestina no tiene que ver con nada religioso, pero la verdad es que esencialmente es un problema religioso, toda vez que la fundamentación filosófica del Sionismo son los principios expuestos en la Torá. Ante esto se hace evidente la necesidad de ese salto en la conciencia humana en lo relativo a las creencias religiosas que resultan absurdas a la luz de los avances éticos, filosóficos, tecnológicos y científicos de nuestra actualidad. No se trata de apartar la espiritualidad, pero si de sintonizarla de manera mas acorde con la realidad. No todos los judíos son sionistas como tampoco todos los israelíes están en favor de la guerra, lo cual prueba que espiritualidad no tiene porque ser sinónimo de fundamentalismos absurdos.



 



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Ronald Muñoz

Comunicador y escritor.

 el_iniciado@yahoo.com      @ronaldmcaracas

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