¿Socializar antes de socialisizar?

“La socialización es el proceso mediante el cual los individuos pertenecientes a una sociedad o cultura aprenden e interiorizan un repertorio de normas, valores y formas de percibir la realidad, que los dotan de las capacidades necesarias para desempeñarse satisfactoriamente en la interacción social; aún más allá de esta, puesto que las habilidades intelectuales y emocionales se adquieren a través de actividades interactivas, numerosas corrientes psicológicas y filosóficas sostienen que la identidad individual —es decir, el concepto que la persona tiene de sí misma, sus modelos cognitivos y sus impulsos emotivos— es ella misma el resultado de la socialización. El proceso de socialización, que debemos conceptuar como la asunción o toma de conciencia de la estructura social en la que un individuo nace, es factible gracias a los agentes sociales, que son las instituciones e individuos representativos con capacidad para transmitir e imponer los elementos culturales apropiados”. (Wikipedia).

A falta de un término más apropiado en nuestro castellano, se hace necesario crearlo con el objeto de pretender explicar la realidad política venezolana, cuyo proceso de transformación profundo la dota de características tan excepcionales, que la sola búsqueda de una definición apropiada la envuelve en una condición tan compleja que dificulta su explicación para el ciudadano común, por parte de quienes no habiendo podido entenderlo, pretenden explicarlo. Recuerdan el caso del profesor de física cuántica que narra su experiencia de la siguiente manera: “Les explique la teoría del quantum y no la entendieron; se las explique nuevamente, y no lograron comprenderla. La explique por tercera vez, y ahí fue cuando yo la entendí”.

La construcción de un estilo de socialismo que no existe, sobre la base de uno que haya existido, puede ocasionar que sólo se reproduzca el anterior maquillando –y no evitando– sus errores conocidos, y pasando por alto aquellos que no se muestren tan evidentes; al tiempo que se arrastran con ello los temores atávicos del subconsciente colectivo, creados a consecuencia de las actuaciones que pudieran repetirse. Mayor aún es el riesgo de errar, cuando quienes participan en esta obra, en vez de dirigirla hacia lo que debería ser, pretenden evitar que sea cono no debería ser, sobre la base de lo que otros suponen que fue.

No puede “socialisizarse” –convertirla en socialista, bajo los conceptos tradicionales–, a menos que ya haya sido socializada; es decir que sus integrantes hayan “interiorizado un repertorio de normas, valores y formas de percibir la realidad”, y “tomado conciencia de la estructura social en la que se ha nacido”. Millones de venezolanos apenas acaban de escapar del analfabetismo puro, y otros tantos son “analfabetos de la política tradicional”. Un número más reducido, no posee más información política que la suministrada por los medios de comunicación. Pocos, muy pocos, se han formado políticamente; pero, algunos de ellos son tan dogmáticos que no pueden convencer a otros de su propio convencimiento, porque su rigidez académica no se los permite.

Se necesita un RIUS venezolano (que puede ser persona, o grupo), para expresar de manera sencilla el enrevesado lenguaje filosófico de la política, y así comenzar a socializar a nuestro pueblo, y ello no podrá lograrse en pocos meses. Se requiere un año, por lo menos, para organizar un grupo que pueda formar a los facilitadores, y otro año para llevar la “socialisización” hasta el pueblo; sólo entonces, podría hablarse, no de un replanteamiento de la Reforma, sino del procedimiento más adecuado para producir los cambios sociales que ese pueblo haya determinado que requiere; porque, de esta manera, será él quien transfiera el poder momentáneamente, en vez de seguir esperando a que le sea transferido.

luiserangel@hotmail.com


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Luis E. Rangel M.


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