El partido único

Compatriota William Izarra.

Permítame compartir algunos comentarios a propósito de la iniciativa anunciada por el Presidente Chávez en su discurso del sábado antepasado, en ocasión del lanzamiento de su candidatura presidencial para las elecciones del 3 de diciembre, y su nota reciente hecha circular por la red, titulada EL PARTIDO UNICO.

Claro que uno de los objetivos fundamentales, estratégicos para decirlo en toda su profundidad, que debe plantearse todo proceso de cambio y transformación política, que nace sobre los hombros de movimientos y partidos políticos de amplia base, es llegar a la expresión ideológica y orgánica unitaria, como parte de un largo proceso de integración de esfuerzos, visiones y metas. Creo que en términos generales estamos de acuerdo en lo expresado, que por lo demás, por este proceso de evolución transitaron los movimientos revolucionarios que han logrado la conquista del poder por la vía armada o la toma de las estructuras gubernamentales por la vía electoral.

En este parte-aguas ideológico en que se encuentra Venezuela en el seno de los partidos, organizaciones y movimientos sociales que le dan soporte electoral y de masas al gobierno bolivariano, resulta saludable analizar los ritmos y condiciones en que el proceso de construcción del partido único, pueda darse. Ese proceso de integración, o para decirlo de alguna manera, de decantación de posiciones ha producido históricamente desgarraduras en el seno de los movimientos revolucionarios, que hay que mitigar en lo posible. En estas circunstancias resulta necesario plantearse una serie de interrogantes, entre las cuáles podríamos expresar las siguientes; estamos listos para iniciar ese proceso de integración?, están listos los destacamentos políticos, sin exclusiones, para asumir las tareas de construcción de la nueva sociedad?, están integrados los partidos políticos y movimientos sociales bajo una visión común, o unos y otros tienen distintas visiones del proceso de cambio en que se encuentra el país?.

Debemos pensar a la hora de responder a estas interrogantes, que puede ser, como efectivamente lo es, que entre las fuerzas que apoyan el proceso, hay aquellos que se dan por satisfechos por el ritmo actual y tienen una visión desarrollista y reformista sobre el momento histórico que vive el país, o aquellos que buscan la implementación de acciones en todos los campos de la vida del país, que permitan romper en forma definitiva con el saldo de las articulaciones de poder, que están intactas. El problema no es convocar a la creación del partido único, el problema es quién convoca, bajo que condiciones convoca y sobre todo con que ritmos se asumirá el proceso de construcción.

De alguna manera, en un extremo, los procesos revolucionarios triunfantes en Cuba y Vietnam son reflejos claros de procesos políticos prolongados, que transitaron durante la lucha armada por diversas expresiones orgánicas y articulaciones políticas que desde el punto de vista clasista, eran de carácter plural. De la misma forma podemos decir que por esa integración plural de los movimientos armados, la lucha contra la dictadura de Batista en Cuba, que había secuestrado las libertades públicas como consecuencia del golpe de estado de marzo de 1952 y la lucha de liberación nacional en contra del invasor extranjero, primero francés y luego norteamericano en Vietnam, se constituyeron en factores de unión e integración de amplios sectores políticos y sociales. La orientación posterior de esos procesos políticos hacia la construcción de una sociedad de nuevo tipo, produjo a la vez un proceso de definiciones nacionales, que iba más allá de los objetivos iniciales de lucha en contra de un gobierno dictatorial en el caso de Cuba y en contra del invasor extranjero en el caso de Vietnam.

Procesos políticos que se inician por medio de la integración de bases sociales dispersas, como producto de un proceso prolongado de luchas de diversos contenidos y objetivos, encuentran durante este período expresiones orgánicas particulares dentro de la diversidad ideológica. La consolidación del Frente Nacional de Liberación Nacional de Vietnam del Sur, como vanguardia del pueblo vietnamita durante la guerra de liberación, que permitió la incorporación a la lucha por la liberación nacional en contra del invasor extranjero y la consolidación del liderazgo de Fidel Castro en los meses posteriores a la derrota de la dictadura en Cuba que permiten la creación de las ORI -Organizaciones Revolucionaria Integradas-, esa instancia inicial de encuentro de los revolucionarios cubanos, son etapas de un mismos camino, que permite ir creando las condiciones para la consolidación de la organización única de vanguardia. A unos, en el caso de Vietnam del Sur, permitió crear las condiciones políticas y militares que obligó al enemigo a la capitulación y retiro de las tropas de ocupación y al otro, en el caso de la revolución cubana, permitió en forma paulatina, con pasos seguros, crear las condiciones orgánicas y políticas para asumir las medidas de transformación revolucionaria de la realidad cubana.

De otra manera, en el otro extremo, los procesos políticos de Venezuela y Chile, triunfante uno y derrotado el otro, son reflejos claros de procesos políticos que asumen la dirección de los gobiernos, por la vía electoral, como producto de procesos políticos distintos. El primero, en una situación de reflujo y dispersión del movimiento revolucionario, particulares situaciones internas encuentran reflejo y eco en sectores patrióticos de las fuerzas armadas, que se constituyen en un factor catalizador del descontento social, ante la ausencia de vanguardias políticas y movimientos de masas insertados en la realidad del país y en el otro, en Chile, un proceso prolongado de acumulación de fuerzas crean las condiciones para que una coalición de movimientos políticos y sociales de larga tradición histórica, ocupen los espacios necesarios para el asalto del gobierno por la vía pacífica.

En Venezuela, factores de liderazgo y capacidad de convocatoria de un líder extraordinario, Hugo Chávez Frías, que se ganó la confianza de amplios sectores sociales ante una derrota militar inicial que se constituyó en triunfo estratégico, crean las condiciones necesarias para consolidar de una manera espontánea, al margen de los mecanismos de la política tradicional, una alianza cívico-militar que asume las riendas del gobierno, por la vía electoral en 1998. En Chile, la Unidad Popular asume funciones de gobierno luego de un triunfo electoral en que recibe el apoyo del primer tercio mayor del electorado chileno, con una propuesta de gobierno que va más allá de las posibilidades políticas reales. La implementación de las medidas contempladas en el programa de la UP, que toca intereses internos y externos sensibles, provoca reacciones extraordinarias, que van más allá de la capacidad de maniobra política del gobierno del Presidente Allende y de la disposición orgánica de los partidos políticos que integran la UP, para asumir la defensa del proceso.

Factores geopolíticos y estratégicos en juego, que afectan la política global y energética del imperialismo norteamericano, encienda y activa las contradicciones de fondo derivadas de la posición de defensa del interés nacional impulsados por el gobierno bolivariano. El rescate de la producción y exportación de crudo, por medio de una política energética que se constituye en el soporte del proceso revolucionario, afecta intereses internos y externos, que habían propiciado la implementación una política petrolera rentista, totalmente alejada del interés nacional, cuyos principales beneficiarios directos fueron los intereses ligados al gran capital extranjero. La construcción de la alianza cívico-militar, entre los sectores populares claramente identificados con el mensaje liberador e inspirador del ahora Presidente Chávez y los sectores patrióticos de las Fuerzas Armadas, han permitido la defensa oportuna del proceso en los momentos críticos. Las jornadas de abril del 2002 que significó la derrota de la reacción interna confabulada con el imperialismo norteamericano marcó en forma definitiva un parte-aguas en la orientación del proceso político venezolano.

En el otro extremo, una reacción combinada de factores internos en que el gran capital nacional y las Fuerzas Armadas de Chile por un lado y el apoyo externo de la CIA y de las transnacionales del cobre, generan la caída del gobierno constitucional, con todas las consecuencias políticas, económicas y sociales conocidas. La capacidad de respuesta del movimiento popular ante la confabulación de la derecha fue neutralizada en forma fulminante por la contundencia de la acción de las Fuerzas Armadas, pero también de alguna manera u otra, una confianza excesiva en los mecanismos institucionales, maniataron las capacidades de defensa de las organizaciones populares y sociales, del proyecto político de la Unidad Popular.

Movimientos políticos triunfantes, a la cabeza de los cuales se encontraron hombres visionarios como Fidel Castro y Ho Chi Min lograron interpretaron en forma correcta las condiciones particulares de los procesos sociales que encabezaron y encarrilaron los esfuerzos fundamentales a la creación de la fuerza política de vanguardia en sus respectivas. El proceso de organización, en ambas realidades fue el producto de procesos de evolución paulatina, cada cual partiendo de realidades históricas distintas, pues en la guerra en contra de la dictadura batistiana en el caso de Cuba y contra la invasión extranjera en el norte y sur de Vietnam, las fuerzas revolucionarias estaba integradas por sectores y movimientos sociales de diversos orígenes políticos y filosóficos. El común denominador que los unía y la presencia de liderazgos y personalidades de primer orden en la realidad social de ambos países, propició la integración de las fuerzas revolucionarias bajo un solo alero ideológico y expresión orgánica.

En Venezuela, la agudización de las contradicciones fundamentales con el imperialismo norteamericano y en el seno de la sociedad venezolana, así como las acciones combinadas de desestabilización del proceso político a las que tiene que hacer frente el país, requieren de una acción conjunta y unitaria de las fuerzas revolucionarias y una consolidación de los mecanismos de comunicación, que se han creado de manera natural y espontánea entre el Presidente Chávez y la base popular, que a la vez se constituye en el soporte estratégico del proceso.

Los esfuerzos que se tiene que dar para lograr una integración de las fuerzas que soportan el proceso no será una tarea fácil, pues los vicios y deformaciones que se acarrean desde el interior de algunos sectores, como reflejos de prácticas políticas del pasado, todavía se mantienen vigentes. No obstante que los partidos y movimientos sociales que forman parte del soporte sustantivo del gobierno bolivariano apoyan el proceso de cambio, fundamentado en el nuevo ordenamiento constitucional, en muchos aspectos su práctica política, en muchos aspectos son reflejo de su formación y escuela originaria.

La construcción de la herramienta política y orgánica del proceso bolivariano debe ser un proceso prolongado que permita ir dejando de lado los lastres y prejuicios del pasado y del presente, que marque diferencias en forma sustantiva, entre las visiones reformistas todavía presentes en algunos sectores y en acciones de gobierno y una visión revolucionaria, de transformación a profundidad de los factores y articulaciones de poder todavía presentes en el seno de la sociedad venezolana. El proceso de construcción del partido debe estar profundamente enraizado en las aspiraciones del pueblo venezolano, militante y no militante con los objetivos de transformación del país, y su integración debe ser un punto de encuentro de todos los sectores políticos revolucionarios y corrientes de opinión, sin exclusiones sectarias, que han apoyado y apoyan, el cambio social y la transformación revolucionaria del país.

Ese punto de encuentro de los revolucionarios venezolanos debe constituirse en el motor del proceso, en el articulador y gestor de las iniciativas fundamentales que definan la ruta del país, en todos los niveles de manifestación del poder revolucionario. Su influencia será determinante y protagónica en la gestión de los asuntos de estado y de gobierno. Esa instancia política de nuevo tipo definirá los objetivos fundamentales del proceso, sus contenidos esenciales y los ritmos de implementación.

Como una de sus expresiones fundamental de acción política, el partido de la revolución venezolana debe dirigir y orientar a las comunidades para el ejercicio verdadero del poder popular, mediante la aplicación y activación de los mecanismos establecidos en la constitución bolivariana y la legislación complementaria que permiten al pueblo organizado ejercer la gestión de las políticas públicas para que las iniciativas, proyectos y programas de gobierno respondan plenamente a la satisfacción de las necesidades y aspiraciones de las comunidades. De la misma manera como el partido debe dirigir y orientar al pueblo organizado, de la misma manera el partido debe nutrirse de los mejores representantes y dirigentes comunales en el proceso de construcción permanente de las estructuras orgánicas.

El modelo económico y social que debe impulsar el partido debe propiciar y estimular las energías y capacidades creadoras del país sin exclusiones, dentro de los marcos de los objetivos esenciales y sustanciales del proceso de cambio. En tal sentido debe propiciar las condiciones, estímulos y aperturas que permitan la inserción en el esfuerzo nacional de la inversión privada, nacional y extranjera, que sea congruente con los intereses vitales del país. La diversificación de la economía y en consecuencia de la producción nacional debe ser un norte esencial, que permita mitigar o amortiguar las dependencias externas y en esta ruta no deben estar excluidos los esfuerzos de ningún sector del país.

Por lo general a los procesos revolucionarios se integran sectores, movimientos sociales, portavoces de expresiones ideológicas, que están imbuidos de los las mejores intenciones, pero que pierden de vista lo esencial, en el sentido que toda iniciativa tiene sus momentos. El partido debe crear las condiciones para incorporar esas energías creadores, a los esfuerzos de construcción partidaria. El partido, como motor del proceso de cambio debe ser el eje fundamental por el cual se canalicen las iniciativas de todos los sectores de la sociedad y en tal sentido debe privar el criterio de oportunidad de las iniciativas políticas. Hay coyunturas apropiadas y oportunas para la implementación de ciertas medidas y hay coyunturas en las cuales la implementación de ciertas iniciativas, pueden comprometer o ponen en duda el apoyo táctico y estratégicos de fuerzas y sectores sociales determinados.

El carácter de la revolución bolivariana no se irá a definir, si impulsamos el tránsito de la misma por medio de iniciativas aisladas producto de visiones fragmentadas y corto-placistas. Las realizaciones y acciones del presente deben ser producto de las visiones de largo plazo. El carácter del proceso se irá definiendo, entre diversos factores en juego, en el tanto que el proceso de transformación de la propiedad de la tierra en el campo y la ciudad, se vaya desarrollando conforme a planes estratégicos de desarrollo y crecimiento de la producción agropecuaria, para lograr que Venezuela en el corto al mediano plazo, logre mitigar esa dependencia de las importaciones, situación que aún se mantiene, para responder a la demanda interna de productos básicos alimenticios y por otro lado que, la evolución de la propiedad de la tierra en la ciudad, sea correspondiente con planes de crecimiento equilibrado, de las ciudades y pueblos del país. Hay que abrir nuevos frentes de inversión, producción y desarrollo que estimulen el crecimiento regional.

Las articulaciones fundamentales de poder del capital nacional e internacional siguen vigentes en Venezuela y todavía no nos hemos puesto de acuerdo sobre los contenidos básicos del proceso para asimilar su presencia y participación en la sociedad del futuro, así como hay que abrir las amplias avenidas de la participación para estar en sintonía permanente con todas las manifestaciones, iniciativas e inquietudes de la sociedad. En esa dirección debemos ir, pero todo tiene sus ritmos e intensidades. En esta coyuntura electoral en que todos los esfuerzos deben estar orientados a la reelección del Presidente Chávez, debemos aprovechar para promover iniciativas que tengan que ver con la construcción del partido único del proceso revolucionario, para que éste signifique la oportunidad que todos esperamos, para sumar esfuerzos sin exclusiones ni sectarismos, para buscar acuerdos de amplia base que le permitan al proceso estimular encuentros en lo esencial, que significa la construcción de la sociedad del futuro, sobre sus contenidos, características, metas y objetivos.


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Federico Picado


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