Alquimia Política

Karl Marx el no marxista

Acabo de culminar la lectura de una obra que me hizo valorar mucho más el espíritu “anti-mesiánico” del ilustre investigador e intelectual prusiano Karl Marx (1818-1883). La obra se titula “Historia de El Capital de Karl Marx”, del periodista británico Francis Wheen, publicada por Debate de Colombia, con la traducción de Carles Mercadal, en el 2007 (la primera edición es del 2006, bajo el sello editorial “Atlantic Books”, en Londres. Salvo algunos detalles (por ejemplo, adjudicar al escritor venezolano Ludovico Silva la nacionalidad de mexicano), la obra, de 157 páginas se deja leer de un tirón. Es un muestrario de lo que fue la génesis del trabajo investigativo de Marx para dar a luz a la obra “El Capital”, que fuera publicada en la década del sesenta del siglo XIX. Acerca de algunas curiosidades que trata la obra versaran las presentes líneas.

Marx fue un hombre tan común como cualquier mortal, pero con talento; tenía la capacidad de mirar más allá del bosque y de ir a lo profundo de las ideas, no solamente en el marco abstracto, sino en lo concreto: en esos hechos que cuantitativamente influyen en las decisiones y estilo de vida de los hombres. En una ocasión le comentó a su amigo Engles: “No creo que nadie haya escrito nunca sobre el dinero teniendo tan poco como yo”. Porque la postura de Marx contra el capitalismo no era de tipo “ideológica-material”, sino “ética-material”. No era estar en contra de quienes tenían capital, es estar en contra del uso y “abuso” de quienes tenían capital. El no dijo nunca que tener dinero era “malo”, sino que el tener dinero implica una responsabilidad mayor para quien lo posee, porque tiene que demostrar que el uso de ese dinero debe ir buscando escalar una cultura de conciencia social donde la categoría alienación no aparezca determinando las relaciones sociales y de producción. Marx llegó a decir, cita Wheen, no “…siempre podemos alcanzar la posición a la que nos creemos destinados. Nuestras relaciones en la sociedad han empezado hasta cierto punto a ser establecidas antes de que alcancemos una posición desde la que poder determinarlas”. Ese Marx que dijo lo anterior contaba con diecisiete años apenas.

En este aspecto, Marx siguió fortaleciendo su pensamiento en una especie de diagnóstico perenne acerca de la Sociedad y las relaciones de esta con las instituciones del Estado y con los liderazgos de aquella época. Hay autores que intentan establecer una distinción entre el Marx de la juventud y el Marx de la madurez; realmente no hay tal distinción. El Marx joven solamente muestra en esencia su amplia riqueza literaria y de recursos lingüísticos que lo proyectarían en la madurez como un insigne descriptor de la realidad sociopolítica de un modo de producción que estaba confuso entre el mercantilismo y el feudalismo. Marx vino a definir, en concreto, qué tipo de nuevas relaciones existía en el mundo occidental en etapa germinal de la Era Industrial, donde el Capital, como instrumento de intercambio dejaba de ser sólo el medio para convertirse en el fin último. El interés, antes de que Marx lo definiera y categorizara, era Dinero igual a Mercancía; Marx enseña que el asunto era “Dinero-Mercancía-Dinero”, es decir: acumulación de capital como máxima en las relaciones de producción. Así nace toda una postura que no venía a promover gobiernos perfectos ni salidas extraordinarias, sino mostrar de qué es lo que están hechas las relaciones de producción en el mundo occidental y cuál es el interés de los “Caudales” (como llamó Marx a los capitalistas), en una sociedad cada vez más deprimida y con inmensos sesgos de pobreza y marginalidad.

En este aspecto, Marx con su obra “El Capital”, tal cual él mismo lo explicó, el propósito del libro es convencer, al menos a algunos de sus lectores, de que le echen un vistazo al entorno y vean el daño real que causa la acumulación de capital. El principal “anti-marxista”, anti-mesiánico fue Marx. Cuando se observa, por citar un ejemplo actual, que el denominado líder de la oposición venezolana va a EE.UU. y le aplauden cada mal chiste que da, la sensación que queda es de tristeza, de solemne temor ante la equivocación del valor que se le da al liderazgo en nuestros conciudadanos. Igual pasa con el nuevo líder del proceso revolucionario venezolano, se “cae de una bicicleta” y sale un sinfín de aplausos y hurras hacia cualquier acción del líder, es también objeto de tristeza. Ese alabar al líder es contra natura a lo que se necesita en la actualidad como liderazgos. La historia ni la sociedad necesitan líderes de hurras, se necesita líderes con ideas, con acción, cumpliendo su mandato de orientadores y propulsores de las transformaciones necesarias para nuestros pueblos. Marx siempre estuvo a la altura de las circunstancias, por eso criticó duramente a quienes veían en el marxismo una “tabla de salvación”, el marxismo era, en sus propias palabras, “…una desviación de mi pensamiento”.

Marx vivió una existencia caótica. Endeudado, sin espacio digno donde alojar a su familia, pasó por tragedias duras, según Wheen: “El menor de los Marx, Guido, murió repentinamente en medio de fuertes convulsiones en noviembre de 1850; Franziska, de un año de edad, falleció en la Semana Santa de 1852, tras un fuerte ataque de bronquitis, y otro de los niños, su amado Edgar, murió de tisis en marzo de 1855. Durante el entierro, fuera de sí a causa del dolor, Marx avanzó hacia el ataúd mientras este descendía hacia las profundidades de la tierra e hizo creer a la mayoría de los presentes que pretendía dejarse caer sobre él. Por si acaso, alguien estiró el brazo y lo sujetó por el hombro.”

Marx tuvo una constante queja de salud: dolores hepáticos infernales. Esta situación le impedían realizar su obra con la paz y concentración necesaria; parte final del manuscrito final de “El Capital” lo culminó de pie, al no poder permanecer sentado.

De algo si estaba claro Marx, y ya lo había reflejado en el opúsculo escrito a cuatro manos con Engles, el capitalismo burgués es mucho más dinámico y poderoso que cualquiera de los modos de producción anteriores (feudalismo y mercantilismo), pero lo que lo alejaba de su gran bondad de acción es el costo social que implicaba ese dinamismo: la destrucción del hombre por el hombre.

Hoy más que nunca ha sobrevivido Marx; pero no el Marx “marxista”, sino el Marx precursor del método dialéctico del materialismo histórico; el Marx sociólogo, economista y político. Un Marx más cercano a la universalidad del conocimiento que al sectarismo de los partidos políticos.


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Ramón Eduardo Azocar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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