Filosofía y socialismo

Socialismo es una palabra que tiene muchos significados, dependiendo del ámbito profesional y corporativo en que nos movamos, pero no solo eso. En sentido específico, socioeconómico, el socialismo sería todo sistema económico en que las iniciativas económico-políticas estén concertadas, estando la iniciativa individual limitada y controlada. En sentido genérico, filosófico, el socialismo sería lo contrario del individualismo (toda concepción de la vida humana que de más importancia al individuo que al grupo social), y a su vertiente más radical, el solipsismo (toda concepción de la realidad que piense que no hay nada real más allá de la propia concepción individual de la misma). 

Decimos que no solo la palabra socialismo depende del ámbito profesional en que nos movamos, pues aunque políticos, economistas y filósofos difieran en la idea de socialismo que puedan tener, sus ideas tienen diversas conexiones: una conexión genérica y otra específica, e incluso una conexión derivada de las capas y ramas del poder del régimen socialista en que nos encontremos (sea real, como en Venezuela, sea solo en proyecto teórico). Esa conexión es, por llamarlo de alguna manera, mundana y académica. Mundana porque existe una filosofía mundana a nivel popular. Todos somos filósofos, todos tenemos una filosofía de vida propia, una concepción propia del mundo, más o menos argumentada y más o menos desarrollada. Y académica, porque las elites de poder de todo régimen político, incluido uno socialista, tratan de administrar una filosofía concreta como propia de ese régimen hacia el pueblo. Todo régimen socialista específico tiene su propia filosofía (su propia concepción genérica del socialismo), que trata de desarrollar y extender a todas las capas populares. En el caso del fenecido socialismo soviético, la filosofía administra desde el poder, a nivel descendente –hacia el pueblo- era el materialismo dialéctico. 

A nivel ascendente –del pueblo hacia el poder político-, la filosofía popular llega a Miraflores a través del poder popular, diseminado mediante instituciones varias en todas las capas y ramas del poder político socialista venezolano. La dialéctica de poder ascendente-descendente es la clave de funcionamiento de todo socialismo, tanto a nivel genérico (ideológico-filosófico), como específico (pues los logros sociales del poder político y los logros del pueblo han de ser vistos como lo mismo). Los desajustes en esa dialéctica llevan en muchos casos al fracaso del socialismo. Conocemos casos históricos, como el de la Unión Soviética: el materialismo dialéctico administrado desde el poder del PCUS funcionaba como ortograma que conjugaba poder político y poder popular en el extinto Imperio Soviético; sin embargo, las propias faltas del materialismo dialéctico, con una concepción del mundo y la realidad errada, no permitieron continuar con esa necesaria conjugación. Luego la dialéctica entre pueblo y poder político, a nivel filosófico-ideológico, pueden resentirse por estas vías: 

  1. Porque la filosofía administrada desde el poder, como ideología oficial, acabe derivando en una ideología incapaz de corregir sus propios errores, derivando en una falsa conciencia.
  2. Porque la filosofía administrada desde el poder esté tan alejada del pueblo que haya un total divorcio entre el poder ascendente y descendente, dándose uno y otro la espalda.
  3. Porque la filosofía administrada desde el poder sea entendida como un saber solo para elegidos, entendiendo estos que, como casta privilegiada, no tienen la obligación de elevar el nivel del pueblo, dejándolo en un estado de ignorancia que les beneficia para conservar su estatus de casta parasitaria.
  4. Porque, siguiendo la anterior, el poder político no tenga ningún interés en barrenar determinadas ideas e ideologías de algunas clases sociales que se mueven a nivel popular, contrarias a la ideología del poder político, y que perjudiquen la relación dialéctica necesaria entre poder y pueblo.
 

Todas estas posibilidades tienen relación con la intensa lucha de clases que se da en el interior de toda sociedad política, incluida la sociedad socialista. Y no solo de clases respecto a los medios de producción, sino respecto a otras instituciones (la clase de los bolivarianos respecto a la clase de los escuálidos; la clase de los marxistas respecto a la clase de los neoliberales, &c.). 

La relación ascendente-descendente del poder político venezolano está atravesada por la ideología bolivariana, que trata de convertirse en ortograma vertebrador de la Revolución. Pero, ¿basta el bolivarianismo como vertebrador de esas relaciones del poder? Y ello lleva a la pregunta necesaria ¿qué es el bolivarianismo? ¿hay un bolivarianismo genérico y otros bolivarianismos específicos? No tratamos al hacer estas preguntas de dividir la Revolución, sino todo lo contrario, formular cuestiones de necesaria resolución ahora que se promueve el Gran Polo Patriótico de cara a las generales del 2012. Pues no basta solo con agregar partidos y asociaciones en torno a una meta común frente a terceros, meta que apoyamos. Hay que desarrollar un ortograma vertebrador de esa unidad aún más sólido  que el ya existente, quizás debido a que ese ortograma ya existente ha llevado a cierta falsa conciencia y a cierto divorcio entre los movimientos sociales y ciertas capas del poder político bolivariano. Y ya Hugo Chávez se ha dado cuenta de ello. 

Es sabido que en Venezuela, la filosofía no suele ser enseñada al pueblo de manera popular, y que desde hace décadas y siglos se trata de una disciplina propia de elites. Y todavía resulta casi de arcanos saberes para las clases sociales más populares de la República, pues no se sabe qué tipo de filosofías estudian nuestras elites, la mayoría además antichavistas. Es por ello que, si se quiere afianzar la Revolución Bolivariana, y si se pretende que sea esta la chispa de la necesaria unidad de Nuestra América, se necesita un ortograma vertebrador de los poderes ascendente y descendente señalados que valga, no solo para Venezuela, sino también para toda nuestra Plataforma Continental

Porque socialismo es, ante todo, elevar el nivel del pueblo, la implantación política de la filosofía en el socialismo exige, no ya que todo el pueblo sea docto en temas filosóficos y científicos de altura, sino que haya al menos una amplia capa de la población que lea y entienda sobre temas filosóficos y científicos (también técnicos y tecnológicos, económicos, políticos), que pueda mirar de frente a las elites escuálidas con posibilidades de estar al día en cuestiones filosóficas y científicas, y que permita una auténtica vertebración entre los poderes descendente (poderes ejecutivo, judicial, legislativo, militar, diplomático, gestor, &c.) y ascendente (el poder popular a través de los consejos comunales, &c.), a través de un ortograma sólido y generador para Venezuela, Nuestra América y el mundo. El trabajo andado hasta ahora ha sido, en regla general, y a pesar de todo, positivo. Si la Unión Soviética, fracasada, consiguió realizar este trabajo, del que todavía viven réditos muchos jóvenes que no conocieron con uso de razón a la URSS, ¿por qué no iba a tenerlo también una revolución socialista en marcha?

(Jóvenes por el ALBA de España, Izquierda Hispánica).  

fundajovenalba@hotmail.com



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