Ideología enmascarada

No basta con decir que se está gorda y que hay que hacer dieta y a cada rato, en un acto de hipocresía íntima, comerse una pastica. No basta con decir que eres fanática de un equipo pero no te ocupas de ver un jueguito ni por fastidio. Con la intención no basta, a pesar de lo que dice el dicho. Eso se puede aplicar también a los principios y a la ideología. Y es que no basta con decir que se cree en la libertad, la justicia y la verdad, y en la esquina, cuando las cámaras están apagadas, darles una patada. Una cosa es decir que todos somos iguales, pero a la hora de asumir que un voto de un profesor vale igual que un voto de un obrero y el de un estudiante, arrugas. La igualdad más allá de un concepto debe concretarse, asumirse en la realidad. ¿Miedo a la igualdad? ¿O a las mayorías?

No basta porque no es lo mismo llenarse la boca diciendo que se es solidario y por otro lado entrar en cólera si se coopera con otros pueblos. No basta con decir que se cree en el desarrollo del país y que se lucha contra la pobreza y al mismo declararse enemigo de los procesos fundamentales de la educación universitaria: formación integral, creación intelectual e integración con las comunidades. ¿Cómo estar en contra de que las universidades estén al servicio del pueblo, al servicio del país?

No basta con decir que se cree en la igualdad de oportunidades y al mismo tiempo rompes lanzas contra la eliminación de las pruebas internas en las universidades, conocido filtro que discrimina, con la excusa de la “excelencia”. No basta con decir que se cree en la justicia y al mismo tiempo se defiende la corrupción judicial. No basta con decir que crees en la igualdad de género y al mismo tiempo burlarse de la visibilización de las mujeres en el idioma.

Hace décadas se acuñó una frase según la cual las y los estudiantes universitarios sufrían del “sarampión del comunismo”, del cual se curaban cuando se graduaban, con el primer sueldo, la casa, el carro y el matrimonio. Valga recordarlo porque algunos dirigentes universitarios actuales, los de las manitos blancas y de la “reflexiva” consigna “eeeestudiantes clap, clap, clap,” nunca les dio ese sarampión. Los actuales piensan de una en el carro y la utopía es sólo una bonita palabra. Deben estar vacunados.

Y es que una cosa es decir que se es socialcristiano, socialdemócrata, de centroizquierda, de centroderecha, de la ultraderecha, de la ultraizquierda o socialista y otra hacerse los tontos con lo que cada ideología defiende o postula. No se puede gritar “libertad” y al mismo tiempo apoyar golpes de Estado. Todo lo que huele a derecha es mezquino, facho, retrógrado e injusto. En un régimen de derecha no se puede hacer justicia ni puede haber igualdad. Hay que dejar que las máscaras caigan.


mechacin@gmail.com
@mercedeschacin


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Mercedes Chacín


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