Del país profundo: La Casa de Venezuela en Beas y el Centro de la Diversidad Cultural en Madrid

Este empeño por mostrar en cada sitio posible la raíz de la venezolanidad, no solo nos envolvió en la maravillosa experiencia andaluza de Beas, entre los años 2007 al 2009, donde causaría grata sorpresa el tesón de Carlo Armas Ponce y de los habitantes de aquella localidad en abrir espacio a la primera Casa Museo de Venezuela en el reino de España, bajo la bendición de la Virgen de Los Clarines. Un hecho histórico, que se transforma en palanca fundamental para promover entre distintos lugares de la península ibérica la trascendencia de un país de creadores como el nuestro.

Ya con anterioridad en el año 2004 habíamos trabajado en la preparación de un repertorio de música y de danzas de influencia hispanoárabe que contemplaba temas como la celebración del tamunangue, los famosos joropos de diversas regiones, más allá del fandango, y la particularidad de géneros como la jota, la malagueña, la fulía, el polo y el galerón del lado oriental de Venezuela, marcado por la herencia andaluza. Se hizo posible llevar a España estas semillas de identidad que fueron elogiadas en las regiones de Galicia, Cataluña, Castilla, Andalucía, el país Vasco y Canarias, gracias al virtuosismo de intérpretes como Elena Gil, Vidal Colmenares, Daniel Gil, Ismael Querales, Jesús “Chuito” Rangel y el grupo de danzas Itanera, bajo la conducción del maestro Omar Orozco. En el extenso recorrido íbamos en compañía del propio Ministro de Estado para la Cultura Francisco Sesto Novas, “Farruco”, con quien intercambiábamos constantes consideraciones sobre la influencia de las voces del pueblo ibérico en los conocimientos tradicionales de los venezolanos, el pueblo ibérico autor de canciones que fueron sembradas en nuestro territorio desde hace siglos, y de manera significativa la tradición oral proveniente de las islas Canarias, con tantas costumbres visibles en nuestro mapa cultural. Leyendas, cuentos, refranes, creencias, supersticiones, todo lo espiritual y lo material en armonía con la naturaleza a través de múltiples manifestaciones que hoy siguen presentes por la transmisión de esos conocimientos de una generación a otra. También hablábamos con “Farruco”, aquel año 2004, marcado por un viaje más a su tierra natal de Vigo en Galicia, sobre la manera como esta historia Caribe de nuestra patria se fundió en España con otras costumbres milenarias, cuánto aportó la América toda a la renovación del viejo continente. Total, que lo entendimos como una deuda pendiente a la hora de definir nuevos planes de gestión, la tarea de investigar, difundir y darle fuerza a ese intercambio de saberes tan significativo, a esos préstamos culturales de los cuales seguimos y seguiremos hablando. Armar equipos de trabajo calificados para profundizar en tal labor, sería uno de los principales objetivos en el esplendoroso comienzo de un Ministerio de la Cultura arraigado en las fortalezas del pueblo creador. Así como Europa, también África con su hálito vital, debía ser motivo permanente de estudios y reclamos para la comprensión verdadera de la patria grande de América, llena de tesoros humanos vivientes.

Nunca imaginamos que al completarse una década de aquel recorrido a distintas regiones de España y en fecha posterior a la siembra de una Casa Museo de Venezuela en Beas, otra vez crecería llameante el interés por este tema de la relación cultural entre los dos países. Un viejo amigo que conocimos como parlamentario en el año 1994, y con quien llegamos a compartir planes de intercambios culturales mientras se desempeñaba en Washington como embajador de los Estados Unidos, nos pidió estar a su lado para darle forma a la creación de un Centro de la Diversidad Cultural en Madrid. Nos referimos al infatigable Bernardo Álvarez, quien después de su exitoso desempeño diplomático en Norteamérica, es designado Embajador ante el reino de España, y con él, de nuevo la cultura llega a ocupar sitio significativo en una gestión de gobierno. En Washington nos abrió las puertas para llevar adelante un fructífero acuerdo con el Smithsonian Institute, entre diversas actividades, y en el significativo tiempo de España, nos unimos en un esfuerzo indetenible para darle forma a esta propuesta que encuentra asiento definitivo en la calle Hermosilla 58 del Barrio Salamanca, muy cerca del Paseo de La Castellana en Madrid.

Más de diez mesas de trabajo sostuvimos, tanto en la capital española como en Caracas, para abonar el terreno. Fueron días intensos y se logró que numerosos artistas venezolanos, especialmente músicos y cantantes, residenciados entre diferentes provincias de aquella región ibérica, se comprometieran en el propósito que apuntaba a un radio de acción más amplio de intercambio con toda Europa. Se proponía darle cabida a numerosas expresiones de arte de América Latina y El Caribe, como un espacio cultural común entrelazado por las más ricas herencias culturales de origen europeo, africano e indoamericano. Eso sí, resaltar sobre todo los rasgos distintivos de nuestros oficios e identidades. Con el calor del pueblo que crea, hacer del Centro de la Diversidad Cultural en España, una referencia distinta de gestión gubernamental, verdadero sentimiento de una revolución, ese era el norte. Alguien como Bernardo Álvarez, con una visión profunda del significado de nuestras raíces culturales, lo entendía así, y por supuesto, no desmayamos en el propósito de contribuir a materializar este nuevo sueño.

Casualmente, en aquellos días en Caracas, estaba fresca la huella de una exposición monumental, distribuida en tres salas del Museo de Bellas Artes. Se basaba en la riqueza de numerosas colecciones patrimoniales y en la obra de tantos investigadores que desde el año 1946 se juntaron aquí para estudiar la sabiduría de los pueblos de los que venimos, su espiritualidad, sus creaciones materiales, extraordinaria herencia que se atesora en el Centro de la Diversidad Cultural con sede en Caracas. Venezuela: Orgullo de ser y visión de futuro. Una muestra que contenía importantes textos geo-históricos y temáticos para explicar cómo en veintiocho lenguas distintas del país, dividido en seis grandes regiones, se mantiene viva una suma de tradiciones, poco conocidas por la mayoría de la población. Más de cuatrocientas fotografías, infografías varias, decenas de videos y una suma de testimonios complementaban la exposición con más de cuatrocientos objetos etnográficos de suprema esencia, contabilizando el arte popular, la artesanía, la cerámica, los ajuares, la economía doméstica, los equipos de labranza, de caza y de pesca, la indumentaria y los accesorios personales, juegos, juguetes, medicina, curación, salud, higiene, religiosidad, magia, ritual, tejeduría, transporte, acarreo, y lo más destacado de las colecciones, los instrumentos musicales de los pueblos originarios y de influencia hispanoárabe y africana.

¿Cómo llevar aquella colosal muestra a Madrid? sería la interrogante. Ese era el primer deseo, dar a conocer a través de ese título “Venezuela: Orgullo de ser y visión de futuro” las particularidades de nuestra diversidad cultural extendida entre distintos límites del país. Indudablemente los setecientos metros cuadrados de los dos pisos en la calle Hermosilla 58, eran insuficientes, y no había mucho tiempo para asociarnos a otros organismos de la capital española interesados en el tema, pero no nos desanimamos, y el nuevo desafío estaría en sacar el máximo provecho a la producción de un programa multimedia interactivo que recogiera la esencia de la exposición exhibida en el Museo de Bellas Artes de Caracas, a través de un ejército creativo. Así se hizo, y además de ocupar con objetos etnográficos, fotografías y textos los cuatrocientos metros de planta baja de la nueva sede española para el Centro de la Diversidad Cultural, se amplió con la máxima información toda la posibilidad de uso del recurso audiovisual, así el visitante europeo podía identificar de inmediato las particularidades de nuestras culturas de tradición en los andes, los llanos, guayana, oriente, occidente y el centro del país, escuchar la voz de los protagonistas, su música, sus cantos, en pocas palabras, enamorarse de una Venezuela plural. Satisfactoriamente se cumplió la tarea.

Con exactitud fue un viernes 14 de junio del año 2013, en horas del mediodía, cuando uno de los principales colaboradores del proyecto, el Canciller Elías Jaua Milano, junto a los embajadores de Venezuela en Europa y representantes del gobierno español, dio por inaugurada esta sede de la calle Hermosilla de Madrid, como Centro de la Diversidad Cultural de Venezuela. Bernardo Álvarez, en aquel momento destacó: “Queremos que este Centro se constituya en un nuevo espacio de encuentro entre los pueblos de España y Venezuela, un espacio de reconocimiento mutuo y profundo entendimiento, un espacio para colaborar, para compartir experiencias y conocimientos, que ayuden a estrechar aún más los lazos históricos que nos unen”. Cumpliendo con su palabra, dos días después, con una importante delegación de los Diablos Danzantes de Corpus Christi, marchamos hacia el territorio de Castilla-La Mancha, para ser testigos de otro suceso histórico. A partir de la adoración al Santísimo, por vez primera en siglos, los practicantes del culto a Corpus Christi en Venezuela, junto a los de la población manchega de Camuñas, Pecados y Danzantes, podrían compartir experiencias sobre el significativo acontecimiento. Sentimos entonces que el Centro de la Diversidad Cultural de Venezuela en España iniciaba su marcha por un camino apropiado: el positivo reconocimiento de la variada forma en que los pueblos expresan sus culturas ancestrales, para el fomento del diálogo, la paz, y la promoción de los derechos humanos. Quedarían pendientes las nuevas acciones a seguir en la misma dirección del novísimo comienzo.

Acto de Inauguración del Centro de la Diversidad Cultural de Venezuela en Madrid. 2013
Credito: Ángela Collins




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Benito Irady

Escritor y estudioso de las tradiciones populares. Actualmente representa a Venezuela ante la Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial y preside la Fundación Centro de la Diversidad Cultural con sede en Caracas.

 irady.j@gmail.com

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