La "gran prensa" norteamericana critica a Bush por falta de reflejos y liderazgo ante desastre en New Orleans

El presidente George W. Bush recorrerá hoy las zonas afectadas por el huracán Katrina. Pero haga lo que haga y diga lo que diga, le será muy difícil revertir el tremendo malestar provocado por la lentitud y la falta de decisión con que reaccionó frente a una de las catástrofes naturales mas trágicas de la historia de Estados Unidos.

El mandatario volará primero a Mobile, en Alabama, y desde allí partirá en helicóptero hacia el estado de Mississippi. Luego sobrevolará la zona de Nueva Orleans.

La mayoría de las personas más afectadas por el huracán son miembros de la comunidad afroamericana que viven por debajo de la línea de pobreza y que no tuvieron los medios necesarios para poder cumplir las órdenes de evacuación.

Muchos terminaron refugiándose en el estadio Superdomo de Nueva Orleans, donde ayer, tres días después del huracán, todavía no tenían ni agua ni comida. Se comprende entonces por qué los primeros periodistas que llegaron al lugar salieron totalmente shockeados. "Aquí hay muertos, hay niños deshidratándose. Hay sed, hambre. Jamás en mi país he visto algo igual. Aquí están los sectores más pobres y nadie se está ocupando de ellos. No hay saqueadores. Se trata de gente desesperada que tiene hambre", gritó un camarógrafo de una cadena de televisión. A los pocos minutos salió el alcalde de Nueva Orleans, Ray Nagin, a pedir ayuda desesperadamente. "La gente se está muriendo", clamó, y agregó que dentro y en los alrededores del Superdomo había unas 25.000 personas.

Bush tardó 24 horas en pronunciar su primer discurso sobre las trágicas consecuencias del huracán. Cuando finalmente habló, se refirió a Irak (la muerte de 1.000 peregrinos shiítas). Lo que dijo fue tan pobre que en vez de crear confianza entre las víctimas provocó más angustia. El diario The New York Times, en su editorial de ayer, lo atacó sin piedad y dijo que había sido "uno de los peores discursos de su vida". "Nada en la actitud del presidente, que parecía despreocupado hasta la indiferencia, indicaba que comprendía la profundidad de la crisis", opinó el matutino en una columna titulada "A la espera de un líder".

Además, Bush no visitó las ciudades afectadas; sólo sobrevoló algunas zonas damnificadas, luego de suspender sus extensas y polémicas vacaciones en su rancho de Texas.

El presidente leyó una larga lista de cosas que según él habían sido entregadas a la víctimas: miles de libras de hielo y comida y generadores eléctricos. Pero ayer ninguno de los refugiados en el Superdomo había tenido acceso a un poco de agua potable. Y la violencia y los saqueos continuaban. Pese a que Bush había prometido el envío inmediato de 10.000 guardias nacionales adicionales, los refuerzos comenzaron a llegar recién ayer por la tarde.

Y el otro gran diario del país, The Washington Post, señaló: "Para Bush se trata no sólo de un desafío en el terreno energético sino, especialmente, en el de su liderazgo en momentos de desastres". La crisis, agregó, representa "un nuevo desafío" para el presidente norteamericano.

El jefe de la Casa Blanca pidió luego a las víctimas que sean pacientes mientras esperan ayuda. Pero hay cosas que no esperan. Mientras que se escuchaban las palabras del mandatario, una mujer tenía a su bebé en las calles de Nueva Orleans asistida por soldados. Y un anciano moría en brazos de su hijo.

Ante el temor de que los daños causados por el Katrina en el Golfo de México provoquen escasez de petróleo y un aumento aún mayor de los precios del combustible, Bush también pidió a los norteamericanos: "No compren nafta si no la necesitan."

No hay dudas de que ante la gravedad de la crisis, si los recursos —ya sean financieros como militares— escasean, la gente volverá a preguntarse por qué Estados Unidos sigue en Irak.




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