Alí y Benny: Los reyes del cartel

Publicado originalmente en Últimas Noticias el Domingo 15 de Febrero de 2004.

Era prácticamente un ídolo porque aquella voz convicta y confesa era como la única que se alzaba contra el desamparo, y todo un pueblo esperanzado se entorchaba a su canto, que era una manera de decir “presente”.

Por eso el modelo era Alí, lo inalcanzable era Alí y uno de los sueños era cantar como Alí, pues no había muchos cantores como él, creadores como él, osados como él, que de tan contestatario parecía que se inmolaba cada día por nosotros.

Nadie se explicaba entonces cómo era que sin aparataje publicitario, ni mánager, ni agentes de mercadeo internacionales, no había cómo entrar a un concierto de Alí, de tan llenos que estaban.

Bastaba un cartel pegado a un poste con la fecha y la hora.

Ojo, ni siquiera pancartas. Y Alí llenaba.

Por su conciencia y con su voz transformada en periódico insurgente (el silencio clasista en los medios de comunicación no es nada nuevo) conocimos nombres como los de Carlos Bello, José Uribe, Alberto Lovera, Libia Gouverneur, Tania, el Tío Ho, Ángela Davies y Carlos Fonseca Amador, entre otros.

Con el tiempo se vino a comprender su frase: “será panfletaria, pero milito con ella” para agregarle un valor que tenía y del que pocos se daban cuenta:
el amor.

¿Qué es ‘Humanidad’ sino un canto de amor infinito?
Con el tiempo Alí Primera delinearía un canto romántico, pero de un romanticismo militante, en el que la frase amorosa individual tenía contexto social. Ejemplos claros son: Amor en tres tiempos, Los dos pichones morenos, Estar cerca del riachuelo, Frutal de amor, Blanquísima gaviota, Amarnos en el agua y, sobre todo, Cuando llegue el tiempo de soñarte.

Esos temas deben ser tan estudiados como los de su amor global a la manera de Zapatos de mi conciencia, La patria es el hombre, Cuando nombro la poesía, y Canción mansa para un pueblo bravo.

Mañana, 16 de febrero, cuando se arribe a los 19 años del trágico fallecimiento del cantor de la patria buena, ojalá podamos detenernos en lo que hizo conocer como necesario:
La búsqueda de la identidad (El gallo pinto de don Pío Alvarado, Un Warao, Reverón, La canción de Luis Mariano...) El honor de la historia cierta (José Leonardo, Canción cumanesa, Borincana, La guerra del petróleo...) el compromiso con la madre patria (Perdóneme tío Juan, Techos de cartón, No basta rezar, Tu palabra, Abrebrecha, La soga, Falconía...) y el amor individual, no como acto de egoísmo sino complemento solidario de la vida.

Y el Benny El próximo jueves, 19, se cumplirán los 41 del fallecimiento del Benny, Benny Moré, otro militante del canto y del tiempo (parafraseando al querido Argeliers León). Y es que al Benny no se le podrá analizar nunca sólo a través de su producción discográfica y su voz. Hay que entrar en la intencionalidad de su canto para el momento en que le tocó cantar.

La irreverencia del nacido en Santa Isabel de las Lajas obedeció al entorno social, racial, político y cultural de la Cuba de la década de los veinte, treinta, cuarenta y cincuenta.

Del triunfo de la revolución cubana en 1959, a la muerte del “Bárbaro” en 1963, transcurrieron sólo 4 años, y en ese lapso, Benny no hizo nada ambiguo, no traicionó ni su raíz ni a su pueblo, al que nunca midió en dólares ni en centimetraje de farándula. Algunas citas en torno a él son necesarias.

Por ejemplo, Nicolás Guillén sentenció: “En Benny había además otro mérito, un mérito inmenso y definidor:
su cubanía. No sólo la de su arte, que era profunda y de buena ley, sino esa otra que lo mantuvo al lado de la revolución, sin claudicar ante el yanqui ni rendir parias al becerro de oro. Todo el mundo conoce que hubo más de un artista, hijo del pueblo, que no pudo resistir la tentación capitalista y ahuecó el ala rumbo a mercados más ‘sólidos’ . Benny, no.

Él permaneció junto a Cuba...

porque había una correspondencia profunda entre aquel hombre de tan directa sensibilidad popular y las angustias, las esperanzas, las luchas y victorias de su gente”.

Pablo Milanés, por su parte, ha señalado: “Benny representaba mucho no sólo desde el punto de vista técnico o musical.

Si le damos una explicación política a la personalidad de Benny Moré, ella representó la resistencia cultural de nuestro país a la penetración foránea en nuestra música, en nuestra cultura de aquella época.

Benny representó una resistencia política”.

En esa trayectoria digna estuvo también el canto del amor. Busque el dúo de Benny con Pedro Vargas en Obsesión, con Alfredo Sadel en Alma Libre, o sus magistrales interpretaciones de Mucho corazón, Hoy como ayer, y la de su tema Oh, vida.

Alí Primera y Benny Moré marcan coincidencias. La principal, la identidad con sus pueblos y a ella se deben agregar la solidez interpretativa y, por supuesto, el amor. Los dos fallecieron un febrero para nacer a la gloria, que la querencia ya la tenían.

Se lesha llorado con lágrimas mojadas. Se les sigue cantando, y queriendo, sin que medie en ese acto de amor popular el artificio mediático o la campaña publicitaria. Alí y Moré conocieron en su momentoel silencio de los medios de comunicación en torno a ellos. Pero fueron los reyes del cartel, porque bastaba uno pegado en un poste con indicación de fecha, hora y sitio para que la alegría de la gente plenara esos espacios.

“Pa’ bachaco, chivo”. Sigue siendo así.

lilrodriguez@cantv.net


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Lil Rodríguez

Periodista. Defensora de los valores culturales venezolanos y latinoamericanos.

 lilrodriguez@cantv.net      @lildelvalle

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