Miguel Otero Silva, 100 años

Él, Miguel Otero Silva, barcelonés mundial, periodista, escritor, poeta y comunista. Un roble, pues. Ella, María Teresa Castillo, de la tierra de Ezequiel Zamora, Cúa; periodista, luchadora estudiantil, comunista y campeona cultural. Una flor de araguaney. Y dice uno: con tanta concatenación entre dos seres humanos, es lamentable que, a pesar de tanto amor, nazca una espina. ¡Fenómeno de la naturaleza! que, a veces, también escucha los “cantos de ballena” del coro infernal. Y claro está, en Miguel y María Teresa no había consanguinidad. Entonces ¿por qué?

Bien, el fenómeno como tal tendrá su destino en la extinción. En cambio los cumpleañeros que son ella y él, los intelectuales que lograron amarse tanto, vivirán en las huellas que dejaron. Ella trece días antes que él, acaba de cumplir 100 años. Cien primaveras, luego que los mejores transcurrieron entre clandestinidades, cárceles y persecuciones. Pero valió la pena, ya que contribuyó con el despertar del pueblo de la tan larga noche gomecista.

Miguel, el camarada MOS, cumplirá la centuria el próximo 26 de los corrientes. Lo que es lo mismo: el 26 de octubre del corriente año, pues Miguel nació en nuestra Barcelona el 26-10-1908. Aquel jovencito, desde niño, fue un conocedor de los remansos y riberas de su rio Neverí. Quizás los más conocidos e importantes intelectuales y muchos de sus amigos sin esas cualidades, jamás se enteraron que el primer poema de MOS jovencito, fue dedicado al río Neverí, cuando le cantó a las “corrientes cristalinas de los primeros biberones…”. De tanta poesía que le salió de joven añoranza, que aquella inspiración nos la tarareó, a oídos de Arístides Bastidas, 40 años después de la primera entonación. Inquieto en sus sanos sentimientos, el joven estudiante no se conformaba con las novedades artísticas de la ciudad. Le cantó al minero campesino, hombre del “surco y el carbón”. Al ferrocarrilero de las huyeras de Naricual. Los domingos de excursiones, era uno de los primeros jóvenes que abordaba el ferrocarril Barcelona-Naricual-Las Minas.

Alma de poeta, mientras el resto de la muchachada se divertía y refrescaba en las aguas cristalinas del río Las Minas, afluente del Neverí, el joven bardo armonizaba con los lugareños y, de casa en casa, con los niños campesinos, inspiración de otro de sus cantos, cuando hizo amistad con dos jovencitos uno indio, Juan Martínez, y el otro negro, quien esto escribe con orgullo y fue el “…niño harapiento…con los rasgos ariscos del negro”.

Con la anuencia y paciencia de quienes nos leen, reproducimos parte del Poema de Miguel Otero Silva dedicado al niño campesino:

“La choza enclenque y parda lo acunaba en su puerta…era un niño terroso que miraba el barranco…Uno cualquiera de los cien mil niños que nacen en las chozas marchitas de mi tierra…Era un niño poeta, yo lo había presentido en los ojos profundos. ¿Pero no tienes miedo?... Y me habló con la voz jactanciosa del negro…Después le hablé del palpitar del río…y del verde bravío de la montaña…Sirvióme agua de la tinaja grande y cuando me marchaba me tendió la sonrisa fraterna de los negros…Yo descendí la cuesta desbandando mi palomar de angustias por los niños poetas, por los niños pintores que nacen en las chozas marchitas de mi tierra…”

Por grande en la lucha por la paz, Miguel; por tu Canto al Niño Campesino; por lo humano que fuiste, aún te brindamos la sonrisa fraterna de los negros. Y ahora sí, como tú lo pedías:

Patria, Socialismo o Barbarie…Venceremos!

*pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez*


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