Quinta lección (V):

El legado de los vencidos de la Comuna es vencer hoy a la burguesía mundial y su civilización

“Y nosotros exclamamos: ¡La revolución ha muerto! ¡Viva la revolución!”,
Karl Marx en La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850, cap. I.


“¡No somos nada, seámoslo todo!”,
Eugène Pottier, L’Internationale 


En la historiografía de las clases dominantes y dominadas, en ciertas pasarelas de cuadros intelectuales de derecha, centro e izquierda, un arco de una amplia mayoría han reconocido que en el transcurso de la historia humana, desde la aparición de los estados y las sociedades divididas en clases sociales, hace 5.000 años atrás o más, han sido pocas las experiencias revolucionarias triunfantes[25]. Esto es una verdad objetiva. En términos generales, los ricos y poderosos son los que han vencido, prosperado y prevalecido. Y las pocas resistencias han sido poco menos que victorias episódicas, parciales, pasajeras, trágicas, cuando no pírricas.

El sentido común conservador se alimenta de esto y la ciencia que hace suya el lema de “triste pero cierto”, también lo reconoce. Ni reír ni llorar, comprender, es la divisa. Sin embargo, la teoría marxista de la crisis no se somete a la dictadura de los hechos ni a la resignación subjetiva travestido de objetividad, sino que contempla el juego de probabilidades de la lucha de clases viva y los sistemas complejos de funcionamiento tales como la civilización capitalista en el planeta Tierra, en tanto objeto de análisis y transformación social radical.

Así pues, muchos dirán que no hay que sobrevalorar la primera revolución socialista moderna y su derrota estruendosa prematura, a lo sumo, dicen, de lo que se trató fue de una micro resistencia plebeya pasada a la historia como la Comuna de París de 1871 y su fugaz existencia en una ciudad capital europea por menos de tres meses, menos de 72 días. ¡Nada en tiempos históricos! Nos dicen los supuestos científicos y epistemólogos, que increpan al enunciado marxista-leninista acerca de los días que sintetizan décadas y, tal vez, siglos. De nuestra parte, los socialistas científicos, no podemos menos que replicar con el grito mexicano de guerra de 1994, en pleno triunfalismo del “fin de la historia” del think tank neoliberal, Francis Fukuyama, con signos de admiración de Marx sobre la muerte objetiva y vida subjetiva de las revoluciones francesas y comuneras: ¡La utopía ha muerto! ¡Viva la comuna planetaria, cabrones!

Amparados en la objetividad de las derrotas y proceso de barbarie, hay sectores ecólogos y de izquierda de la pequeña burguesía radicalizada que suelen teorizar desde la atmósfera de la droga del pesimismo y nihilismo, el derrotismo y el escepticismo. Estas franjas plantean cierto utopismo de la redención de los oprimidos, con una transición facilista y pseudo científica. Incluso, la filosofía burguesa de la ciencia tradicional desde la posguerra, suele refutar las predicciones y probabilidades de la teoría marxista de la crisis, los postulados hipotético-deductivos e inductivos de la misma, refutándola como teoría científica dinámica de la historia, en vez de ello, afirman que se trata de una ideología-filosofía historicista de cuño modernista hegeliano. Así pues, el epistemólogo falsacionista, de manera inconsciente y corto de miras, defenestraría no solo de la teoría de Marx sino también de la práctica de la Comuna de París de 1871.

En La sociedad abierta y sus enemigos (1945, Vol. II), el filósofo liberal, Karl Popper, señala respecto a la Comuna, que Karl Marx no tenía un proyecto de ingeniería social por la vocación analítica de su método descriptivo, pero que, en últimas, seguiría preso de una dirección teleológica de la historia y fines revelados, las pretendidas leyes y profecías holistas que a la postre resultaron falsas. (Usando el lenguaje de Marx frente Proudhon, el austríaco escribió en el 43-44 La miseria del historicismo). Esto quiere decir que, más allá de la experiencia inmanente “sin plan” de los comuneros, sería algo a posteriori construido por sus discípulos y explotado por el bolchevismo, luego por la burocracia soviética totalitaria y su dogmatismo, acerca del tópico de la imposibilidad de reformar la sociedad burguesa con una tecnología socialista gradualista, tan anhelada por Popper y su espíritu anti historicista:
“Puede hallarse un pasaje de sumo interés en el que Marx expresa su antiutopismo y su historicismo en La guerra civil en Francia, donde Marx expresa aprobatoriamente sobre la Comuna de París de 1871: «La clase trabajadora no esperaba milagros de la Comuna. No tienen ahora ninguna utopía prefabricada destinada a ser introducida por el decreto del pueblo. Los trabajadores saben que para alcanzar su emancipación y con ella las formas más altas a que nuestra sociedad actual tiende irresistiblemente…, deberán sufrir largas luchas a través de una serie de procesos históricos, transformando circunstancias y hombres. Carecen de ideales que poner en práctica, pero sólo tiene que liberar los elementos de la nueva sociedad que la vieja y caduca sociedad burguesa lleva en sus entrañas». Hasta cierto punto Marx estuvo justificado al negarse embarcarse en la ingeniería social…Lo lamentado es que haya apoyado esta sólida intuición política sobre un ataque teórico contra la tecnología social [reformista], pues ello sirvió de excusa a sus adeptos dogmáticos para perseverar en la misma actitud cuando las cosas ya habían cambiado y la tecnología se había tornado políticamente más importante [¡!] aún que la organización de los trabajadores” (p. 738, nota 21, cap. 24).

Asimismo, Popper sostiene que el significado filosófico-político de lo común(ista) del naciente partido de trabajadores de Lenin y Trotsky (el PCR, antes el PSDR y su etiqueta social demócrata), no se debió a homenajear la Comuna parisiense del 1871, tal y como sostuvo el historiador Arnold Toynbee en su extenso estudio de las civilizaciones A Study of History (Vol. VI), sino más bien, increpa Popper, se debió al Manifiesto comunista de 1848 y la Liga de los Comunistas (p. 770, nota 47, cap. 24) en los procesos revolucionarios de Europa y su Primavera…entre ellas, la francesa. ¡Cuán equivocado estaba Popper sobre nuestra tradición comunera frente a la sanguinaria burguesía y la memoria sobre las víctimas de nuestra clase! ¡Hipocresía liberal burguesa de su panegírica “sociedad abierta”[26]!

Pensando con cabeza fría, si primaran más los triunfos de los de abajo en la sociedad de clases existente, esto implicaría dos cosas: primero, negar y dar la espalda a la realidad, a la determinación material y necesidad del desarrollo de las civilizaciones humanas complejas, el mal necesario de que existieran clases sociales, segundo, una ingenuidad sentimental según el cual, los ‘buenos siempre ganan’, más no ‘los más fuertes’. Debido a nuestra ética y principios, no podemos aceptar la filosofía positivista que nos dice que ciertos episodios (por ejemplo, la Comuna de París de 1871) no prueban nada y que no son una fuerte evidencia empírica, cubriendo con ello la espalda a los logros de la burguesía y haciendo una apología inconsciente de ella y su obra “maestra”, su civilización moderna. Marx, al analizar la Comuna, escribió: “la clase obrera puede mofarse de las burdas invectivas de los lacayos de la pluma y de la protección pedantesca de los doctrinarios burgueses bien intencionados, que vierten sus ignorantes vulgaridades y sus fantasías sectarias con un tono sibilino de infabilidad científica”[27] (Cap. III, p. 73).

La intelectualidad burguesa, incluida la que posa ser parte o de hecho es de cierta comunidad científica, es bastante superficial en la lógica de los procesos sociales históricos y no entiende la sofisticación de una dialéctica histórico inmanente de victorias y derrotas de la lucha de clases de los trabajadores, que incluso, pudiera ser comprendida en la lógica de las conjeturas y refutaciones de la teoría marxista de la crisis, la revolución y la resolución. Hay que recuperar, entonces, la cientificidad del materialismo militante, por ende, la politicidad del movimiento obrero y socialista, su inserción social. Los valores del bien común, la verdad y la acción, no como entes abstractos en sí, sino correspondidos por las clases y el trabajo científico y político con las masas, la cognoscibilidad de la sociedad y la naturaleza.

La cosmovisión científico materialista de la historia humana y el universo lo es, no por promesas y profecías más o menos delimitadas como predicciones probabilísticas, cuantificadas, concretas y falibles. Lo contrario parece ser entonces la verdad, porque, más bien, al basarse en el pasado de otras civilizaciones y sociedades, en el saber de todas las ciencias (naturales y sociales, formales), proyecta un futuro abierto e incierto: o la barbarie o el socialismo, con varios escenarios abiertos pero acotados y procesos en curso, sociales y barbáricos, abiertos a discusión pública de masas y vanguardias gremiales, políticas, intelectuales y científicas, ajustadas, según las peripecias de la lucha de clases.

La teoría-praxis marxista de la crisis, si bien debe romper con rezagos de los socialismos utópicos y pre-científicos en estos tres siglos, tales como: el optimismo antropológico de una naturaleza humana bondadosa rousseauniana, el estadio futuro moderno sin ninguna contradicción socioecológica y abundancia marxiana y liberal hegeliana, el mesianismo milenarista benjaminiano y centurista, el voluntarismo gramsciano y foquista ultraizquierdista, el futurismo tecnológico y distópico, la historias vulgares desde abajo de los vencidos y el posibilismo electoral en boga. No por ello, el marxismo revolucionario y su filosofía de la ciencia, deben abandonar el elogio y conmemoración del significado transhistórico y lecciones político-estratégicas de gestas y audacias de la clase trabajadora empezadas con el triunfo primaveral de la Comuna de París. Memoria para las revoluciones proletarias y contrarrevoluciones burguesas que están por verse y vivirse, que se respiran en el horizonte brumoso. “La bandera de la Comuna es la bandera de la república mundial”, escribió el amigo Friedrich Engels en la introducción de 1891 a La guerra civil en Francia (1871).

Para finalizar, debemos emular y cualificar el método científico y estilo literario de Karl Marx en los tres manifiestos de La guerra civil en Francia de 1871 y 1881, sus análisis politológicos-económicos de La lucha de clases en Francia 1848-1850, la introducción de balance de Engels de 1891 y las declaraciones fugaces de la Primera Internacional de la AIT sobre la Comuna, más allá de la pluma encomendada al servicio de la causa de Marx. En estos hilos de continuidad, de igual manera, emular en la teoría y en el tesón de la práctica política, a sus discípulos más lúcidos, Lenin y Trotsky, los cuales vieron el triunfo de la Comuna y de los Soviets como una posibilidad de vengarse, de redimir a los condenados de la tierra y liberarse de la sociedad de clases y su estadio presente, la civilización capitalista.

Trotsky señaló expresamente que, sin haber estudiado la revolución francesa (burguesa y obrera comunera), los bolcheviques no habrían podido dirigir la revolución rusa a buen puerto. La metáfora babilónica de tomar el cielo por asalto expresa esto. El mayor logro de ellos sería, sin duda alguna, Vladimir Ilich Lenin, en tanto científico político y estudioso apasionado de la Comuna, en textos profundos y directos de prensa de 1903, 1907 y 1911, fue el mejor alumno de Marx, pues en su momento polemizaría con el “marxismo” conservador, libresco ruso y alemán, que empezaba adaptarse a la democracia burguesa o, peor aún, al espíritu de secta (cualquier parecido con el presente, es coincidir).

Para retornar el inicio de este texto, la alusión y alerta sobre las efemérides y aniversarios, el Lenin comunero haría las siguientes lecciones metodológicas sobre el método vivo de Marx en sus carteos acerca del proceso en curso sobre los osados de la Comuna de París de 1871, cuya posibilidad por delante podría ser, más aún, juramos luchar con rabia, al decir de Nahuel Moreno, por una Federación Socialista de Repúblicas Comuneras a nivel mundial en el siglo XXI, que derroquen a la burguesía terráquea y su presidio de los pueblos trabajadores:

“En septiembre de 1870, Marx calificaba la insurrección de locura. Pero, cuando las masas se sublevan, Marx quiere marchar con ellas, aprender al lado de ellas, en el curso de la lucha, y no darles consejos burocráticos. Marx comprende que los intentos de prever de antemano, con toda precisión, las probabilidades de éxito, no serían más que charlatanería o vacua pedantería. Pone, por encima de todo, el que la clase obrera crea la historia mundial heroicamente, abnegadamente y con iniciativa. Marx consideraba a la historia desde el punto de vista de sus creadores, sin tener la posibilidad de prever de antemano, de modo infalible, las probabilidades de éxito, y no desde el punto de vista del filisteo intelectual [opinión prejuiciosa y pedante pequeñoburguesa] que viene con la moraleja de que “era fácil prever…, no se debía de haber empuñado…”.

Marx sabía apreciar también el hecho de que hay momentos en la historia en que la lucha desesperada de las masas, incluso por una causa sin perspectiva, es indispensable para los fines de la educación ulterior de estas masas y de su preparación para la lucha siguiente.

A nuestros quasi-marxistas actuales, a los que gustan citar a Marx al tuntún [cuántos energúmenos “ortodoxos” hay hoy así, rebuznan por ahí], con el único fin de utilizar su apreciación del pasado y no de aprender de él a crear el futuro, les es completamente incomprensible, incluso ajena en principio, semejante manera de plantear el problema”[28].
 

Notas


[1] Da Silva, W. (2021). 1º de maio no mundo: revolta contra a crise, luta pela vida e repressão. PSTU Brasil – Opinión Socialista (prensa).

[2] Madrid, A. (2021). Un estudio del FMI prevé una oleada de estallidos sociales. Diario La Vanguardia.

[3] Robert, M (2021). La economía de la Comuna de París. En la Website de la LIT-CI y fuente de The Next Recession (Blog).

[4] Lenin, V. (1911/2000). En memoria de la Comuna. Marxist Internet Archive.

[5] Consúltese los artículos Marxism as science: historical challenges and theoretical growth (1990, págs. 777-779) de Michael Burawoy que, contrario a Lakatos, sí muestra la cientificidad del materialismo marxiano-engelsiano y marxista revolucionario. El más reciente texto The Power of Marx-Engels Scientific Research Program and its Fulfilled Predictions: A Note on Heterodox Epistemology de Jesús Muñoz (2019, págs. 65-67), también aborda el asunto. Disponibles en la American Sociological Review (55) y World Review of Political Economy (4, 1).

[6] El marxista revolucionario de origen latinoamericano y dirigente socialista internacionalista, Nahuel Moreno, en su obra La dictadura revolucionaria del proletariado (1979), criticó la visión democrático socialista y mecánica de Ernest Mandel sobre el debilitamiento del estado, el cual, basado en los textos canónicos comuneros de Marx, Engels y Lenin, pero adaptado al flanco de izquierda del eurocomunismo en Europa en su crítica del totalitarismo stalinista, no hizo sino absolutizar las libertades democráticas.

Atreviéndose a cuestionar la doble autoridad, Moreno sostuvo que, en la crisis capitalista mundial y la revolución mundial, el estado obrero transicional se fortalecería al máximo a nivel estatal-político-económico-La revolución traicionada: ¿Qué es y adónde va la URSS? (1936), enriqueciendo la teoría marxista de la revolución.

Naturalmente, los críticos de Moreno, como Aníbal Romero, verían en esto una justificación teórica y herejía de supuesto apoyo crítico a las burocracias stalinistas del siglo XX y embellecimiento de sus estados. Con todo, lo cierto es que, frente al problema práctico de la transición civilizatoria y la no burocratización, la historia y las ciencias aún no han dado su veredicto.

[7] Marx, K. (1871/2003). La guerra civil en Francia. Fundación Federico Engels.

[8] Fernández, B; Pastoriza, X (2020). “Entrevista a Enzo Traverso: “Se puede reconocer el papel de Trotsky y asumir su herencia críticamente”. En: Revista Viento Sur (173, pág. 103).

[9] Trotsky, L. (1921/2001). Las lecciones de la Comuna. Marxist Internet Archive.

[10] Trotsky, L. (1924). Lecciones de Octubre. Marxist Internet Archive.  Y Ricci, F. (2017). 1871-1917: ¿Por qué los bolcheviques estudiaron la Comuna de París para hacer el Octubre? . Website de la LIT-CI.

[11] Trotsky, L. (1906/1921). Treinta y cinco años después, 1871-1906. Centro de Estudios Socialistas – Centro Marx.

[12] Op.cit., nota 7.

[13] Acerca de los factores de crisis y la causalidad, consúltese Huelga mundial por el clima, la ciencia alerta, el capitalismo está llevando al colapso ambiental (Jefersón Choma, 22/3/2021, Website LIT-CI) y La izquierda y la clase trabajadora ante el colapso social y ecológico del capitalismo (Juana Ceballos, 2/8/2019, Website LIT-CI), que realiza una crítica marxista del colapsismo y su ideología pseudocientífica.

El segundo texto de Ceballos incurre en dos errores metodológicos gravísimos: la hipótesis general post-abundancia y de escasez relativa, a la fecha, inacorde con el excedente real de riqueza y mercancías realmente existentes y el desarrollo de las fuerzas productivas, exagerando las alarmas de la ecología y ciclos de descenso de ciertos materiales y destrucción ambiental. Y, también, por el otro, pueden ser errados los pronósticos sobre los siglos XXI y ulteriores, sus límites no verificados y futurólogos, hasta el momento, menos probables, pero que hay que tener en cuenta, para ver que la historia está abierta en su desenlace civilizatorio.

[14] Al respecto véase los textos mecanicistas: Colapso: capitalismo terminal, ecofascismo y transición ecosocial (Carlos Taibo, 2017), En la espiral de la energía (Vol. II, 2018, Colapso del capitalismo global y civilizatorio) de Ramón F. Durán y Luis G. Reyes, y La quiebra del capitalismo global 2000-2030 (2011) de los mismos autores quijotes.

[15] Gomes, Américo. (2021). Los aspectos militares de la Comuna de París. Website de LIT-CI.

[16] Los trabajos de historia con fuentes primarias, en especial, aquellos de la tradición marxista revolucionaria que recomendamos ojear, son: El primer gobierno obrero de la historia: los añadidos de Karl Marx a la Historia de la Comuna de 1871 de Lissagaray (Daniel Gaido, 2021) y La Comuna de París de 1871 de Jean Baptiste Thomas (2020). Disponibles en Revista Izquierdas de Chile (50), Historical Materialism Review y Campus Virtual Izquierda Diario. De igual modo, los materiales originales e interpretativos sobre la Comuna de París de parte del Marxist Internet Archive.

[17] Esto nos dice la fundamentación filosófico política pequeñoburguesa radical del espontaneísmo y la “democracia plebeya”, a la luz de tres experiencias sociales, desde una óptica posmoderna neoanarquista: “En los términos de la presunción de igualdad de Rànciere, la Comuna de París, la revolución zapatista y la revolución kurda son ejemplos de política democrática posanarquista en la medida que son ejemplos de cómo comunidades sin voz, multitudes excluidas del sistema político que decía incluirlos cuando no aceptaba explícitamente la necesidad de su opresión, lograron crearse un caso propio, una voz y voluntad propias para sí mismos desde la contingencia de sus propias circunstancias y no mediante la ayuda externa o trascendente de las grandes narraciones políticas y sus esbirros representacionales y representativos” (Alejandro Galindo, Confiar la libertad a sus mayores violadores: comentarios a la utopía liberal de Richard Rorty desde el posanarquismo, 2018, p. 90, Repositorio UR).

[18] Entre otras, están los textos proféticos de la espontaneidad ¿Qué fue la Comuna de París? Democracia directa y socialización radical del poder (Revista Hekatombe, 2021) y Hacia una política prefigurativa. Algunos recorridos e hipótesis en torno a la construcción del poder popular (2007, págs. 163-192) de Hernán Ouviña.

[19] Hernández, M. (2004). Un vendaval oportunista recorre el mundo. Sobre los caminos de la izquierda. Marxismo Vivo # 9 – Primera Época.

[20] Es interesante lo que nos dice Marx en La lucha de clases en Francia de 1848-1850, al nombrar la analogía de Moisés y los primeros hebreos con la crisis de dirección del proletariado. Lo mismo, el carácter pequeñoburgués de Francia y la realización obrera de muchas generaciones y su altura de miras. A la vez, el yerro sobre equiparar la industrialización mecánica de Inglaterra y la revolución socialista, cuestión refutada y corregida en el siglo XX y XXI, en una depuración y sofisticación de la teoría marxista de la crisis y la revolución: “El proletariado se vea empujado a dirigir al pueblo que domina el mercado mundial, a dirigir a Inglaterra. La revolución que no encontrará aquí su término sino su comienzo organizativo, no será una revolución de corto aliento. La actual generación se parece a los judíos que Moisés conducía por el desierto. No solo tiene que conquistar un mundo nuevo, sino que tiene que perecer para dejar sitio a los hombres que estén a la altura del nuevo mundo” (Cap. III, p. 127).

[21] Op.cit., nota 10.

[22] Op.cit., nota 7.

[23] Op.cit., nota 11.

[24] Foster, J. (2017). The Earth-System Crisis and Ecological Civilization: A Marxian View. En: International Critical Thought (Vol. 7, 4, p. 446).

[25] Al respecto el debate de 1984 entre Nahuel Moreno y André Gunder Frank sobre Los sujetos históricos. Archivo sobre Nahuel Moreno de la UIT-CI.

[26] Popper, K. (2006). La sociedad abierta y sus enemigos. Monoskop y Editorial Paidós.

[27] Op.cit., nota 7.

[28] Lenin, V (1907/2004). Prefacio a la traducción rusa de las cartas de K. Marx a L. Kugelmann. Marxist Internet Archive.


Lea la Cuarta lección (IV) aquí: www.aporrea.org/actualidad/a302386.html


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