Canto antoniomachadoiano profundo

Canto antoniomachadoiano profundo, que nace del Cante Hondo (XIV), de Antonio Machado: "Yo meditaba absorto, devanando/los hilos del hastío y la tristeza, /cuando llegó a mi oído, /por la ventana de mi estancia, abierta/… a una caliente noche de verano, /el plañir de una copla soñolienta, /quebrada por los trémulos sombríos/de las músicas magas de mi tierra/…"

Quizás y sin quizás, a buen seguro, si lugar a dudas, y, a ojos vistas, el poeta sitúase a vista de pájaro, entre el hastío y la tristeza, entre los casos límite contradictorios, en los trémulos sombríos polifónicos, entre los hilos de la indolencia y los hilos de la melancolía, entre los hilos de la ociosidad y los hilos de la nostalgia, tanto en el tercio incluso aristotélico profundo, como en el canto antoniomachadoiano profundo. Como en la verdad socrática profunda. Como en la verdad profunda cortazariana, como en la verdad peregrina andarina golondrina ramossucreiana, como en la filosofía hesseniana profunda, como en la verdad hebrea profunda, como en la moral socrática profunda. Como en el centro universal unificado teilhardiano, como en la teoría holística unificada einsteiniana, como en tantas otras partituras ignaras indeterminadas abisales, entre el ser y noser, entre el consciente y el inconsciente, que parten en dos el trecho estrecho arrecho, que provocan el dicho y el hecho, el hecho y el Derecho. Como el punto inflexivo topológico contradictorio difuso romano octaviopaziano, que provoca lo humano y lo divino; que provoca lo justo y lo injusto. Como el punto crucial decisivo, como la partícula partitiva viva, que provoca el cosmos en expansión y el cosmos en contracción, asina asín así, como la partícula inmortal límbica física del ondículo mundo maravilloso del realismo ingenuo einsteiniano y del realismo mágico cervantino, de lo visible y de lo invisible, de ondas y de partículas. Ahí, sí, ahí, entre todos los casos límite contradictorios, la indeterminación profunda védica, que es lo mismo decir, canto antoniomachadoiano profundo. Todas estas elucubraciones intrincadas malvadas para Lógica Elemental Aristotélica, negadora del tercio incluso estagirita, ignorado por mas y más, de tres mil años, y, tocóle su fin del fin del tercio excluso aristotélico, con la voladura de Las Torres Gemelas Neoyorquinas, el 11/09/2001, del desgraciado, que no agraciado, parlamento excluyente georgebushiano: "O estás conmigo o estás con mi enemigo." Y, todo lo que desatóse de semejante culminación oratoria nefanda imperialista norteamericana. Todo lo cual está a buen resguardo en los depósitos de la página web de Aporrea. Y, que ahora ingresa como verdad abisal, el canto antoniomachadoiano profundo.

Que no de otra suerte que como cuando, en el Cante Hondo (XVI), Antonio Machado, recitara: "Detén el paso belleza/ esquiva, detén el paso. /Besar quisiera la amarga, /amarga flor de tus labios." Sin lugar a dudas y a ojos vistas, el poeta sitúase a vista de pájaro, sobre las sirenas cantarinas homéricas, canto XII de la Odisea, que cantábanle al intrépido valeroso prudencial Odiseo: "¡Detén tu nave, hijo de Leartes y Anticlea, ingenio del Caballo de Troya! ¡Ven a escuchar nuestras voces! ¡Ven a escuchar nuestras voces! ¡Ven a escuchar nuestras voces! ¡Detén tu nave y ven a escuchar nuestras voces!" Y, el eco vivo luisbalzaiano abisal, corrió raudo por la cadena de huesecillos de Odiseo, que, cual Nadie, casi rompe el palo de la nave y las amarras a su cuerpo, a que fue sujeto por sus acompañantes compañeros sordos de cerumen en oídos y orejas al encanto de las sirenas homéricas, que el poeta Antonio Machado traducía, y respondía, a encantadoras sirenas diabólicas, amarrado a su mástil, con las orejas rellenas de esperma, que no de sucio, en que situóse y mantúvose en sus trece poético escrutador al escucha de su canción contrarrecíproca socrateiana oceánicas sirenas : "Detén el paso belleza/ esquiva, detén el paso. /Besar quisiera la amarga, /amarga flor de tus labios." Y, seguía más adelante la traducción poética de Antonio Machado, Proverbios y Cantares: Canto (IV): "Mas busca en tu espejo al otro, /al otro que va contigo. Canto (V): "Entre el vivir y el soñar /hay una tercera cosa. /Adivínala." Canto (VI): "Ése tu Narciso /ya no se ve en el espejo /porque es el espejo mismo." Canto (XV): "Busca tu complementario, /Que marcha siempre contigo /y suele ser tu contrario." Canto (LIII): "Tras el vivir y el soñar, /lo que más importa: /despertar." Canto (LXXXIV): "Entre las brevas soy blando; /entre las rocas, de piedra."

Asina asín así, tantos cantos límbicos contradictorios difusos, que el poeta Machado, sucumbe ante el canto y la tristeza, y, del llanto sostenido trascendental, trasciende al llamado empíreo paradisíaco de su lolita poética abismal, que no a las sirenas diabólicas marinas del mal. A lo que Jorge Luis Borges, atiende al canto de su otro yo temporal, como si fuese Oscar Wilde, que cantábale, sin igual y con igual: "El hombre es en cada momento de su vida todo lo que ha sido y todo lo que será." En que Luis Beltrán Prieto Figueroa, respondiérale a Oscar Wilde, y, no dejóse esperar, "Cuanto estoy siendo /resume lo vivido, /una palabra sola /anuncia que seré /cuando deje de ser." Al tiempo que Fernando Paz Castillo, y, con la misma varilla dentro del orejón, no quedóse con ella en la reciprocidad temporal "Es mi gloria mi esperanza /es mi vida mi tormento /pues muero de lo que vivo /y vivo de lo que espero." Poetas parados, con paripé y sin paripé, en equilibrio dinámico dialéctico con el canto antoniomachadoiano profundo.

Con digresión y sin digresión, no cabe duda el tiempo, dentro por dentro, en mi yo, en mi propio yo en mi alma en mi conciencia en mi espíritu, ahí, están las melifluas sirenas encantadoras, a lo que el imperialismo yanqui, el capitalismo ha sabido sacarle la mayor punta de lápiz, como cuando Nadie, supo romperle el único ojo al imperio de Polifemo, hijo de Poseidón y la ninfa Toosa, en la Ínsula de los Cíclopes, el imperio como todos los imperios, encantan engañan amenazan, con sus canciones y su cultura del consumismo, que habrá de poseerse de grandes amarras y buenos palos de buena caña, y, no sucumbir a sus cantos, pues, los excesos del imperio capitalista, y, los defectos del socialismos, han de equilibrarse, en la felicidad bolivariana profunda, contentiva en lo socrático y en la felicidad sextoempiricoiana equilibrada, en el canto antoniomachadoiano profundo.

Mas y más, la borrosidad ha estado presente siempre en los casos límite contradictorios, desde la enciclopedia védica upanisha sánscrita, y su grafía patente, entre el ser y el noser, y en el lienzo pictórico blanquinegro del yin y del yang, asina asín así como en el contradictorio borroso 69 cojedeño, de lo cóncavo y lo convexo, como en la composición hoja legeriana, entre el dicho y el hecho, entre el hecho y el Derecho, en el trecho estrecho arrecho sombrío afrecho denso, del difuminado continuo espectral del canto antonimachadoiano profundo lo espacio temporal dentro.

Si el canto antoniomachadoiano profundo, que nace del Cante Hondo (XIV), de Antonio Machado: "Yo meditaba absorto, devanando/los hilos del hastío y la tristeza, /cuando llegó a mi oído, /por la ventana de mi estancia, abierta/… a una caliente noche de verano, /el plañir de una copla soñolienta, /quebrada por los trémulos sombríos/de las músicas magas de mi tierra/…" Entonces sea dicho que con Jorge Luis Borges: "Hay tanta soledad en ese oro. /La luna de la noche no es la luna /Que vio el primer Adán. Los largos siglos de la vigilia humana la han colmado /De antiguo llanto. Mírala es tu espejo." Ergo vergo sea dicho que la luna es tu complementario, que marcha siempre contigo y suele ser tu contrario. Ergo vergo sea dicho, la luna, fiel compañera de mis caminatas, en las nobles madrugadas solariegas de mi San Carlos de ayer, con Calito García y sus hermosas serenatas. Ergo vergo sea dicho que el canto antoniomachadoiano profundo, ha de estar en la equilibrada felicidad bolivariana de Maduro, primario, que no pringado guidoiano, de Rosa María, de San Carlos de la calle Alegría, la prima de Cilia y María Casilda, entre Tinaco y Tinoquillo. Ergo vergo sea dicho que las similaricadencias tautológicas repetitivas platonianas, no son de coincidencias, sino de pura genética mendeliana, entre Lampos Tinaqueros y Relámpagos Tinaquilleros, en el beisbol de los buenos tiempos.


 



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Miguel Homero Balza Lima


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