Mi síntesis del V Foro Pensar la Ciudad. Homenaje a los 90 años de Fruto Vivas

  • Sobre el rol de los arquitectos en el proceso bolivariano.

Este viernes 30 concluyó el V Foro Pensar la Ciudad, realizado con el apoyo del Museo de Arquitectura MUSARQ, el Colectivo Vivir en la Ciudad, Misión Cultura-Venezuela, ¡Corazón adentro!, y Galería Móvil Social, foro dedicado en esta edición a rendir un merecidísimo homenaje al Arquitecto Fruto Vivas con motivo de estar cumpliendo 90 años de vida.

Quisiera comenzar esta reseña, haciendo alusión a la primera intervención del público durante el conversatorio que tuvo lugar en la tarde del primer día del Foro, luego de escuchar en la mañana la conferencia magistral de Fruto en el auditorio de la Cinemateca Nacional ubicada en el Museo de Arte Moderno, obra del maestro Carlos Raúl Villanueva.

Preguntaba el destacado arquitecto Jorge Castillo, dirigiéndose al maestro Fruto Vivas, palabras más, palabras menos, cito de memoria: ¿cómo explicaba que, durante estos 19 años del proceso bolivariano, existiendo tantos arquitectos inteligentes y con buenas ideas y buenos planteamientos sobre la ciudad y la arquitectura, Fruto haya tenido la suerte de ser llamado, desde el principio del proceso bolivariano, a expresar sus opiniones y a participar profesionalmente, situación que contrasta, aparte de algunos pocas excepciones, con la de la mayoría de los profesionales del país, que han ido quedando cada vez más marginados de todo lo que tiene que ver con nuestra área de competencia?

Considero que es esta una cuestión de fundamental respecto al tema que nos ocupa, pregunta que desafortunadamente quedó sin respuesta en su momento, debido a inconvenientes técnicos que se presentaron en el momento, y que tampoco fue parte de las conclusiones al final del foro.

Evidentemente, no se trata aquí de cuestionar la muy pertinente, merecida y afortunada posibilidad que durante todos estos años ha tenido Fruto de ser llamado a dar su opinión y su aporte profesional sobre muchos de los asuntos que nos conciernen. Derecho que se lo ha ganado no sólo por sus merecimientos profesionales, que son muchos, sino por su trayectoria personal de militante revolucionario a toda prueba. De lo que se trata es de preguntarnos cómo, un proceso supuestamente revolucionario, puede prescindir de los arquitectos como uno de los apoyos fundamentales en la transformación del ambiente construido, importancia que, en términos generales, ha quedado certeramente explicitada por Vittorio Gregotti al señalar que se proyecta para construir (algo que a menudo se olvida en nuestras facultades), y que, a su vez, lo que preside todo proyecto y toda construcción es el definir la forma física del ambiente en función del hábitat humano, entendiendo por hábitat la forma en que los hombres están sobre la tierra. Definición que pone el acento en los aspectos cualitativos y significativos de un proyectar que tiene como centro al sujeto, subraya el carácter necesariamente revolucionario de la proyectación del hábitat humano, y la importancia fundamental de los arquitectos, más aún si de lo que se trata de arquitectura participativa, en la expresión física de los procesos de transformación económica, social y cultural asociado a la transición socialista del país.

No obstante, también a un nivel también general, ya el mismo Gregotti, a reglón seguido de su definición, subrayaba la muy escasa importancia que en la escala de valores de la cultura del capitalismo se atribuye a este papel de los arquitectos en la definición del sentido general del propio ambiente físico, cultura que privilegia siempre, por el contrario, el aspecto cuantitativo y especulativo mercantil de la operación proyectual y constructiva.

Que ello suceda dentro del capitalismo es un hecho completamente explicable. Que esté sucediendo dentro de un proyecto que tiene como meta la transformación socialista de la sociedad, reproduciendo los mismos vicios, y actuando con la misma miopía burocrática cuantitativa y cortoplacista de la IV República, resulta del todo inadmisible.

Dos botones de muestra:

El primero, la casi total ausencia de los arquitectos en la conducción de los organismos de Estado que tienen que ver con las políticas de vivienda y hábitat a todo nivel, situación que tiene, como correlato –incluso en las pocas excepciones que sólo confirman la regla– una falta absoluta de esa voluntad de gobernar obedeciendo que tanto predicara nuestro comandante a partir de Dussel. Poder obedencial que sería imposible sin la voluntad de escuchar y de dialogo amplio, sistemático y permanente, no sólo con los arquitectos de reconocida formación, experiencia y trayectoria revolucionaria con que cuenta el país, dentro y fuera de las universidades, sino con los profesionales de las distintas áreas de conocimiento que tienen relación con la determinación del ambiente construido y natural en general, diálogo e intercambio de saberes que, por otra parte, perdería todo su sentido revolucionario sin la participación orgánica y protagónica central de las comunidades.

A este respecto, habría que preguntarse, por ejemplo, en relación con la trascendental importancia del programa de la GMVV, y en el marco de la necesaria y vital unión cívico-militar, pilar esenciales del proceso bolivariano: ¿Qué pensarían los militares si se designara como jefe de operaciones del ejército a un arquitecto? Situación que, de paso, no es distinta en este momento, a la de otros campos de la vida nacional.

En segundo lugar, hecho que viene a corroborar el punto anterior, la ausencia absoluta, durante el foro, de todos los jerarcas de la burocracia de Estado que nos gobierna en materia municipal o nacional, incluidos nuestros representantes a la ANC, quienes tienen en sus manos la responsabilidad de definir los lineamientos futuros de desarrollo de la nación, que habrán de materializarse en términos del nuevo modo de vida y hábitat socialista. A ello se suma, con igual gravedad, la ausencia casi total de profesores y estudiantes de nuestras universidades, y la ausencia total de los pocos arquitectos vinculados, de una u otra forma, a los proyectos que se han desarrollado durante estos 19 años, tanto de los afines al proceso, como de los que ideológicamente adversan las ideas socialistas que, paradójicamente, son mayoría relativa.

Dado que, en mi experiencia, muy pocos leen artículos de más de dos cuartillas, referiré por separado, en artículos sucesivos, mi apreciación sobre otros de los temas tratados durante el foro.

 

 



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Alfredo Mariño Elizondo

Miembro del PSUV.

 marinoa@cantv.net

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