Colón

Colón era excesivamente farsante, codicioso y manipulador —así lo demuestra hasta la saciedad la historia ignorada por la mayoría— como para que sus compañeros y coetáneos, al igual que muchos historiadores, rindan tributo a su memoria. En la historia, sin embargo, al igual que en los vacíos de poder que llenan los dictadores, hay que rellenar con mitos y falsedades ciertas circunstancias para darle color y coherencia al pasado.

Pero ni América fue descubierta el 12 de octubre de 1492… ni Cristóbal Colón fue el autor de esa epopeya.

El Hermano Nectario María, docto historiador lasallista, ha vuelto a remover un asunto del que se tiene noticias desde hace mucho tiempo y que trae a colación el notable historiador Salvador de Madariaga en su biografía del Descubridor, como puede inferirse a continuación de este diálogo sucedido hace más de quinientos años entre un navegante español, llamado Alonso Sánchez de Huelva, y el mismísimo do Cristóbal Colón, futuro Almirante del Mar Océano.

Alonso Sánchez: Os he llamado recado de que vengáis a charlar conmigo en este momento en que la vida me abandona para revelaros un secreto. He descubierto nuevas y vastas tierras, tal como vos y yo lo sospechábamos, al poniente de las islas de Cabo Verde…

Es interesante aclarar, que las Islas de Cabo Verde, de las que serán exportados la mayor parte de los esclavos que vendrán a Venezuela, están al sur de las Islas Canarias y a la misma altura de Puerto Rico y Santo Domingo. En ese sitio, las corrientes marítimas que desde las Islas Madeira bajan hacia el sur, lo hacen con mayor impetuosidad al llegar a la isla de los esclavos, lo que facilita la navegación de Europa hacia América.

Esta ruta, desde el primer viaje de Colón hasta nuestros días, ha sido el gran camino oceánica, y particularmente en los tiempos de la navegación a vela, ya que a la fuerza de la corriente se añadían los vientos alisios soplando fuerte y continuamente hacia el Nuevo Mundo.

La intención de Alonso Sánchez no era en modo alguno navegar hacia nuestra América, sino hacia la India, la tierra de las Especies.

Ya desde comienzos del siglo XV, tanto los portugueses como los españoles comenzaron a aventurarse más allá del Finís Terrae, como se designaba entonces a Portugal.

Los navegantes seguían la costa de África hasta el Cabo Bojador o de la Buena Esperanza, donde otra fuerte corriente los llevaba, siempre bordeando la costa este del continente negro hasta Bombay y Ceilán, donde se proveían de sedas, clavo, canela, nuez moscada y todas las especies aromáticas que en Europa de entonces valían tanto como el oro.

Alonso Sánchez: Yo quería como otras veces navegar hasta la India; pero al intentar plegarme a la costa del Senegal, luego que salí de Cabo Verde, una furiosa tempestad, me alejo de la costa lanzándome hacia el Poniente… Por dos días fui abatido por el vendaval… Cuando retornó la calma y brillaba el sol, puede percatarme de que me hallaba a muchas leguas de Cabo Verde… Las aguas corrían impetuosas, como si fuesen un río desbocado… el viento soplaba fuerte y constante hacia el Oeste… Decidí encomendarme a nuestra Señora de la Soledad y dejarme llevar por los vientos y las corrientes marítimas… Cuando ya escaseaban los alimentos y el agua, se produjo el milagro. Me encontré de pronto frente a una tierra maravillosa, con altas montañas, alimentos en abundancia y gente de lindas facciones, al igual que los canarios, que me proveyeron de sustento y agua para el viaje de retorno…

Alonso Sánchez: Partí de Huelva el 14 de mayo de 1481 y acabo de retornar con estas fiebres que pronto habrán de conducirme al sepulcro. Como hemos sido amigos desde los tiempos de Puerto Santo…

De modo que Colón sabía a ciencia cierta y por obra de múltiples casualidades —que nunca expuso a la luz pública, como lo han hecho siempre los grandes hombres—, lo que el azar o su inteligencia le reveló sobre los secretos del mundo.

Colón, aunque era buen navegante, era un hombre de muy escasa instrucción y de una fantasía desbocada, donde entremezclaba la cosmografía científica de la época con los más descabellados mitos y profecías de la antigüedad.

De ahí la poca atención que le prestaban los sabios de la época, que estaban perfectamente enterados de la esfericidad de la Tierra y de poder llegar a China navegando hacia el Oeste.

Lo que objetaban a aquella travesía —y aquí está el pecado de Colón al silenciar sus hallazgos y en particular la revelación de Sánchez de Huelva— es que se pudiera llegar hasta China por esa vía sin agotar los víveres y el agua.

De haber sabido, aquellos, la existencia de islas y tierras intermedias —como lo sabía a ciencia cierta Colón—, no se habrían opuesto a su proyecto sino que le hubiesen prestado toda la ayuda técnica necesaria.

Pero Colón, codicioso como siempre lo fue, temeroso de que le quitasen las glorias y recompensas materiales de su descubrimiento a las que atiende en sus capitulaciones como un auténtico mercader, prefirió la vía tortuosas como fue valerse del carácter místico de Isabel La Católica, tan ayunas en conocimientos científicos como él, para que se metiera en una empresa que ya la anunciaban exitosamente las Escrituras.

Alonso Sánchez de Huelva, el Verdadero Descubridor de nuestra América, entregó planos y observaciones a Colón, lo que explica cómo el "Descubridor" desde el primer momento coje el camino exacto y se viene derechito al Nuevo Mundo.

Seguramente el desconocido navegante, al regalarle al "Descubridor" tan importante secreto, le haya exigido alguna mención en la historia, o una dádiva para sus descendientes, si es que los tuvo, por tan generoso obsequio.

Colón nada dice ni menciona de Alonso Sánchez de Huelva, como también calla la historia oficial. Pero la voz del pueblo no se puede silenciar. ¿Qué dirían, qué comentarían; qué comentarían los compañeros de aquel desconocido navegante que en 1481 llegaron a Santo Domingo, regresaron a España y vieron coronarse de gloria once años más tarde al hombre que alguna vez se dijo amigo de su patrono?

En ese mismo año de 1481, Colón huye prácticamente de Portugal con su hijo Diego y con los secretos.

Colón, como es viejo y sabido, arrebata a un pobre marino, también andaluz, llamado Rodrigo de Triana, los 10.000 maravedíes que la reina acordó como premio para el primero que avistase tierra.

Colón es mezquino, tramposo y pantallero.

Quizá por eso la historia le juega la mala pasada de bautizar con el nombre de Américo Vespucio las tierras que muchos se quejan de que no lleven su nombre.

Quizá por eso y a pesar de la proeza de su descubrimiento, que lo coloca en la galería de los grandes hombres, la figura de Colón no emociona, no entusiasma, no arrebata.

—Don Francisco Herrera Luque, siempre nos enseña la Historia.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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