Mirada desde un punto

A la irresponsabilidad con la cual ha conducido el gobierno actual la política económica, con sus efectos devastadores en tasas de inflación nunca vistas, una prolongada recesión, combinándose con el fenómeno de la corrupción, el nepotismo, la impunidad y la inseguridad ciudadana; a lo que se le suma, por el otro lado, la escalada de violencia fascista, auspiciada por la élite conservadora de la oposición política venezolana, a la campaña de terror de los medios de comunicación extranjeros, ligados a los intereses de los gobiernos acólitos del norte, al buscar estirar la cuerda que siempre se revienta por lo más delgado, cuando todo ello lo paga, en miseria y muerte, el pueblo venezolano.

Dos posiciones que en apariencia se presentan como antagónicas, la del gobierno actual y la oposición política de derecha, trabajan en la misma dirección alimentándose a sí mismos en una escalada que parece de comedia televisiva, pero que de no pararse, terminaría en tragedia colectiva.

A la incompetencia gubernamental se le une la violencia fascista, en una suerte de círculo vicioso expansivo, sin válvulas de presión que puedan dar cauce y solución a la grave crisis de hegemonía que cuece las entrañas de la situación venezolana.

De lo económico, a lo político, a lo social, a lo cultural, in crescendo, especie de tornado, de huracán, de avalancha, con la acumulación de fuerzas destructivas sin la direccionalidad gubernamental, que banaliza la realidad en términos esquizofrénicos en un burlón baile de salsa, sin sentido, junto al creciente uso del terror comunicacional que acompaña a la presencia, ya no de los francotiradores de Puente Llaguno, sino a la dispersión callejera de asesinos que disparan a mansalva provocando muertes, que luego se amplifican comunicacionalmente en el exterior, para aterrorizar a la población en general.

Fórmulas conocidas y utilizadas en diferentes partes del mundo, sin la presencia de los marines, pero con la activa participación de mercenarios de todo tipo, desde lo que ocurrió en el Golpe de Estado de abril del 2002, a lo que sucede hoy y aquí en el abril del 2017, con la acumulación de tres lustros de agresiones que no van a detenerse a menos que se asuma una direccionalidad diferente, revolucionaria, en la conducción del aparato del administrativo del Estado en lo económico, y una profundización en lo social y político desde la base del pueblo en conjunción a la Fuerza Armada Bolivariana. Lo que significa y conduce de manera necesaria a la construcción de un bloque hegemónico popular revolucionario que asuma tanto las urgentes tareas que le corresponden en el ámbito productivo, como en el social y en el político.



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Jorge Giordani

Ex-ministro de Planificación.


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