Hartos de lo que no producimos: Del trigo escuálido al revolucionario

Siendo un jojoto de agrónomo, a mediados de los años 70 del siglo pasado, estuve en un encuentro en la Escuela Campesina Ezequiel Zamora que ayudé a fundar en Barlovento. Me creía un sabio (complejo de recién graduado o complejo de inexpertos) hablaba sobre la agricultura necesaria para Barlovento, una región que estaba siendo azotada por la deforestación, también hablé sobre la necesidad de fortalecer la agricultura diversificada. Cuando terminé un campesino barloventeño tomó la palabra y dijo: con la lengua no se siembra. Y se largó a explicar que son muchos los que hablan con los campesinos, los que exigen mayor producción y los que prometen falsamente la solución al problema de la tenencia de la tierra y el acceso al crédito. Nosotros tenemos lo brazos, la familia y los compadres que nos dan vuelta de brazo; y los políticos tienen la lengua. Para ellos todo es fácil.

A cuarenta años, yo también digo, con la lengua no se siembra. El discurso agrícola de nuestra revolución se apuntaló hasta el año 2010. Hubo errores pero la agricultura creció. De allí en adelante, comenzó una ola de medidas efectistas que propiciaron la caída drástica en las agro-cadenas priorizadas con la lengua y menguadas con la acción. Si algún calificativo le podemos dar a esta fase de la agricultura de la revolución, que no es la revolución en la agricultura, es simplemente la agricultura de los realazos, la que todo se expresaba con la volumetría de número de créditos, inversión en créditos, número de productores o agricultores beneficiados, pero nada o casi nada de producción lograda. El maíz es el mejor ejemplo de todo esto. Llegamos a triplicar la producción del último año del gobierno de Caldera en el trienio 2007-2009 y hoy, después de una drástica caída de la producción estamos bajo la sospecha que no lograremos cumplir con un repunte significativo en este 2016.

En paralelo, resultó imposible hacer retroceder el consumo aparente de trigo, que originalmente fue un propósito del gobierno del Comandante Eterno. De manera que, aquellas políticas sobre la producción de pan, pastas y dulcería utilizando proporciones de hasta 30 % de cereales, raíces y tubérculos de producción nacional, no logró su cometido. Toda esa tecnología está disponible y se practica ocasionalmente. Solo basta con revisar que la panadería andina produce con mezclas exquisitas. Hoy, las fallas en la suplencia de maíz, nuestro cereal originario y del trigo, cereal de la hibridación cultural alimentaria, nos tienen al borde del precipicio político.

Alguien de la oposición, se atreve a proponer la siembra de trigo en Venezuela; según estos que viven solo pensando que Madura se va y que de inmediato cambiarán todo. Implantarán la producción de trigo. La advertencia es que nos aproximamos a una especie de Hara Kiri en la implantación de cadenas que no manejamos y no tenemos completos sus referenciales de producción. La idea no es un absurdo per se, solo que dicho por los lobos que están al acecho del poder genera escozor. Pero, la realidad es que en el pasado algo de esto se intentó.

Veamos: en los años 70, en el FONAIAP, hoy INIA, se experimentó con trigo en varios pisos climáticos en un eje entre los pisos altos andinos y los Llanos Altos Occidentales. Inclusive, la Comisión que organizaba la creación de lo que hoy es la UNELLEZ llegó a discutir sobre este tema como posible área de trabajo en investigación. Los resultados finales fueron: Sembrar trigo en Venezuela pasa por muchos análisis previos que no se han considerado:

1/ Configurar un grupo de tareas para la investigación e innovación en la producción de trigo. Este grupo debe resolver el acertijo ¿Qué tipos de trigo? 2/ Identificar algunos cultivares que están dispersos en el mundo que pudieran ser de interés para nuestras condiciones. 3/ Plantear un programa de evaluación de cultivares en territorios con potencialidades. Esto implica entre otros temas, época de siembra, densidades y manejo en general del cultivo. 4/ Montar el plan de mejoramiento genético asistido con biotecnologías para lograr avances más rápidos. Pareciera que la estrategia de trigos precoces pudiera estar entre las prioridades de trabajo. 5/ Formar talentos para la producción de trigo 6/ Interactuar con agricultores de otros países tropicales sobre el tema. 7/ Elaborar una planificación que abone al éxito de un plan de siembra y expansión del cultivo, según el avance y dominio tecnológico.

Lo anterior para citar solo algunas necesidades de información científica y tecnológica. Si procedemos así, la revolución, que no la oposición, puede esperar algunos años, sin bajarle la prioridad a la idea, hasta llegar a disponer de mejores referenciales. Si todo marcha bien, en tres o cuatro años podríamos estar fortalecidos para arrancar la producción de trigo, al principio tímida, pero podremos avanzar. Se podría hablar con Evo Morales para trabajar en conjunto, pues recientemente Bolivia celebró el lanzamiento de una variedad tropical de trigo tolerante a pericularia. Los cubanos también han estudiado la producción de trigos tropicales; han reportado rendimientos de 2 tm por ha; en África, varios países lo siembran y consumen. Experiencias hay, solo que seguimos atados a la antigua ley del Imperio Español que prohibía producir trigo en estas tierras cálidas porque iba contra la exportación de España a sus colonias.

Todavía quedan algunas hectáreas de trigo andino, que no han podido matar las importaciones masivas; pero, la idea es colocarlo también en suelos de clima cálido. Estamos hartos de importaciones y a su vez, el proyecto pudiera permitir repotenciar la investigación en cereales en Venezuela, especialmente re-fortalecer al INIA para que los impactos se vean en todo el circuito cerealero de maíz, arroz, sorgo y trigo

Entre tanto, se puede utilizar la información que se ha producido sobre mezclas con trigo para bajar las importaciones. De los casi 40 kg/persona/año que se consumen en trigo en nuestra Patria, unos 12 Kg/persona/ año, pueden ser de materias primas nacionales, lo cual representaría un ahorro importante en importaciones (solo que debemos aumentar la producción de los otros componentes).

Y lo mejor es tener pendiente que no se siembra con la lengua, se siembra con esfuerzo, con organización y con ganas de tener éxito en los resultados.



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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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