Reflexiones de un profesor universitario

Bachaqueo: otra contradicción del capitalismo salvaje

Es indudable que las contradicciones sistémicas constituyen un rasgo característico del capitalismo, tal como demostró científicamente Marx al analizar estructuralmente la génesis de ese modo de producción, cuya lógica funcional es tan ilógica y contra-natura a la condición humana, que con frecuencia nos asalta la duda respecto a su origen-desarrollo como acción y "obra" de la especie racional que somos los hombres y mujeres.

Es que desde su más rudimentario origen como supresor del modo de producción feudal hasta su actual fase neoliberal-imperial, la expresión más salvaje del "sálvese quien pueda", el capitalismo ha estado y está totalmente impregnado de contradicciones tan feroces, y de tal irracionalidad, que definitivamente carece de todo vestigio de cordura.

En esta ocasión No vamos a detenernos en el lugar común de explicar las contradicciones del afán de lucro exacerbado entre los grandes tenedores del capital mercantil, inmobiliario e industrial, quienes regularmente son herederos por linaje familiar de los originarios explotadores de esclavos, que se convirtieron a sangre y fuego en señores feudales, hasta construir emporios financieros en Wall Street.

Nada de eso. En esta oportunidad consideramos innecesario acudir al método de análisis que regularmente usan los economistas y académicos para ayudarnos a entender, utilizando ejemplos-casos que a veces hasta nos confunden más, pues plantean situaciones muy difíciles de comprender por estar lejos de nuestra realidad cotidiana e incluso hasta de nuestra terrenal imaginación…

En esta ocasión basta y sobra con analizar someramente la conducta de las y los bachaqueros que nos rodean por todas partes, para comprender la "máxima" del afán de lucro, la "irracionalidad" social, falta de "cordura económica", la ilógica funcional y tan contra-natura comportamiento que, por estar tan generalizado durante los últimos tiempos, sobran los ejemplos-situaciones explicativos de tales contradicciones.

A ver si entendemos: ¿Cómo es que hay personas que sin ser comerciantes hacen largas colas y realizan compras no para comer sino revender? ¿Cómo es que una madre pobre con niños en los brazos hace colas para comprar leche subsidiada a Bs. 70 que luego revende a otra madre también pobre en 700 bolívares y hasta más? ¿Cómo es que el afán de "ganancias fáciles" nos deshumanice tanto? ¿Cómo es posible que las y los universitarios aceptemos esta locura con "normalidad" y hasta la justifiquemos con complicidad?...

Ciertamente que como plantea el profesor español Juan Torres (2002): "si se moldea un ser humano ensimismado, egoísta e insolidario y que no atiende a más estímulo que el de su satisfacción personal", todo lo anterior y más será absolutamente posible.

Así es que hemos visto a quien hace una larga cola para comprar tres pollos subsidiados por el Estado en Bs. 500 y los revende una cuadra más adelante a un hermano en 1500 bolívares, que lo compra porque en el mercado especulativo neoliberal esos tres pollos le cuestan 2500 bolos…

Es que el neoliberalismo nos ha sido inoculado de tal manera que ciertamente creemos que "saldremos de abajo", es decir, que superaremos las crisis sistémicas del capitalismo de manera individual y bachaqueando.

Definitivamente nos parece que hemos llegado al tope del capitalismo salvaje, situación en que unos explotados están explotando a otros explotados, lo que sin dudas evidencia una nueva forma de alienación, de enajenación y pérdida de la conciencia de clase que realmente nos humaniza, en tanto signo de solidaridad humana, de racionalidad y comprensión del alcance real de nuestras necesidades, lo cual representa la extrema contradicción del capitalismo salvaje, salvajismo en que las academias, en todos los niveles, hemos servido de principales inoculadoras.

No podemos obviar las y los universitarios que con nuestra conducta docente individualista, con nuestras orientaciones programático-cognitivas alienantes, amén de nuestra actitud mezquina ante la ignorancia del entorno, fomentamos en los estudiantes y el resto de la comunidad la insolidaridad, muy especialmente cuando justificamos que se especule con los alimentos para "redondear la quincena", como el caso de los bachaqueros institucionales que referimos en mayo 2015.

Las y los profesores universitarios debemos tener presente que nuestro ineludible encargo social, en tanto compromiso humano y patriótico (por lo que además nos pagan), es aportar nuestro conocimiento para construir un mundo más justo y culto para el mejor vivir de las futuras generaciones… no fomentemos las contradicciones del capitalismo salvaje…



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Albano A. Zambrano

Economista Agrícola. Profesor de la UPT ?Argelia Laya?

 albanozam@hotmail.com

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