¿Quien discrimina a quienes?

Lo que faltaba, que en los umbrales del siglo XXI nos vengan con el cuento del “antisemitismo”. Esa es una realidad que corresponde a Europa, a sus fanatismos raciales y fundamentalismos religiosos. Pero a los latinoamericanos que, a decir de Vasconcelos, constituyen la “raza cósmica”, crisol donde se fundió la sangre de todas las razas: es un chiste de mal gusto. La discriminación es enfermedad de la raza blanca que no admite tiznes. (Nazismo, Apartheid, Ku Kus Klan, etc).

Cuando oimos hablar de discriminación “antisemita”, siempre nos hemos preguntado: ¿Quién discrimina a quiénes? ¿Será la discriminación de los pueblos del mundo contra los judios o de éstos contra los pueblos del mundo? Acaso ¿algún otro pueblo se ha creído “elegido por Dios? La Biblia es el relato continuado de la discriminación que tenían los judios, “el pueblo elegido”, contra los pueblos paganos:“los gentiles”. Discriminación adoptada por el cristianismo que le disputa a los judios ser el “pueblo escogido” y bajo esa creencia, durante dos mil años ha predicado guerras religiosas contra los “gentiles” (paganos o herejes), de América, Africa y Asia. La historia de la discriminación es la historia de las religiones herederas de la Biblia y el Talmud.

Los judíos desde siempre han vivido apartados del resto de la sociedad. En cada país forman pequeños ghettos. Ellos mismos se discriminan: por sus prejuicios tenaces; por sus creencias religiosas; por la riqueza acumulada y erigida en instrumento de explotación de los pueblos. El “judaísmo” sus costumbres y tradiciones sólo son para los judios. Ello crea una secreta hostilidad hacia todo lo demás. Desde siempre se han considerado la raza diferente, “el pueblo escogido”, “elegido por Dios”, nadie sabe para qué. Y esa creencia constituyó la barrera que le impidió al Imperio Romano asimilarlos; cosa que no ocurrió con otros pueblos conquistados. Y a la larga, los condujo a la destrucción de su ciudad capital, Jerusalén y a la dispersión. Así surgió el “judío errante”, como sanción impuesta por el Imperio; y más luego, por la saña del cristianismo al acusarlos del asesinato de Jesucristo. Estas son las raíces de la discriminación antisemita, nacida: en primer lugar, de ellos mismos (la Biblia); en segundo lugar, de la diáspora; y en tercer lugar, de la condena dictada por el cristianismo.

El renacer de estas cuestiones que se hunden en los confines de la creencia, es consecuencia del discurso fundamentalista que se ha enseñoreado de la práctica política. Venezuela es una República laica, donde existe la independencia de la sociedad y el Estado frente a la influencia eclesiástica y religiosa de todo tipo. El Presidente lo es de todos los venezolanos (creyentes y no creyentes). El discurso fundamentalista está fuera de tono y trae polvos de aquellos barros: “el antisemitismo”. En la práctica ¿Qué existe? ¿El “antisemitismo” o el “unilateralismo judío” frente a los demás pueblos?. Tovar, febrero 2006


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León Moraria

Nativo de Bailadores, Mérida, Venezuela (1936). Ha participado en la lucha social en sus diversas formas: Pionero en la transformación agrícola del Valle de Bailadores y en el rechazo a la explotación minera. Participó en la Guerrilla de La Azulita. Fundó y mantuvo durante trece años el periódico gremialista Rescate. Como secretario ejecutivo de FECCAVEN, organizó la movilización nacional de caficultores que culminó en el estallido social conocido como el ?caracazo?. Periodista de opinión en la prensa regional y nacional. Autor entre otros libros: Estatuas de la infamia, El Fantasma del Valle, Camonina, Creencia y Barbarie, EL TRIANGULO NEGRO, La Revolución Villorra, los poemarios Chao Tierra y Golongías. Librepensador y materialista de formación marxista.

 leonmoraria@gmail.com

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