Miedos, medios y Chávez de cara a reunión de MERCOSUR

Entorno panorámico:

En las vísperas de la próxima reunión de MERCOSUR a llevarse efecto en Montevideo, a grandes rasgos, los medios en Uruguay parecen seguir muy de cerca tanto la dimensión propiamente política como las temáticas y las tendencias y de representación mediáticas asumidas por los principales diarios argentinos.

Esta subsidiaridad política y mediática uruguaya con relación a la realidad política y mediática argentina parece estar muy relacionada con lo que algunos analistas interpretan como un virtual giro en 180 grados en la política exterior de Kirchner una vez alcanzada la terminante victoria legislativa del partido oficialista.

La virtual rearticulación del eje Caracas-Buenos Aires estaría impactando así variables que van desde aspectos geopolíticos, como por ejemplo sería la inusitada renuencia de Perú y Colombia a firmar el ALCA, como aspectos estrictamente político-económicos en la relación de la Región en temas como la apuesta por disminuir la fuerte dependencia argentina hacia el Fondo Monetario Internacional a efectos de forzar a mediato plazo al organismo hacia una renegociación del esquema de pagos de su pesada deuda externa.

En tal sentido, tanto en Montevideo como en Buenos Aires los grandes medios debaten sobre si lo que se plantea es (o no) un eje ideológico entre Buenos Aires y Caracas. O si lo que se estaría planteado es una escaramuza de política pragmática argentina (para aprovechar la generosidad venezolana) que le permita a Kirchner pactar luego con el FMI un refinanciamiento de la deuda externa bajo mejores condiciones. Condiciones que les permitieran, incluso transferir totalmente (o al menos una parte importante de estos recursos frescos obtenidos por venta de bonos de deuda publica a Venezuela) al mismo FMI.

Otros analistas aducen, en cambio, que Chávez y Kirchner estarían promoviendo un eje alter-mundialista. Esto es, un eje refractario a la globalización, que enuncia construir un tipo de sociedad y de economía alternativas, basadas en los ideales re-actualizados de un socialismo más frontal y contestatario.

Así, la polémica podría reducirse al dilema de si lo que estarían promoviendo Chávez y Kirchner sería más bien la rearticulación de un nuevo eje de cooperación económica y política de largo plazo, que hiciera menos pesada la mutua dependencia con respecto a Brasilia, dejándola en un segundo plano. O si lo que se estaría jugando sería un canje de mayor visibilidad política internacional (para Chávez) a cambio de un expeditivo reflote petrolífero de la economía Argentina (como preparación con miras a la virtual reelección presidencial de Kirchner).

Algunos analistas plantean que la opción más creíble es la opción pragmática, y que Kirchner estaría jugando una diestra política de utilización mercantil y diplomática de su vecino.

Como comprobación de esta tesis se arguye que la administración de Kirchner ha tenido una política muy ambivalente. De hecho, criticó a Estados Unidos su política exterior unilateral, su enfoque de lucha contra el terrorismo y su firmeza en seguir intimando a favor del "consenso de Washington", (que presume el apoyo al ALCA). Pero curiosamente, el gobierno argentino se ha cuidado de evitar toda fricción en temas relativos a la seguridad. De hecho, entregó el uranio enriquecido de las plantas argentinas que el gobierno norteamericano temía cayera en manos del terrorismo; soslayó reclamar la presencia militar de Estados Unidos en Paraguay, (como de hecho sí lo hizo Brasil); y accedió a que entraran tropas norteamericanas al país con motivo de la reciente Cumbre de Mar del Plata, sin mediar la previa autorización del Congreso.

Estos gestos permitieron que el Pentágono decidiera mantener la asistencia militar a la Argentina aunque el país no diera la "inmunidad" requerida para las tropas de los Estados Unidos, resolviendo que los "aliados extra-OTAN" -condición que la Argentina mantiene desde el segundo gobierno de Menem- justificara la excepción.

En lo económico, la administración de Kirchner ha mantenido un discurso confrontativo con el FMI. Pero, simultáneamente, ha pagado puntualmente todos los vencimientos durante dos años y medio, descubriendo un sospechoso record: el ser el país del mundo que más dinero remitió a dicho organismo de crédito en el periodo. Esta política ha contado con el aval explícito de Washington, principal accionista del Organismo.

La pregunta central que flota en el ambiente es si este conjunto de actitudes constituyen un giro táctico para asumir una postura más cerca de la centro-izquierda en la política exterior o se trata de un verdadero cambio de política.

Mientras tanto, en Wall Street se acredita que si alguna puerta había quedado abierta para "atender el pedido de un amigo" (Argentina), luego de la Cumbre, y del viaje de Kirchner a Venezuela, esta puerta se cerró, y no será fácil reabrirla.

"No veo buenas perspectivas para que Argentina llegue a un acuerdo con el FMI en el corto plazo", dijo a Clarín Carola Sandy, del Credit Suisse. Bertrand Delgado, jefe de la sección América Latina de Idea Global, coincide con ella, pero añade que a medida que pase el tiempo la posibilidad de enmendar será cada vez más difícil. Se irán acercando las elecciones presidenciales y eso coincidirá con el momento en que Argentina tendrá más necesidad de inversiones.


Tópicos más recurrentes:

Entrelineas, los medios uruguayos dejan percibir su inquietud sobre cuál será en definitiva (a futuro inmediato y mediato) el principal eje de sustentación de la economía nacional. Las opciones que se manejan básicamente son tres:

a) Argentina y Brasil (y por carambola también Uruguay y otras economías frágiles de Suramérica) siguen jugando una política pragmática de sacarle el mejor provecho a cada vecino, incluyendo a actores palmariamente enfrentados como Caracas y Washington.

b) Argentina asume, junto con Venezuela, el protagonismo de un eje norte-sur a espaldas de EEUU y a costa de las represalias de los Organismos internacionales de crédito. En cuyo caso estaría sentada la primera piedra fundacional trascendente hacia la consolidación de la Unión Suramericana de Naciones.

c) Argentina apuesta provisionalmente a independizarse de la fuerte carga financiera que le representa su deuda externa e interna, dejando abierta la posibilidad de cambiar de política una vez se aproximen las elecciones y la necesidad de inyecciones de crédito superiores a 3 mil millones de dólares, suma que se duda que Venezuela pueda proveer a la emergente economía rioplatense.


En cualquiera de los escenarios, sería previsible que los medios uruguayos (y en general, la mayoría de los suramericanos no formalmente comprometidos con Washington) apuesten por una representación elegantemente prudente de las fuertes tensiones geopolíticas que diversos actores están poniendo en juego.

No obstante, varios de los medios nacionales uruguayos parecieran estar apostando cada vez más resueltamente en favor de la opción de asumir a Caracas como centro de gravedad de la economía charrúa.

Kirchner y Lula tienen la oportunidad histórica de asumir (o no) la propuesta de Chávez, no sólo como una tabla efímera y provisional de salvamento, sino como un punto clave de inflexión hacia la paulatina pero cada vez más urgente edificación de un efectivo eje regional de poder.

La pelota está de su lado.

lmda18@yahoo.com


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Luis Miguel Delgado


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