Sindéresis

La lenta sepultura de AD

Cuando Rómulo Betancourt por allá a principios de los sesenta, se refería a Jóvito Villalba como un cadáver insepulto, debido a su real imposibilidad de coronarse Jóvito como presidente de Venezuela una vez que abandonó el Pacto de Punto Fijo, Jamás imaginó que unos cuarenta años después, el partido que construyó a su hechura y semejanza danzaría de manera lastimosa por los caminos de este país como ánima en pena, y en desandanza de sus reprochables procederes. Y ya después del ridículo que hicieran ante el país en 1998 y en el pináculo vil de las más estrepitosas traiciones, mostraría ese llamado partido del pueblo, su más contumaz faz cadavérica de una AD en estado terminal. Y nunca sino hasta ahora, pudo AD en ese azaroso camino, encontrar algún menguado hacedor que al menos iniciara el solemne trabajo de su morosa sepultura. Menos entonces imaginaria Don Rómulo, que sectores indiscriminados de la cresta empresarial criolla que tanto alentó y afamados remanentes de la prosapia burguesa decadente, se constituirían en quienes, con deliberados propósitos de atorrantes deseos de poder, correrían afanados tras las herramientas que usarían en el aciago trabajo de construcción del sarcófago adeco. A pesar de todos los esfuerzos politiqueros que a la vieja usanza romulera, Ramos Allup hiciera, no pudo evitar el mas circunspecto heredero del resabio adeco, que éste domingo pasado partiera el cortejo ya insomne, hacia los últimos rezagos de sus calamitosas poses en tan negado descanso eterno. Y muchos de la misma tolda creyeron con escalofriante ingenuidad, que saliendo de la bancada adeca ya inerme, podrían darle vida desde afuera a un cuerpo entubado que había rechazado desde hace tiempo los medicamentos de existencia mínima. Ese papel le tocó al candidato Pablo Pérez, que ya desde una trinchera donde se quiso diferenciar de su madre política ya en extremaunción, fue arrastrado por el coletazo que emergió de la corte mas oligárquica de Caracas para batuquearlo sin que ni siquiera el pueblo maracucho le diera sus mejores consuelos. Es probable que ahora si, como rémora de obligado parabién, que la fatídica ceremonia luctuosa ha dejado, pueda la revolución usar sus mejores aptitudes para destronar el canallaje gobernante en Maracaibo, habida cuenta de la seria confrontación que sobreviene entre Pablo Pérez y la esposa del filósofo residente en Perú. Y así entonces, comenzará una nueva procesión hacia octubre, donde presenciará la revolución, el desfile con rumbo a la derrota más espantosa que haya tenido jamás lo más rancio de la oligarquía caraqueña.


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Neri La Cruz


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