La oración del elector

Señor, hoy me encomiendas la noble y difícil misión de elegir a quienes deberán ser nuestros guías para el desarrollo de mi parroquia, mi ciudad, mi región y mi país.

¡Bendito Seas, por brindarme esta maravillosa oportunidad de escoger mi propio destino! Debo considerarme afortunado de poder disfrutar de este derecho, del que carecen muchos hombres en el mundo.

Una vez más, necesito de tu guía para seleccionar a los mejores candidatos.

Dame tu Luz para ver con claridad quienes son los que realmente quieren servir a otros y no poseen más ambición personal que la de cumplir con Tu Mandato de servir a los demás.

Señálame los que poseen la capacidad necesaria para desempeñar los cargos que aspiran; la sapiencia para saber escuchar; el valor para rectificar sus errores; la humildad para reconocer la verdad, cuando Tú la presentas a través de sus adversarios; la modestia frente a sus logros; la fortaleza para soportar las dificultades.

Revélame a aquellos que sí oirán nuestras quejas y satisfarán nuestras necesidades; que nunca olvidarán su compromiso con quienes los elegimos.

Muéstrame los líderes que no desmayarán ante las adversidades y mantendrán su espíritu de lucha, y su vocación de servicio.

Descúbreme a los lobos con piel de cordero, que sólo aspiran asumir sus cargos para empezar a devorar Tu rebaño y saquear sus provisiones.

No permitas que la pereza, la ceguera política, o la conveniencia personal, me impida cumplir con este deber legal y moral; con esta responsabilidad para con nosotros mismos; para con nuestra familia; para con nuestro país.

Señálame el sendero que nos conducirá, de una vez y para siempre, a la grandeza que nos corresponde como nación; luego, guía mi mano para que no vacile en el momento de mi escogencia.

Permíteme contribuir a que vivamos en una nación en la que Tus hijos no sufran hambre, posean un trabajo digno, reciban una adecuada atención médica, posean una vivienda acorde con sus necesidades familiares y capacidades personales, y se les imparta una educación que les fortalezca el espíritu para ascender hacia Ti.

¡Que maravilloso es que yo pueda contribuir con mi voto a que se cumpla Tu Santa Voluntad!

¡Gracias, Señor! Nunca me cansaré de agradecerte por permitirnos ejercer el mayor don que nos haz concedido: ¡el del libre albedrío! Hoy podemos elegir independientemente a nuestros guías, sin que debamos rendir más cuentas que a nuestra propia consciencia.

Luego, Señor; una vez que los elijamos: ilumínalos, para que el poder que se les otorga no los confunda; no los ciegue; no los aleje; no los endiose; no los ensordezca; no los agobie; no los desvíe, y nunca olviden que su verdadero compromiso es con Tu pueblo.

Que maravilloso será poderles decir mañana a mis hijos: ¡Yo contribuí a formar el extraordinario país que poseemos, porque cumplí con mí deber de votar! ¡Cumplí con la misión que Dios y mi Patria me encomendaron, de elegir a los hombres que construyeron el país que nos merecíamos!

Que mi pensamiento sólo sea el de una patria mejor.

Que mis palabras sirvan de guía para que otros también aprovechen esta maravillosa oportunidad que nos brindas de construir nuestro propio futuro.

Que cada una de mis acciones estén dirigidas a enseñar como cumplir nuestro deber; como ejercer nuestro derecho.


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Luis E. Rangel M.


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Luis Rangel


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