Del cuerpo escindido a la patria querida

Desde finales de la década de los ochenta el país experimentó un conjunto multiforme de transformaciones profundas en todos los ámbitos de la vida. Estos cambios expresaban un informe desorden creativo que apuntaba a la búsqueda de una nueva síntesis social y política. La crisis ideológica era simultáneamente una crisis social, política, económica y cultural. Desde El Caracazo, proyectos-país inconmensurables, se confrontaban para definir una agenda de futuro con sus singulares horizontes de expectativas. El programa político-económico neoliberal con sus agentes financieros e ideológicos apuntaba a destruir la política y la sociedad desde su visión tecnocrática-policial por excelencia, la antipolítica. Centrándose exclusivamente en la lógica mercantil de la acumulación de capital como condición única de bienestar individual. El proyecto alternativo definido negativamente por su oposición al discurso neoliberal con sus protestas, movilizaciones y nuevas subjetividades intentaba construir una agenda política enfocada en la defensa de los derechos sociales y políticos.

El 4 de febrero irrumpió como acontecimiento-verdad en las aguas estancadas del gobierno neoliberal de Pérez. En la escena torpemente maquillada para mostrar el triunfo de los poderes constituidos, apareció un soldado que desbordó la monotonía mediática con su singular autonomía estética, para dirigir a sus compatriotas de armas un mensaje de rendición. El soldado habló de responsabilidad, de sentido histórico, de nación, de sacrificio, de solidaridad, de deber, con hidalguía e ingenuidad. Su mensaje quedó registrado en la historia venezolana, y ahora mundial, como un principio de rebelión indefinida. El Por Ahora del Comandante Hugo Chávez Frías se convirtió en un Principio de Esperanza para los descamisados, los sin techos, los sin tierra, el pueblo excluido del capitalismo colonial. No obstante, la ofensiva neoliberal triunfaría con grandes costos sociales y políticos para el país. Principalmente, al destruir la deteriorada institucionalidad democrática, al criminalizar la protesta y sobre todo conjurar cualquier posibilidad de cambio. En la década de los noventa el discurso neoliberal se impuso tecnocrática y policialmente. La profundización de la crisis social y política presentaba como rasgo fundamental la escisión del orden sensible del Pacto de Punto Fijo. Venezuela se experimentaba como un cuerpo escindido.

En 1998, las plurales, divergentes y contradictorias miradas sobre el país- construyeron sobre una cadena de equivalencias antiimperialista y antioligárquica - una nueva síntesis político-espiritual. El nombre de está síntesis que recoge una corriente histórica largamente postergada es Hugo Chávez Frías. En las evocadoras palabras de Martí, no es que los hombres hacen los pueblos, sino que los pueblos, en su hora de génesis, suelen ponerse vibrantes y triunfantes en un hombre. Las transformaciones impulsadas desde entonces suponen una recuperación de un ideal de soberanía nacional. El lugar de Venezuela en el globo terráqueo pasó de ser un país petrolero circunscrito a la publicitación, exportación y marketing de telenovelas y reinas de belleza a creador de nuevas dinámicas globales de cambio, alineadas a la emergencia de un mundo post-imperial y multipolar. Pero, también, promotora fundamental en la región de nuevos diseños constitucionales que lograron visibilizar subjetividades enterradas por los procesos de conquista, colonización y expansión capitalista. Sobre todo, por la recuperación de la racionalidad histórica y con ella de las largas, postergadas y enterradas luchas de resistencia y emancipación del pueblo excluido latinoamericano. El desplazamiento hacia una subjetividad político-popular radical ha sido un logro revolucionario sin precedentes. La caracterización más ajustada de este cambio es la emergencia de procesos revolucionarios en un marco radicalmente democrático. La irrupción en la región de una primavera política transformativa ¿Qué está en juego en esta dolorosa coyuntura? ¿Quiénes son los agentes de cambio? ¿Qué hacer?

El liderazgo del presidente Hugo Chávez Frías ha sido avasallante, desbordante, omnímodo, único. Su presencia copó toda la escena social, política y cultural del país. Definió con su impronta un estilo directivo que se convirtió en práctica socio-cultural en un Estado simultáneamente decadente-reaccionario y emergente-revolucionario. Cuestión que planteaba la disyuntiva entre la sociedad que no termina de perecer y la sociedad que no termina de nacer. De allí que las tensiones futuras se definirán en la lucha de este campo de fuerzas. En efecto, la síntesis de una corriente histórica encarnada en el liderazgo de Chávez dinamizó cambios largamente postergados, cambios inimaginables. Su presencia, su voz, sus reflexiones forman y han formado parte de nuestra cotidianidad. Sin embargo, no se construyeron instituciones con fortalezas propias, liderazgos medios y alternativos, debates político-ideológicos que robustecieran la subjetividad popular-radical emergente. La pérdida, el desplazamiento y la desaparición de figuras con voz propia dejaron en una orfandad política-ideológica al presidente Hugo Chávez Frías. La felicitación se convirtió en norma, y las transformaciones moleculares profundas fueron desplazadas y contenidas por un relato monolingüe. La síntesis político-espiritual se debilitó.

Por ello, no podemos olvidar la subjetividad popular radical que se consolidó a lo largo de estos años. Subjetividad consustanciada con las transformaciones definidas en los discursos de la síntesis política-espiritual llamada Hugo Chávez Frías. Hablar en su nombre, es hablar de emoción, muchedumbre y transformación. Pero, sobre todo, de riesgo ante la inminencia del peligro. Parafraseando a Hölderin, donde alienta el peligro, surge la salvación. En tanto la libertad y la necesidad por fin se hallan cara a cara en el genio y figura de Hugo Chávez Frías. El presidente reunió con su discurso un cuerpo escindido, fragmentado y destrozado. Logró crear una identidad poderosa en los sin techos, los descamisados, los sin tierra, los excluidos del capitalismo colonial-imperial. En la locución Yo Soy Chávez se recoge el poderoso sentimiento de identidad política-espiritual que estableció el Presidente. Pero, también, reconstruyó con sus palabras y su accionar una forma concreta de entender la utopía que la liberaba de la mera ensoñación para convertirla en un potente instrumento de transformación. Los laboratorios reaccionarios utilizando recursos liberales, conservadores y religiosos construyeron en la culpa, la falta y el mal un trípode moralizante para conjurar las multitudinarias movilizaciones que convocaba su palabra. El contra-discurso de las divisiones políticas se convirtió en principio alocativo de la oposición política. Por el contrario, las desigualdades sociales y culturales que produce el capitalismo colonial-imperial forman y han formado parte de la historia fallida de nuestra nación y nuestro continente. Son rasgos estructurales que deben ser enfrentados en un mediano y largo plazo desde una perspectiva socialista, plural, crítica y transformadora. Donde prive el imperativo ético-político que intenta acabar con aquellas situaciones en la que el ser humano se convierte en un ser humillado y esclavizado.

Siempre está presente la posibilidad del triunfo de la nada, de la destrucción completa representada por el capitalismo colonial-imperial. Ante los extraordinarios y multitudinarios gestos de amor, sacrificio, entrega y convicción político-espiritual del pueblo venezolano por la ausencia física del Presidente Hugo Chávez Frías, ante las múltiples expresiones de solidaridad internacional por su muerte, ante el compromiso geopolítico por la integración regional y un mundo post-imperial y multipolar ratificado en Caracas, ante la posibilidad de reconstruir un proyecto basado en un nuevo Principio de Esperanza para la humanidad, las palabras cargadas de metáforas de Hugo Chávez Frías adquieren un significado profundo. Podríamos decir subrepticio y molecular. En tanto redescripción liberadora de la realidad. El sentido de trascendencia histórica de sus palabras forman parte del nuevo principio de realidad surgido con una potencia avasallante aquél 5 marzo. Su palabra, presencia y voz ha estado asociada a la radical transformación del mundo. Al anhelo de que una nueva sociedad sea posible, que pueda llegar a establecerse un mundo verdaderamente humano, que se convierta en Patria para la humanidad. En esa dirección apuntaba la singular expresión Socialismo del Siglo XXI. Expresión que reúne conflictivamente las cosmovisiones del Buen Vivir con la idea de socialismo. Una sociedad democrática es impensable si no es una sociedad socialista. Sobre este camino se inician los debates, las acciones, la axiología y las construcciones teórico-políticas del por-venir.

[email protected]

Esta nota ha sido leída aproximadamente 1395 veces.

Comparte en las redes sociales




Notas relacionadas