Venezuela viuda

Con la enfermedad del Presidente Chávez se me hizo inevitable recordar la enfermedad de mi esposo, el cual sufrió también de cáncer. Hombre joven, al igual que nuestro Presidente, y muy voluntarioso, luchó con todas sus fuerzas físicas, psíquicas y espirituales, tratando de vencer la batalla por la vida. Esa gran voluntad le sirvió para tener dos años de sobrevida con calidad, hasta su penoso desenlace, justamente a los 58 años de vida.

Quisiéramos que esto no hubiese ocurrido al Presidente Chávez, entendiendo que fue un “imprescindible”, por la gran necesidad de continuar su obra por la cual, no me queda la menor duda, pasará a la historia por la puerta grande. Necesidad de ver realizado su sueño que ha plasmado con pasión de patriota en las páginas de estos ya 14 años de gobierno. La necesidad imperiosa de llegar al punto de no retorno.

Inmediatamente a la muerte de mi esposo, ocurrieron dos manifestaciones que me llevan a esta reflexión. La primera, el gran apoyo de mis familiares cercanos que, durante un tiempo, formó un escudo protector en mi entorno. La segunda, la traición de algunos de los que se llamaban amigos, quienes en vista de la ausencia de mi compañero, aprovecharon para robar unos, e intentar robar otros, a la viuda. También el oportunismo de los desconocidos. Registro numerosos episodios amargos que me hicieron bautizar ese período inicial de mi viudez como “amargo de caoba” (por el intenso amargor de la semilla de la caoba), en contraposición con el período inicial del matrimonio que conocemos como “luna de miel”.

De forma semejante a mi “amargo de caoba”, el país todo debe prepararse para esta enorme ausencia.

Venezuela viuda necesitará del apoyo y escudo de los seres más competentes y comprometidos con el proceso revolucionario. Al menos mientras la Patria no aprenda a tener su propia fortaleza, no vinculada ya a un personaje que, por muchos años, ha sido impulsador, protector, orientador, ejecutor.

La memoria de las enseñanzas del Presidente seguirá imperando, pero ojalá que sus seguidores más cercanos, aquellos que tienen ahora este gran compromiso, planifiquen bien las necesarias acciones para proteger al país, de lo que inevitablemente deberá pasar, luego de este intenso, doloroso y asombroso parto de la Venezuela socialista.

Viviendo mi "amargo de caoba" las fuerzas poco a poco aparecieron, con un nuevo, si bien doloroso grado de madurez, para seguir luchando, haciendo todo lo que nunca imaginé podía realizar en su ausencia, por el bien de nuestros hijos pero, sobretodo, en honor a su memoria. Así pasará con la Patria: se levantará con más fuerza, por compromiso con quién tanto nos dio, por Amor, porque amor con amor se paga, aún después de la muerte.

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