El testamento imaginario de Chávez

Hoy, antes de entregar mi alma al Señor y transitar a la vida eterna, dejo testimonio de mi voluntad para el conocimiento del pueblo de Venezuela, de quien lo recibí todo y a quien dejo todo lo que atesoré en mis 58 años de recorrido vital.

Lo que sigue es el Testamento de Chávez, no escrito por él, pero que bien pudo hacerlo. Es fruto de lo que hemos visto en su vida, su entrega a la lucha por los más humildes y su ejemplo invariable. Chávez bien pudo haber testado como a continuación lo hago, interpretando la última voluntad de quien sigue vivo entre nosotros, porque los grandes como él nunca mueren.

Hoy cinco de marzo de este dos mil trece, dejo como legado al noble pueblo de Venezuela el inmenso amor que él mismo me dio, en cada una de las batallas que libré por la justicia y la autonomía soberana de la patria. He atesorado un amor inmenso, que he recibido de nuestra gente humilde, de los trabajadores y campesinos, de las mujeres y los estudiantes, de los niños con sonrisa de esperanza y de los ancianos cargados de fe.

El amor mueve montañas, como hemos dicho siempre, “mueve el sol y las estrellas” como cantó Dante Alighieri. “El gran poder existe en la fuerza irresistible del amor” (1827) expresó Bolívar, por eso el amor es la fuerza que impulsa el Socialismo del Siglo XXI, que ya no es mi idea, es el anhelo de todo un pueblo, el pueblo libre del mundo. El Socialismo del Siglo XXI es venezolano, es latinoamericano, es mundial. Como lo inmortalizó Antoine de Saint-Exupéri: “Amar no es mirarse el uno al otro, es mirar juntos en la misma dirección”.

A la juventud venezolana dejó en herencia mi decidida entrega a las causas de la libertad y de la igualdad. Sin hombres y mujeres libres que no tengan otro límite que la ley, y sin igualdad de oportunidades, no habrá la nueva sociedad que soñamos, ni podremos hablar de Socialismo del Siglo XXI. La libertad para todos y la igualdad entre todos, son pilares fundamentales de la sociedad en construcción.

La honestidad y la transparencia deben ser siempre guía para mis hermanos responsables de la administración pública; lego a ellos este valor, el respeto a los principios morales y al patrimonio común de los venezolanos. Que los funcionarios públicos entiendan que el Poder Popular es la base y fuerza de esta Revolución en marcha. Solo el pueblo salva al pueblo.

A mi equipo de trabajo, a las mujeres y hombres con los que luché de cerca, y que cerca de mi lucharon, quiero dejarles de herencia la constancia, que es la virtud de los triunfadores. El bueno no es aquel que trabaja bien un día, sino quien cada día hace su parte de manera infatigable.

A mi partido, al PSUV, dejo tres valores fundamentales: solidaridad, fraternidad y unión. El poder de la solidaridad y fraternidad es inmenso; cuando dos o más personas unen sus inteligencias, potencialidades y fuerzas, cuando trabajan juntas para conseguir un fin común, las montañas se mueven para darles paso. Dijo el Padre de la Patria: “La unión es la que nos hace falta para completar la obra de nuestra regeneración” (1815).

Dejo a los pueblos hermanos de América latina y del mundo, así como a Venezuela, la clara conciencia de que los estados existen no para establecer guerras entre ellos, sino para complementarse. Las naciones, al igual que las personas, son insuficientes, no se bastan así mismas, requieren asistirse mutuamente. Que siempre rechacemos la intervención, deploremos las imposiciones y combatamos el imperialismo. Es la justicia social internacional la que debe normar las relaciones entre los pueblos. Que el gobierno de Venezuela y el PSUV no olviden nunca nuestra solidaridad presente como ahora en Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Cuba y en todos aquellos pueblos que requieran nuestra ayuda.

A mi familia, a mis padres y hermanos, y particularmente mis hijos les dejo paz, la cual no es otra cosa que amor.

Mi legado que llegue también a la oposición, a ella dejo democracia y pluralismo. La democracia nos brinda oportunidad de expresarnos con libertad y actuar con albedrío, también nos obliga a acatar las decisiones de la mayoría. Que recuerden que por siempre y para siempre, como reza la Constitución Bolivariana, el nuestro será un gobierno “democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”. Doy en herencia a la oposición la tolerancia, para que reconozca y admita el derecho de los demás para la convivencia pacífica.

Una vez que lo he entregado todo, que he legado lo que tenía, solo me queda el recuerdo. Desde allá, desde el otro lado de la existencia, recordaré lo que he vivido, lo que he amado y sobre todo lo mucho que fui amado por mi pueblo. Desde el Cielo pediré a Dios su bendición sin límites para los venezolanos. Este es mi testamento, este es el testimonio de mi voluntad. …H.CH.F

[email protected]



* Luchador social y municipalista

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