Chávez, fusil de poemas

Esta nota no hubiesemos querido redactarla nunca. Es la nota que coloca puntos suspensivos, cuando anhelábamos una coma, una continuidad. Es la nota de la incertidumbre, pero es la nota de la constatación fehaciente de haber coexistido, en nuestra misma época, con un hombre que fue capaz de trascender los límites de lo imposible. Es la nota que marca el hasta siempre de un soldado que logró renombrarnos, resignificarnos, liberarnos de las ataduras de nuestras colonias subjetivas. Esta nota se escribe, un día después del sollozo, un día después de enterarnos que hay hombres que no son inmortales, aunque nos sigan pareciendo, testarudamente. Esta nota intenta trocar el concepto de inmortalidad por el de trascendencia histórica.

Escribimos sobre el Comandante Chávez, Libertador de América.

Este texto no es epitafio. Simula ser reflexión, pero es descarga. Lo hacemos a su manera, con la palabra. Intenta pensar en voz alta y plural, aunque apenas logre un susurro. No es texto llorón. Es de mero reconocimiento por parte de un militante, al tipo que nos devolvió el diccionario de la Liberación y su sentido vivo, real y posible. Y utópico.
Hoy se nos abre el pecho con falta de respuestas seguras. No somos magos. Si alguna certeza tenemos es que ”Chávez” es una grieta, cada vez más profunda, cavada sobre la soberbia de los ganadores de siempre, los que nos hicieron creer sus cuentos y sus fábulas. Fuimos hablados y escritos, sin consultarnos y bajo nuestro aparente consentimiento.

Sin embargo, desde que empiezó a subrayarse, por su luz propia, ”Chávez” implicó un cambio de gráfica, de texto y de tipografía. Más, fue un cambio de las reglas de la gramática y la semántica.
Hoy, lo reafirmamos, ”Chávez” es adjetivo y verbo.

El verbo “Chávez” retumba en la mejor memoria de Sudamérica, significando lucha y conquista de derechos. Al amparo de la Historia de letras de molde, por ser creador heroico, por entregar un libro y una flor, y una sonrisa. Por haber armado a su pueblo, con fusiles de poemas -al decir de Alí Primera-, pero antes haberlo amado desde sus entrañas, desde las venas de la América mestiza, india, pobre, rota, deshilachada, no obstante irredenta, esperanzada.
El adjetivo “Chávez” califica la entrega sin pausa ni obstáculos, incluyendo -en éstos- hasta la Vida misma. “Chávez” caracteriza el canto de honor y gloria a un dogma no dogmático que no perteneció a una persona, ni a un momento. Es abrazo leal a un ideario que ha viajado a través de las sierras, las sabanas y los vientos invisibles de la América Libre e Igualitaria.

Hoy confiamos en su pueblo, en nuestro pueblo, en nosotros. Confiamos en los militantes bolivarianos. Confiamos en que la audacia de un hombre, al haberle quitado de encima el polvo de la intriga y la infamia a unos de los términos más bellos del lenguaje universal, “socialismo”, le otorgue sentido definitivo al legado de la hora infausta. Confiamos en el Socialismo que se construye y ya mejora la vida de millones de personas. Más que confiar, permanecemos pala en mano para llevarlo a cabo. Somos muchos.

Empezamos a caminar sin el paragua de la palabra justa y la acción precisa. Nos toca a nosotros “ser como Chávez”. Tenemos que continuar escribiendo nuestrás cuartillas de la Historia de los pueblos que luchan por su Liberación. Es un cuaderno de tapa dura y muchas hojas en blanco. Claro que varias páginas de caligrafía preciosa hacen las veces de prólogo. Esta es la guía que en nuestra brújula seguirá marcando el Sur, inevitablemente.

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