Obama se acusó a sí mismo de terrorista

Hace casi dos años, en noviembre de 2012, Barack Obama hizo una
observación que hoy resultaría inconcebible en sus labios. Dijo el
Presidente de Estados Unidos que "ningún país del mundo puede tolerar
que lluevan sobre las cabezas de sus ciudadanos misiles lanzados desde
fuera de sus fronteras".

Fueron, por supuesto, declaraciones diseñadas para encubrir y proteger
al colonialismo sionista de Israel que entonces lanzaba una violenta
campaña de matanzas y exterminio contra los palestinos. Obama
justificaba así su apoyo al supuesto derecho que asiste a Israel de
“defenderse de los misiles que aterrizan en los hogares de la gente
potencialmente asesinando a civiles”, esto último referido a los actos
de protesta de los palestinos por la ocupación de sus territorios por
colonos israelíes.

Brandon Turbeville, prolífico escritor estadounidense de temas de
política internacional hace notar en un artículo que publicó el 6 de
octubre el sitio digital Activist Post que, incluso obviando la
situación en Israel, en el momento de esa declaración el gobierno de
Obama estaba implicado en múltiples atentados contra vidas humanas en
Pakistán, Yemen y Somalia y acababa de concluir el bombardeo de Irak,
Afganistán y Libia, para no mencionar la lluvia masiva de bombas que,
hasta hoy, siguen cayendo sobre el suelo soberano de Siria.

Tras sus ilegales e inmorales ataques contra el pueblo sirio que
venían produciendo cantidades alarmantes de bajas civiles en unos
pocos días, Estados Unidos anunció que "relajaría" su política de
asesinatos de civiles en ese país. De hecho, la Casa Blanca retrocedía
con respecto a su declarada decisión de utilizar fuerza letal sólo
cuando haya "certeza o casi certeza" de que ningún civil será
sacrificado.

Los informes de bajas civiles significativas como resultado de ataques
aéreos de Estados Unidos en los días siguientes fueron el primer
indicio de que la administración Obama estaba ignorando los "cambios
de política” que había anunciado en sus propias reglas para la guerra
contra el terror.

“La realidad es que a Washington jamás le han preocupado las bajas
civiles, ni durante el mandato de Barack Obama ni en el de cualquier
otro Presidente de Estados Unidos. Cualquier pretensión de lo
contrario es ingenuidad”, asegura Turbeville.

De manera similar, los drones, que han sido promocionados por su
quirúrgica precisión y su sistema de puntería guiada con láser, ya han
matado a un gran número de civiles en Yemen , Somalia , Afganistán, y
especialmente en Pakistán, que ha sufrido más de 390 ataques secretos
con drones desde 2008.

Aunque según investigaciones periodísticas 710 civiles han sido
asesinados por los ataques de drones, Amnistía Internacional afirma
que, sólo en Pakistán, el número de víctimas civiles puede haber
llegado a 900. Es extremadamente difícil llegar a un número exacto,
pues cuando grupos de derechos humanos logran entrar en las zonas
afectadas e investigar ataques individuales, comprueban que el número
de víctimas civiles es siempre substancialmente más alto que el
divulgado por el gobierno estadounidense, que cuenta a todos los
hombres en edad militar como combatientes enemigos y nunca identifica
a un solo civil entre los hombres muertos de esa edad.

En otras palabras, cuando las bajas civiles se convierten en algo
demasiado dañino políticamente o demasiado evidentes a los ojos del
público, la respuesta es cambiar la semántica para que las víctimas
desaparezcan de la pantalla del radar de la opinión pública.
Mientras que toda muerte de civil en Siria se presenta por los medios
corporativos estadounidenses como matanza premeditada de personas
inocentes o asesinato intencional por el gobierno de Assad, los
ataques aéreos estadounidenses se siguen presentando como maná
celestial diseñado para librar al mundo del terrorismo islámico y de
dictadores brutales.

Los palestinos, sirios, iraquíes, afganos, somalíes, yemenitas, son
víctimas aceptables. Los israelíes no lo son. Los palestinos, sirios,
iraquíes, afganos, somalíes y yemeníes están obligados a aceptar sin
resistencia que "aterricen misiles en los hogares de la gente
asesinando potencialmente a civiles". Israel puede actuar con
impunidad.

Cuando Barack Obama, ajustándose a las normas globalmente aceptadas,
califica de terrorista el bombardeo contra una nación soberana matando
a sus civiles, exterioriza abiertamente que Estados Unidos es culpable
de terrorismo, una afirmación acerca de la cual pocos en el mundo
osarían discrepar.

Obviamente, se trata de una declaración presidencial que, en fin de
cuentas, tiene muy poco de política real. Son proclamaciones
hipócritas y mentirosas que sólo sirven para enmascarar la agenda
verdadera que subyace. Los observadores informados ya lo saben.

Quienes toman en serio esas declaraciones tienen mucho que aprender,
concluye Brandon Turbeville.


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Manuel Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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