El poder popular es como Dios; todos creen en él, pero pocos lo asumen

En el ámbito de la izquierda; en cualquier evento, foro, mitin, asamblea o simples conversaciones; siempre existirá unanimidad de criterios en cuanto a la importancia cardinal del Poder Popular.

Todos concuerdan, que es el espacio vital de organización popular en sus diversas facetas, donde se ejerce la soberanía a través de la democracia participativa y protagónica. Nadie niega lo expresado en el texto constitucional de que; "La participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo" (Artículo 62.). Todos están conscientes que el poder popular representa la base en que sustenta la nueva sociedad.

Muchos creemos en el poder popular, como muchos creemos en Dios, todos conocemos sus mandamientos, rezamos, oramos; nos damos golpes de pecho, expresamos nuestros arrepentimientos; asumiendo que Dios nos oirá y limpiará nuestros corazones; de allí salimos como un vehículo del auto lavado; listos para volver a ensuciarnos. Realmente no expiamos ninguna culpa, más que pecadores somos falseadores de Dios.

Así sucede con el Poder Popular la inmensa mayoría es creyente pero no practicante, descaradamente falseadores de la democracia participativa y protagónica. Aquí, en esta Venezuela Bolivariana, desde el presidente de la república hasta un vocero de un consejo comunal, casi todos hacen un uso utilitario y abusivo del poder popular.

Frases como "Se enviaron lineamiento al Poder Popular" " hay que convocar a las Comunas para que mañana estén en tal actividad" , "Giré instrucciones a los Consejos Comunales" " El gerente no aprobó la idea de constituir el Consejo de Trabajadores" "Ese Consejo de Campesino no es legal porque no tiene el visto bueno de la institución" "Hay que designar las nuevas vocerías del Consejo Comunal nada más con los camaradas del partido"; son frases que denotan una palmaria negación del poder popular. Como es eso; que un ministerio, un órgano del poder constituido, un funcionario, le eche la bendición y le dé el visto bueno a la soberana facultad del pueblo de constituir sus organismos de poder.

Recientemente un ministerio convocó a un Congreso Nacional de Comunas y el Presidente Maduro ordenó alcanzar la meta de 3 mil comunas en el país; óigase bien; "ordenó", hay que ver que estos carajos no entendieron ni una letra, de los cambios o rectificaciones que proponía Chávez en el Golpe de Timón. Bueno al fin y al cabo (salvo algunas heroicas excepciones), eso no es Poder Popular, eso son instrumentos para la manipulación clientelar por parte de la burocracia partidista y gubernamental retrógrada; presidente, ministros, gobernadores y alcaldes conservadores, que en un tiempo ya parece muy lejanos fueron dirigentes sociales revolucionarios, cuando estaban en las bases; pero que hoy, desde el vértice del poder piramidal, celebran como un logro "revolucionario", editar un vulgar remake de la viejas Asociaciones de Vecinos adecas, aquellas que fueron limitadas al triste papel de solo repartir la leche popular y ser el espacio para reunir la incauta feligresía partidista.

Todo eso tiene explicación en la ignorancia y la incapacidad, en no romper con el viejo concepto vertical del poder; de allí que ese discurso de primacía del poder popular en los dirigentes políticos no es más que una soberana hipocresía;

¡¡ Coño sí, todos hablan del poder popular, pero nadie milita en él, todos quieren un carguito de concejal para arriba; y no he visto el primero que ha bajado de su pedestal burocrático, para acompañar al pueblo en su proceso colectivo, continuo, integral y permanente de auto transformación!!

Mientras estemos estancados en la praxis milenaria del poder como acción de dominación, como una escalera, como interposición de eslabones y estos sean visto como estatus para el reconocimiento individual, seguiremos jodidos, los momentos de gloria no serán más que eso; instantes, voluntad de un elegido de la historia, relámpago individual y solitario en una noche de verano; detrás de él; la senda en retroceso, la oscuridad, el hado de la traición, el festín de los farsantes. Detrás de cada mesías saltará su Judas; Bolívar tendrá su Páez, Lenín su Stalin, Thomas Sankara su Blaise Compaoré, Maurice Bishop su Bernard Coard, Ezequiel Zamora su Guzmán Blanco, Cipriano Castro su Gómez, Dilma Rousseff su Michel Temer, Rafael Correa su Lenín Moreno y Chávez su Nicolás.

Ya basta que el poder popular y con ello la democracia participativa y protagónica sea utilizada como parafernalias en un burdo carnaval donde se disputan las ambiciones personales, donde los partidos e intereses grupales no cesan; condenado a la intranquilidad el alma de nuestro cristo Libertador y con ello a su pueblo.

De un lado un gobierno, desgobierno, una especie de confederación de caudillitos, que juega y manipula con los símbolos de redención popular; revolución, socialismo, antiimperialismo, Bolívar, Che, Fidel, Marx, Lenin; Chávez y por otro lado (me refiero al ámbito de la izquierda, porque nada tengo que buscar con la derecha) un sector de revolucionarios con buenas intenciones, pero con las mismas armaduras; que ven al pueblo o al colectivo social como los indefensos al que tienen que proteger y no como el protagonista real de su liberación. No hay soluciones mágicas desde un frío salón en Miraflores ni en un cónclave de exiliados de la burocracia.

  1. La solución pasa por el ejercicio real del poder popular; hay que volver al 13 de Abril o al tiempo de la retoma de PDVSA, eso sí era poder popular, eso sí era poder constituyente no este antifaz que pretenden vendernos. El espíritu del 13 de Abril tiene que convertirse en habito cotidiano; que la ética de lo colectivo en la dirección y ejecución se transforme en praxis, y no la ética escrita en un pendón, que no tengan cabida los usurpadores, los trepadores y busca puesto; que realmente tengan vida los ámbitos de poder colectivo, que el liderazgo responda a esos ámbitos de poder y no como hasta ahora, en esta hipocresía de revolución, donde el supuesto ámbito de poder está subordinado a un liderazgo institucional.
  2. La solución no es fácil, y aunque un pueblo en instantes de luchas puede alcanzar madurez política y grados de organización extraordinarios, hay que trabajar pensando en largo plazo, con disciplina, con estoicismo, desde los micros espacios, desde los colectivos, concatenando cada batalla reivindicativa con la razón estratégica; desde allí se construye una nueva cultura de poder para liberar y no para oprimir; desde allí se ejerce el Poder Popular.

Viva Chávez

pablofucik21@gmail.com



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