Del bloqueo naval al comunicacional

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Pensaba, pobre de mí, que esta semana podría aliviar la cuarentena con algunos relatos livianos. La realidad sigue pesada, el único tema posible es la actualidad. Acontecimiento estrella, el golpe maestro contra el bloqueo. Llega a las costas venezolanas escoltado por unidades de nuestras fuerzas navales el buque tanquero Fortune, de la República Islámica de Irán, con vital cargamento de combustible e insumos para la industria petrolera. Desde la fraterna república le siguen cuatro tanqueros más. No uno, sino cinco bofetones contra el extraordinario e inusual despliegue aeronaval de Trump en el Caribe. Portaaviones, acorazados, torpederas, submarinos, helicópteros, cazas, proyectiles teledirigidos, drones, satélites y millares de marines dispuestos supuestamente para cerrarle al narcotráfico la rendija del Caribe, cuando todo el mundo sabe que la droga entra a Estados Unidos por la puerta principal del Pacífico. En realidad, tantos espantajos fueron movilizados para apoyar el fiasco paramilitar del autoelegido y para disuadir la entrada de suministros a Venezuela. Fanfarronada que se tornó en ridículo ante el paso triunfal de cinco tanqueros desarmados.

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Pero los tanqueros iraníes venían escoltados, no sólo por unidades de las fuerzas Aéres y Navales venezolanas, sino además por contundentes advertencias imposibles de desoir. El ministro iraní de Relaciones Exteriores Mohammad Javad Zarif afirmó: "advierto a Washington, que si despliega su Armada contra varios petroleros de la República Islámica que se dirigen a Venezuela con combustible, se amenaza seriamente la libertad de comercio, la navegación internacional y el libre flujo de energía, e Irán se reserva el derecho a tomar todas las medidas oportunas necesarias y recíprocas, incluidas acciones decisivas, para asegurar sus derechos legítimos y sus intereses contra semejantes políticas de acoso y prácticas unilaterales e ilegales". Por su parte el ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, en declaraciones relativas a la fallida invasión mercenaria, pero también condenatorias del acoso mediante la fuerza, afirmó que: "Rusia ha formulado con meridiana claridad su postura respecto a lo inadmisible que es el empleo de la fuerza para resolver las discrepancias políticas. Lo ha hecho en reiteradas ocasiones. Se requiere un diálogo directo que pueden acordar sólo los propios venezolanos como dueños de su destino". A su vez, la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Hua Chunying reafirmó su rechazo a la agresión de Estados Unidos contra Venezuela y señaló que Pekín no aceptará ningún plan invasor estadounidense en el país suramericano. En tal sentido, expresó: "Rechazamos la violación de la soberanía de Venezuela por cualquier medio o excusa, además, llamamos a priorizar el bienestar del pueblo, trabajar juntos para salvaguardar la estabilidad nacional y promover la resolución pacífica de la situación en el país caribeño". Dos de las potencias mencionadas tienen voto y veto decisivo en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El eventual ataque contra buques que llevan suministros a Venezuela queda previa y ampliamente desautorizado por estas declaraciones. También, la fantaseada invasión mercenaria, sueño dorado de la oposición venezolana desde 1998. La lealtad de las FANB y el hábil juego internacional, explican por qué en Venezuela no llueven bombas estadounidenses desde esa fecha, ni lloverán.

 

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Mientras acusa un fracaso el bloqueo naval externo, se apunta un éxito el bloqueo comunicacional interno instalado parcialmente con nuestro consentimiento, con el retiro de la empresa estadounidense Directv, filial de AT&T, por presiones de su gobierno. La TV por suscripción había iniciado una irresistible ascensión, hasta servir el 62,79% de los hogares venezolanos para el primer trimestre de 2015, el cuarto lugar en América Latina en número de suscriptores. Últimamente, Directv llegaba a 2,4 millones de clientes: estimando unos cuatro espectadores por familia, posiblemente unos diez millones de personas. Este auge se debió a una huida en masa de la teleaudiencia de señal abierta, espantada por el exceso de cuñas y la mediocridad de contenido.

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El cese de operaciones de Directv deja funcionando en el país varias firmas del mismo ramo, entre ellas Movistar TV, Intercable, CANTV TVNet Uno y numerosas otras de menor importancia o piratas, ninguna con capacidad para suplir decodificadoras que sustituyan a los de la cesante. La falla permanente del satélite Simón Bolívar imposibilita la transmisión del 70% de las emisoras de señal abierta.

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Dicho lo cual, es justicia señalar que las proveedoras de tv por suscripción se habían convertido en vitrinas de una producción chatarra, que enseña que todos los estadounidenses son héroes, sus mujeres incomparables, sus costumbres las únicas posibles, y que los demás países están poblados por seres estúpidos, cómicos o criminales. Por una película meritoria de Thomas Paul Anderson, Paul Scrader o Terrence Malik, infligían cien cargas de basura en forma de teleseries o remakes. Deploremos la ausencia de estos escasos creadores; aliviémonos de la carga de buscar alguna joya suya entre tantos vertederos comunicacionales. Con Directv pierde el imperialismo en Venezuela su principal operador ideológico. Asimismo, un arma invalorable de desinformación y desmoralización para el caso de invasión mercenaria. Cuando el enemigo comete una estupidez, no intentes detenerlo, decía Napoleón. Gracias Directv por favor concedido.

 

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Añadamos que la Tv por suscripción había sufrido un proceso de corrupción similar al que arruinó a la de señal abierta. Nadie ignora, excepto Conatel, que la televisión pagada en todas sus emisiones aumenta ilegalmente el volumen en los comerciales. Que en todas sus transmisiones de películas duplica el límite legal de 15 minutos de publicidad por hora. Que sus infomerciales acuñan cuatro y hasta doce horas seguidas, atropellando el límite legal de diez por ciento de la programación diaria. Que todos sus programas son inundaciones de prohibida publicidad por inserción, la cual asesina la imagen con superposiciones, letreros e interferencias extrañas a ella. Que en los canales Premium, que cobran por películas sin interrupciones, todas son estropeadas por inserciones ajenas a la imagen original. En los video clips concurren hasta cuatro inserciones simultáneas para destruirlos. En algunos espacios se inserta un estúpido logo publicitario que dura todo el programa o todo el día, a riesgo de estropear la pantalla.

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Este contumaz irrespeto hacia el usuario y las leyes que lo protegen ha suscitado, a su vez, una huída de los espectadores hacia la televisión interactiva, las redes sociales, las plataformas 2.0. y el uso intensivo de archivos, espacios donde se abre el futuro de lo audiovisual. Desde que Directv desapareció, he tenido el placer de ver de nuevo por internet Metrópolis, de Fritz Lang, Andrei Rublov, de Tarkovsky y la magistral coreografía de Pina Bausch para El rito de la Primavera. La cuarentena ha hecho imprescindibles, además, procedimientos como la educación a distancia, la tramitación burocrática informatizada y quizá la administración digital, senderos del futuro.

 

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Ello requiere, desde luego, una internet confiable y plataformas seguras para la comunicación. Misión Verdad fue desalojada de su sitio, y debió refugiarse en Medium, soporte que ahoga a los usuarios con cataratas de frivolidades. Gmail imposibilita pagar extensiones de capacidad a usuarios de tarjetas radicados en Venezuela. A similares medidas están sujetos todos los que utilicen plataformas comunicacionales o softwares gerenciados por países hostiles: los mantendrán sólo mientras les sean útiles para espiarnos; los eliminarán en cuanto les resulte conveniente incomunicarnos.

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Sugerimos que, para evitar situaciones similares de sabotaje comunicacional, las autoridades den cumplimiento al Decreto con Fuerza de Ley 3.390 de 23 de diciembre de 2004, en el cual se establece que la Administración Nacional priorice el empleo de software libre para independizarse de sistemas que pueden ser retirados o inhabilitados por las transnacionales del ramo. Debemos igualmente montar plataformas comunicacionales propias, o afiliarnos a las gerenciadas por naciones no hostiles. No esperemos a que el Imperio nos deje incomunicados. País sordo, mudo y ciego en materia comunicacional es país indefenso. Defendámonos.



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Luis Britto García

Escritor, historiador, ensayista y dramaturgo. http://luisbrittogarcia.blogspot.com

 brittoluis@gmail.com

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