El expresidente colombiano Juan Manuel Santos afirmó que "legalizar la droga es el único camino"

El expresidente colombiano, Juan Manuel Santos.

El expresidente colombiano, Juan Manuel Santos.

Credito: Aporrea.org

16.01.22 - El expresidente colombiano, Juan Manuel Santos, consideró que “legalizar” la droga es “el único camino” para combatir a los grupos de narcotraficantes y las problemáticas de los consumidores y lamentó que su país sigue “nadando en coca”.

El año comienza con la expectativa de varias guerras en diferentes lugares del mundo, pero hay una que parece irremediablemente perdida: la guerra contra la producción y el consumo de drogas.

Según una entrevista publicada por El Tiempo de Colombia, es evidente que el prohibicionismo ha fracasado y que los países que lo mantienen solo provocan un incremento de la producción, un incalculable enriquecimiento del narcotráfico y una extensión de la corrupción. Y lo que es peor, genera un elevadísimo y doloroso número de muertos, de víctimas y de desplazados.

El expresidente colombiano Juan Manuel Santos es miembro de la Comisión Global de Políticas sobre Drogas, que está integrada por 25 líderes, políticos e intelectuales del mundo, y fue creada hace 5 años para estudiar, discutir y proponer soluciones para ese problema mundial.

En esta entrevista, Santos revela que la presidenta de la comisión, la exprimera ministra de Nueva Zelanda, Helen Clark, alista la divulgación de su último informe en el que propone la legalización de la droga. “Legalizar es el único camino”, comenta.

Pregunta. Usted obtuvo el premio Nobel de Paz en 2016 por haber contribuido a poner fin a medio siglo de guerra interna en Colombia. ¿Qué conflictos en el mundo entero, vigentes al comenzar este año, deben preocupar a la humanidad?

​Respuesta. Son demasiados. La guerra en Etiopía que amenaza con desestabilizar el cuerno de África y, eventualmente, todo el África; la amenaza rusa sobre Ucrania, la china sobre Taiwán, Medio Oriente sigue siendo un polvorín, la fracasada guerra mundial contra las drogas que cada día cobra más víctimas, la pandemia y sus variaciones, que son un gran reto, y el más preocupante es el conflicto con la naturaleza, el cambio climático.

A pesar de las advertencias, el mundo no toma decisiones duras, pero necesarias, para detenerlo, como tristemente vimos en la COP 26 de Glasgow.

P. ¿Cómo está América Latina en la lucha contra el calentamiento global?

R. ​Brasil es un desastre, México y la mayoría de los países siguen promoviendo la producción de hidrocarburos, y algunos como Colombia tienen previsto aumentar la producción de carbón y la construcción de termoeléctricas, para no hablar de los subsidios a las energías sucias o el fracking. Una cosa es lo que dicen y otra es lo que hacen. Mire el pacto de Leticia y lo que sucede en el Amazonas.

Dos países que ya tienen planes serios para una transición a energías limpias son Chile y Costa Rica. En esto toda la región tiene una gran responsabilidad. Colombia, por sus características propias y su importancia en el tema, debería ser líder.

P. Uno de los conflictos es el de Etiopía. Naciones Unidas y el Gobierno de Estados Unidos apoyaron la mediación que usted realizó, ¿por qué esa gestión fracasó?

​R. Yo no fui a mediar y no fui con el apoyo ni de Naciones Unidas, ni de Estados Unidos, ni de ningún país. Fui simplemente invitado como nobel de Paz para compartir con el primer ministro y el alto Gobierno nuestra experiencia en Colombia.

También, porque entablamos una buena química en una visita que hice dos años antes, con el grupo de Los Elders. Este grupo fue creado por Mandela y Desmond Tutu, quien, por desgracia, porque era un referente moral para el mundo, acaba de morir. Tutu les diría a los etíopes lo mismo que yo les dije: que una victoria militar no traería la paz. La paz hay que negociarla.

El que estaba tratando de mediar a nombre de la Unión Africana era el expresidente Obasanjo, de Nigeria, con quien también me reuní, pero me dijo que las condiciones de las partes para un cese del fuego eran, por desgracia, irreales.

P. Hay una curiosa coincidencia. Usted recibió el Nobel de Paz en 2016 y tres años después, en 2019, lo recibió Abiy Ahmed, primer ministro de Etiopía, por la reconciliación entre su país y la separatista Eritrea, hoy Estado independiente. Pero en los dos países hay nuevas guerras. En Colombia por el narcotráfico y en Etiopía por la delimitación fronteriza y pasados tribales…

​R. Son dos situaciones totalmente distintas. Nuestra lucha contra el narcotráfico no es nueva, es mundial, lleva muchas décadas. El narcotráfico, o por lo menos la violencia que genera, se acabará cuando adoptemos una política diferente al prohibicionismo y la represión. Lo importante es que la guerra contra las Farc se acabó y las Farc dejaron de existir. Ese fue un paso trascendental.

En Etiopía sí hay una guerra civil nueva del Gobierno contra los de la región de Tigray, que perdieron el poder en las últimas elecciones. Es un conflicto muy complejo, que tiene componentes étnicos, territoriales, religiosos y políticos, pero que, como todo conflicto, tiene solución si hay voluntad de las partes. Algunos piensan, equivocadamente, que solo con la eliminación del enemigo puede haber paz.

P. En Colombia, muchas regiones sufren alta presencia del narcotráfico. Este fenómeno se ha trasladado a México y las dos naciones registran decenas de muertos originados en el comercio de drogas ilícitas…

R. No solo a México, al mundo entero. Siria es hoy un narcoestado, y muchos países africanos, lo mismo, ¿qué me dice de Haití o Afganistán? Estados Unidos tiene una crisis de adictos muertos por sobredosis.

En Colombia, cuando este gobierno llegó al poder había 170.000 hectáreas de coca, según Naciones Unidas. El Gobierno dice que ha erradicado más de 100.000 hectáreas por año y que ha incautado un volumen de cocaína sin precedentes. Lo mismo decíamos nosotros, lo mismo decía Uribe y lo mismo decía Pastrana. Llevamos 50 años en estas. Si las matemáticas son exactas, no debería existir en el país una sola mata de coca, pero infortunadamente la realidad es que hoy no estamos mejor que cuando estábamos peor. Seguimos nadando en coca.

Después de tres años y medio, Duque ya no puede echarle la culpa al Gobierno anterior. Y así seguirá, como en una bicicleta estática, con los gobiernos futuros mientras la prohibición y la represión sean las políticas para combatir la droga, en Colombia y en el mundo. Por eso, cada vez más países están pensando o poniendo en práctica la legalización, sin dejar de combatir el crimen organizado.

Miren al nuevo gobierno en Alemania (legalizó la marihuana) o 19 estados en Estados Unidos, o miren la evidencia que publica la Comisión Global de Drogas. Es la forma de quitarles a las mafias su poder y su dinero. Hace cien años lo lograron en Estados Unidos eliminando la prohibición en el comercio del licor.

P. Dice usted que se deberían adoptar políticas diferentes a prohibir, ¿como cuáles?

​R. Tratar a los consumidores como enfermos y no como criminales. Tener un enfoque de derechos humanos. El hacinamiento de las cárceles en el mundo se debe, en buena parte, a los presos por delitos no violentos relacionados con el narcotráfico.

En Colombia es patético. Los campesinos cocaleros son víctimas y hay que ofrecerles una alternativa para que no re-siembren, como se estableció en el acuerdo de paz. La sustitución voluntaria no produjo resiembra. Ya se probó.

P. ¿Colombia debería pensar en legalizar?

R. ​Sí. Sé que es difícil porque políticamente lo más fácil y popular, o populista, es seguir ofreciendo “mano dura”, pero después de haber ensayado todo durante medio siglo sin éxito, legalizar es el camino.

P. ¿La solución podría ser la regulación del mercado, como lo propusieron los expresidentes Zedillo de México, Gaviria de Colombia y Cardoso del Brasil?

​R. Así es. Todos hacen parte de la Comisión Global de Drogas junto con muchos otros ex jefes de Estado y eso es lo que proponemos. Yo también hago parte de esa Comisión. Hoy la preside la ex primera ministra de Nueva Zelanda, Helen Clark, que en breve publicará su último informe, en el cual pedirá que se elimine la prohibición.

Cada vez hay más evidencia de que ese es el camino, el único camino. Hasta la famosa policía montada de Canadá está de acuerdo. Y regular es legalizar.

P. Sobre nuestros países, ¿cómo le parece que evoluciona la situación en Venezuela?

​Mal. Las negociaciones en México no avanzan. Maduro ahora las suspendió, a pesar de los esfuerzos de Noruega. La oposición sigue muy dividida. La solución sigue siendo la de involucrar a Rusia, China, Estados Unidos, Europa, Cuba, para una transición pacífica y negociada.

P. Hay quienes aseguran que la “opción Guaidó” fracasó, ¿usted qué opina?

R. ​La llamada “opción Guaidó” fracasó cuando nació. Eso fue una de las mayores estupideces diplomáticas de los últimos tiempos. Infortunadamente, Colombia fue uno de sus más entusiastas promotores. Maduro está hoy más atornillado.

P. Y hablando de América Latina, ¿Nicaragua no tiene esperanzas de democracia?

​Lamentablemente, por ahora, no. Es un régimen oprobioso y, como reclama Sergio Ramírez, no se entiende, por ejemplo, que en las instituciones financieras multilaterales se le sigue dando un trato benévolo.

P. Sobre Nicaragua, y las relaciones con Venezuela, ¿usted cree que, en varios países de América latina, las relaciones internacionales dejaron de ser política de Estado?

​R. Por desgracia, sí. En América Latina y en muchos países, incluyendo Estados Unidos. Colombia no es la excepción.

P. En Ecuador ganó un hombre de centroderecha y en Chile, uno de centroizquierda. ¿Cómo ve a Guillermo Lasso en Ecuador?

​R. Tiene buenas intenciones, pero enfrenta problemas de gobernabilidad, como lo tienen la mayoría de los países por la polarización y la fragmentación política.

P. ¿Y qué le pareció el triunfo del izquierdista Gabriel Boric en Chile?

​R. El enorme desprestigio de Piñera y los resultados de la constituyente vaticinaban un gran viraje político. Si logra armar una coalición mayoritaria en el Congreso, con sectores más moderados, y nombra un buen ministro de Hacienda, le puede ir bien.

P. ¿América Latina va para centroderecha, para centro- izquierda o para el centro?

​R. Para centroizquierda, producto del aumento de la desigualdad y la pobreza. Los más recientes fueron Honduras y Chile. Los próximos, Colombia y Brasil. Ya estaban en ese lado Argentina, Perú, Bolivia, México, Panamá, para no hablar de Venezuela, Cuba o Nicaragua.

De derecha no quedan sino Uruguay, Ecuador y El Salvador. Es la inexorable ley del péndulo. Lo grave es el debilitamiento y desprestigio de la democracia en toda la región.

P. Este año habrá elecciones en Brasil y en Colombia…

​R. En Colombia estamos como en Chile: con un Gobierno muy desprestigiado y una población muy decepcionada e indignada. Es la realidad. La gente quiere cambio.

P. ¿Tiene futuro electoral Luiz Inácio Lula en Brasil?

​R. Sin duda, le lleva 30 puntos a Bolsonaro.

P. ¿Tiene futuro electoral Gustavo Petro en Colombia?

R. ​Va punteando las encuestas, pero a estas alturas eso no le garantiza todavía nada.

P. En Chile, el candidato de la derecha José Antonio Kast ganó la primera vuelta, pero el izquierdista Gabriel Boric ganó la segunda, ¿cree que en Colombia ocurrirá lo mismo? ¿Un candidato ganará la primera vuelta, y otro ganará la segunda?

​R. Depende. Si pasa a la segunda vuelta el candidato de la Coalición de la Esperanza, sin duda, repito, sin duda, será el presidente. Si pasan Petro y un uribista, hay una alta probabilidad de que la balanza se incline hacia el lado de Petro. Pero cambie el tema. No me ponga a hablar sobre las elecciones en Colombia.

P. ¿Cuál ha sido la mayor virtud del presidente Biden en su primer año de gobierno?

R. Haber desmontado muchas de las políticas de Trump.

P. ¿Y su mayor defecto?

​R. No haberlas desmontado todas.

P. ¿Cómo considera que ha sido su política hacia América Latina?

​R. América Latina esperaba mucho más de Biden. Ojalá mire más hacia el sur en los tres años que le quedan. La región, que está hecha un despelote, lo necesita.

P. ¿Qué opina sobre el crecimiento de precios de los comodities para países como Colombia, Chile, Ecuador respecto al café, el petróleo, el carbón, el cobre y el oro?

​R. Pues, por fortuna, eso ha ayudado muchísimo a la recuperación económica después de la pandemia. Colombia tuvo mucha suerte con bonanza cafetera y petrolera al mismo tiempo, y eso explica, en buena parte, el mayor crecimiento en Colombia y en los demás países.

La fuerza del llamado “efecto rebote”. Lo malo es que en todos los países esos mayores recursos se gastaron y no se ahorraron, aumentaron los déficits fiscales y de cuenta corriente y, en casi todos, la deuda se incrementó mucho.

Cuando vengan las vacas flacas los problemas van a ser muy, pero muy serios, porque no habrá margen de maniobra y se requerirán reformas drásticas. Ya la tasa de cambio comienza a predecir las tormentas que se avecinan.

P. Todas las preguntas de esta entrevista son hechas a quien fue Nobel de Paz y todas se las he planteado desde un punto de vista internacional para respetar su decisión de no hablar sobre temas de política interna, pero le haré una pregunta que rompe ese esquema. En la entrevista de hace una semana con el presidente Duque, aquí en EL TIEMPO, al referirse a usted lo trató como “jugador de póker”, ¿qué opina?

​R. No opino, no vale la pena. Más bien dígale que feliz año y que gracias porque lo recibo como un cumplido. Tal vez Duque no sepa que a Roosevelt, a Truman y a Churchill también les gustaba jugar póker.

Roosevelt decía que el póker se parecía mucho a la vida y al arte de gobernar: para ganar hay que conocer muy bien las reglas del juego, saber medirles el aceite a los contrincantes, ser consciente de sus propias limitaciones, ser humilde, evaluar muy bien los riesgos, saber cuándo “cañar” y, por supuesto, tener suerte. Truman decía que, en esos momentos, en su presidencia, cuando jugaba póker, se enteraba de la realidad que muchos de sus subalternos le escondían o que la soberbia del poder no le permitía ver.

P. Usted, como expresidente, ha sido profesor en Harvard, Oxford, y ahora, de la Universidad de Columbia en Nueva York. ¿Es verdad que usted va a ser profesor de la Universidad Nacional?

​R. ¿Cómo le parece? Pues sí, voy a tener el inmenso honor de ser profesor de la Universidad Nacional. Era uno de mis sueños.

Fuente: Diario El Tiempo



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