Trump a Europa: Uds son vasallos y a mi no me importa

"A mi no me importa Europa" declaró el presidente de Estados Unidos, Donald Trump esta semana durante una reunión de gabinete en la Casa Blanca, la primera del año nuevo.

El presidente norteamericano probablemente reveló más de lo que pensaba acerca del verdadero carácter de las relaciones entre Estados Unidos y Europa.

Trump se expresó en el contexto del involucramiento militar de Estados Unidos con Europa como también sobre el comercio y otros problemas. Estuvo reiterando la tediosa letanía que Estados Unidos supuestamente está siendo "explotado" por sus aliados europeos que no están invirtiendo más en sus presupuestos militares.

Se trata de la habitual y dispersa falacia apenas articulada de Trump que describe la inherente dilapidación militar del capitalismo corporativo norteamericano no como un vicio destructor sino más bien como una causa justa de "protección" a sus aliados y al resto del mundo, en breve, se trata del alucinado excepcionalismo norteamericano.

Pero, lo realmente notorio fue el abiertamente declarado menosprecio por sus aliados europeos.

En un retruque a una pregunta en torno a su impopularidad en Europa, el presidente declaró que a él no le importaba lo que pensaran los europeos. Segundos más tarde, traicionando su absoluto y egoísta estado mental, Trump se volvió y exclamó que él sería muy popular si se postulara en una elección en Europa.

Sin embargo, irónicamente, quizás deberíamos agradecerle su descarada franqueza. Al faltarle el respeto a Europa, su despectiva desconsideración, deja al desnudo el verdadero rostro de las relaciones de Washington con el viejo continente.

Anteriores presidentes norteamericanos han sido aficionados a representar la conexión transatlántica como una presunta asociación estratégica, como lo demuestra de manera manifiesta la alianza militar conocida como OTAN encabezada por Estados Unidos. El anterior Secretario de la Defensa de Trump, James Mattis, que renunció en protesta por sus políticas, pertenece a ese molde convencional transatlántico. Mattis repetidas veces se refirió a la importancia de tener buenas relaciones con los aliados.

Sin embargo, décadas de retórica transatlántica a menudo han servido para ocultar la verdadera relación entre Washington y Europa. La realidad es que los europeos no son socios. Son vasallos.

Los sucesivos gobiernos europeos y la Unión Europea de manera permanente han permitido que sus países sirvan de base para las fuerzas militares norteamericanas, incluso en el pasado con armamento nuclear apuntando hacia Rusia. Esos misiles podrían regresar a territorio europeo si Estados Unidos decide retirarse del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio como amenaza hacerlo el gobierno de Trump.

Los subordinados gobiernos europeos también obedientemente han facilitado al militarismo norteamericano una multilateral cobertura pseudo legal para las guerras imperialistas de Washington. Por ejemplo, naciones europeas enviaron tropas con el objeto de engrosar las guerras de Estados Unidos en Afganistán e Irak contribuyendo así a brindarles a criminales y genocidas aventuras un barniz de legitimidad.

Irónicamente, en sus comentarios durante su reunión de gabinete esta semana, Trump se burló de los países europeos por enviar "solo cien hombres" a Afganistán e Irak. También mencionó a Siria, demostrando así cuán desenfrenadamente arrogante es la criminalidad de Estados Unidos.

De este modo, Trump reprende a los europeos por no dedicar más de sus recursos económicos para acompañar la patológica adicción norteamericana al militarismo, por no pagar más por la ocupación militar norteamericana en los países europeos y por no mandar más tropas para unirse a las criminales agresiones de los norteamericanos en ultramar.

Anteriores presidentes norteamericanos fueron un poco más circunspectos para disfrazar las tiránicas relaciones de Estados Unidos con Europa. Pero Trump es demasiado egocentrista y en sus opiniones es mercantilmente maleducado. Toda la pretensión auto complaciente de protección y caballerosidad queda destrozada –no obstante sin quererlo.

Esta semana Trump le dijo a los europeos que a él le importa un comino el continente y sus supuestos aliados. Con semejante desprecio, las naciones europeas necesitan despertar a la realidad y trazar su propia independencia de Washington y en particular proseguir hacia una verdadera asociación continental con Rusia.

Quizás la arrogancia de Washington se expresa más claramente al amenazar el gobierno de Trump a los países europeos con sanciones si ellos continúan construyendo el Gasoducto Nord Stream II con Rusia. Rusia es un socio estratégico natural para Europa, especialmente en términos de suministro económico de gas y petróleo.

El problema de la demanda y suministro energético conlleva mucho más acerca de la relación entre Europa y Rusia y Estados Unidos. Este último es una suerte de usurpador que trata de imponer sus mezquinos intereses a otros, ya sea en cuanto al comercio energético o en asuntos militares. También hemos visto esto con respecto a la ruptura de Trump del acuerdo nuclear con Irán y castigar a Europa por honrar este tratado internacional.

Trump no pudo haber declarado la realidad de la desconsideración norteamericana por los intereses de Europa de manera más desvergonzada. Le importa un bledo.

A fines del año pasado, la Unión Europea votó a favor de la renovación de las sanciones económicas contra Rusia por otros seis meses. Esas sanciones se basan mayoritariamente en acusaciones ideológicas anti rusas hechas por Washington y sus socios de la OTAN relacionadas con una cantidad de problemas ficticios, incluidos el conflicto de Ucrania y la ridícula fantasía que Rusia interfiere en las elecciones. Una vez más, la avasallada posición de Europa es revelada por el hecho que son las economías europeas y no la economía norteamericana las que han sufrido en un daño auto infligido debido a las sanciones contra Rusia.

Los gobiernos europeos necesitan adoptar algo de la doctrina de Trump "Estados Unidos Primero" y comenzar a poner primero los intereses de sus pueblos. Europa debe repudiar el antagonismo y el militarismo de Washington contra Rusia. Muchos de los actuales gobiernos europeos parecieran incapaces de encontrar la necesaria voluntad política para ser independientes de Washington. Eso se debe en parte a que existe una fenomenal alza en el descontento popular con la Unión Europea y el establecimiento político. Las autoridades establecidas son indiferentes y no representan las necesidades ni los intereses populares, lo cual crea un mayor rechazo a las instituciones establecidas.

Europa necesita dejar de ser un lacayo de Washington. Luego del insolente menosprecio de Trump esta semana, Europa no tiene excusas o justificación para continuar rebajándose como un vasallo de Estados Unidos.

Traducción desde el inglés por

Strategic Culture Foundation Sergio R. Anacona

Nota.- Sus comentarios y opiniones acerca de este artículo serán bienvenidos en

www.strategic-culture.org



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