Crónicas N° 4

Humedal Matusagaratí: tras las huellas del jaguar

La humanidad somos de las pocas especies que tienden a agotar todos sus recursos antes de ponerse a pensar si eso que están haciendo les conviene, les da felicidad o es simplemente una costumbre, una moda, una holgazanería para pensar en el futuro inmediato y en el bienestar de las próximas generaciones.

El sábado 12 de abril tuve la ocasión de participar de un viaje en el tiempo. Fue como una vuelta atrás, hacia los orígenes de la vida animal y terrestre. Invitado por la asociación Alianza por un Mejor Darién, que coordina la tenaz periodista y ambientalista, Ligia Arreaga, pude ver una de las maravillas que quedan en Panamá, precisamente en la región que la primera vez que visité ya titulé“Darién salvaje”. Pues bien, esta visita ha sido a la parte más salvaje... del Darién salvaje.

Como en el origen de los tiempos humanos

Imaginémonos cómo debería ser la vida sin que apareciera aún el ser humano o... cuando este comenzaba a alzarse sobre sus dos extremidades traseras. Pues, más o menos, aun así se puede encontrar este rincón de tierra y agua; agua y plantas; aún con una cadena de alimentación que justo ahora empieza a romperse.

El pez grande se come al chico; el ave rapaz se come a los ratones, ardillas, caracoles, ranas; las aves anidan y descansan en sus viajes migratorios, tanto en verano como en invierno, dos veces por año; el jaguar se come a los venados y hasta las tortugas de la laguna...El círculo de la vida se completa y se cierra...aún.

La visita nos mostró enormes helechos, propios de épocas pasadas. Uno se imaginaba incluso cómo seres de dimensiones colosales podían haber vivido, chapoteado, engullido esas masas verdes. No vimos ninguno pero seguro que el cocodrilo estaría agazapado y disimulado entre tanta planta flotante. También diferentes aves, desde las más chicas, como mosqueros sociales, a otras ya mayores.

Por el suelo encontramos vistosas plumas blancas y negras, vestigio de la lucha por la vida que se desarrolla a cada momento. Incluso alguna rapaz se posó para nosotros y extendió sus alas para mostrarnos su fortaleza.

El territorio del jaguar

Pero lo que más me impresionó fue encontrar huellas frescas de jaguar. El guía que nos las enseñó, el campesino Alexis González, nos las hizo ver: las uñas de sus poderosas garras y el redondo y gran cojín de su palma. Allí quedó la huella y nosotros viéndola y tomando fotografías que apenas distinguen nada. Alexis nos decía que, a pesar de que el jaguar ni se deja ver y rehuye al ser humano, él había podido observarlo en dos ocasiones. Pensé: nadie nos creerá.

Pero llegó una prueba inesperada, como caída del cielo. O, mejor, como salida de la laguna. Alexis descubrió un enorme caparazón de tortuga acuática, completamente rota por arriba, como golpeada por piedras. Sin embargo no fueron las piedras, ni ningún ser humano quien la mató -aún podía verse trozos de carne y sangre adherida a su concha-. No, sin duda fue el jaguar quien se la comió. Los colmillos estaban bien marcados en su parte más gruesa e indicaban por dónde había empezado a despedazarla. Alexis nos dijo, que las comen rompiendo la parte de arriba, más débil que la gruesa concha que protege su panza.

Me pareció que retrocedía en el tiempo, que vivía momentos realmente muy especiales.

En contadas ocasiones mi contacto con la naturaleza ha sido tan rudo y, a la vez, bello. La vida de la tortuga era el precio para que siguiera la vida del jaguar. Ambos son animales preciosos, con un diseño conformado por la evolución de muchísimos años. Sin embargo el más débil cedía su paso al más fuerte, al más complejo. No es ninguna venganza, es la ley de la vida, el círculo de la vida. En él, unos mueren para que otros puedan vivir.

Medidas para que conviva la agricultura y la vida salvaje

Sin embargo Alexis nos mostró la cara amarga. En su móvil nos mostró las fotos de un gran jaguar muerto a tiros y otra imagen, de una mamá jaguar muerta a tiros. Y otra donde se veía también los dos cachorros igualmente muertos. Le preguntamos quién podía hacer aquello. Nos respondió: “Los campesinos. El jaguar es un animal que necesita una gran extensión de territorio para alimentarse, procrear y alimentar a sus crías. Cada día la zona de humedal de la laguna Matusagaratí va encogiéndose, producto del desagüe que realizan algunos para desecarla y plantar arroz en su lugar. Entonces el jaguar necesita salir a cazar fuera. El jaguar no necesitaba salir cuando la laguna era mayor. Él vive en lo alto de las ramas de los arbustos del humedal. Además es un nadador excelente y gran atleta. Antes tenía todo lo que necesitaba en su hábitat. Pero ahora tiene que salir y mata un venado, un cerdo, un potro. Y el campesino lo mata porque no tiene ningún apoyo, (ni orientación) de las autoridades por los animales que pierde. En otras partes del mundo, el campesino es un aliado de la vida de la naturaleza porque el gobierno contribuye y les paga los animales muertos. Aquí en Panamá, a pesar de que existe un programa que habla de ello, el campesino no recibe ningún apoyo”.

El campesino no recibe ningún apoyo. Pero tampoco debería reaccionar así, contra la vida animal, contra las especies salvajes que aún nos quedan y que son aún un precario equilibrio que rige en la vida de esas regiones con rica biodiversidad. También hemos visto fotos de cocodrilos, (gato solo), macheteados o de culebras (que, al quedarse sin su hábitat, son víctimas del mayor depredador, el hombre) . Si se corta la cadena, todo se resiente y empieza la muerte, lleva inevitablemente a la muerte animal.

La privatización de un humedal-laguna

Pero el mayor peligro está en supuestos empresarios, colombianos cuyo capital es dudoso, algunos de los cuales pueden estar lavando dinero del narcotráfico, con el conjunto del humedal. Hace años que la ANAM permitió -¿o mejor habría que decir alentó?- el reparto de tierras del humedal. Un humedal no prescribe, es un bien público. Sin humedales la humanidad y la vida en el planeta no existiría. El de la laguna Matusagaratí es el mayor de Panamá y uno de los mayores del mundo. ¿Cómo fue posible pues que se vendiera buena parte de su extensión?

Seguramente hay mucho que investigar ahí. Muchas autoridades estuvieron implicadas. De muchos organismos: la ANAM -Autoridad Nacional del Medio Ambiente-, la ANATI -Autoridad Nacional de Administración de Tierras-, el Ministerio de Justicia, el propio Gobierno...  ¿Por qué dejaron que se privatizara y titularan tierras del humedal más rico y biodiverso de Centroamérica?

El modus operandi era muy simple. A partir de un momento determinado, cualquier campesino podía trochar el humedal. Se metían con agua hasta el cuello, plantaban una estaca y decían “Todo esto es mío”. La ANATI legalizaba esta supuesta pertenencia de tierras. No comprobaban dónde estaba ese supuesto terreno. La ANAM no decía esta boca es mía. ¿Cómo era tan fácil saltarse todos los controles, todas las leyes sobre los humedales, medio ambiente, nacionales e internacionales?

Pero esos recién “propietarios” luego vendían esos terrenos a otros supuestos negociantes. Y en los papeles de compraventa afirmaban que tenían derechos posesorios “desde hace diez años”!!

El comprador pagaba cantidades ridículas por fincas de centenares de hectáreas, la mayoría bajo el agua. Para pasearse por “la finca” el caballo se hundía hasta el vientre de agua. El lavado del dinero sucio -fácil y miserable para el campesino- tenía que traer desgracias.

En 2009 se empezó a desaguar la laguna Matusagaratí. ¡Un humedal desaguándose! ¡El más importante de Panamá y de los mayores del mundo! Pocos artículos, pocos periodistas, denunciaron el hecho. Las autoridades callaban y miraban hacia otro lado ante las múltiples y reiteradas denuncias de los ambientalistas, en especial de la organización Alianza por un Mejor Darién.

Los partidos en el poder, los sucesivos gobiernos, de PRD, Panameñistas, Cambio Democrático, no dijeron nada. Peor: algunos de sus diputados estuvieron implicados en las compraventas. Los grupos ambientalistas se encontraron solos, aislados. Nadie sabía nada de lo que pasaba en Darién. ¿Una laguna en Darién? ¿Dónde?¿Qué importancia tiene? Una periodista tuvo que esconderse porque empresarios mafiosos iban a matarla por su denuncia y oposición al desagüe. Pero no pasaba nada en el tranquilo y democrático Panamá...

Los supuestos “empresarios arroceros” -como después han sido “palmeros”, o madereros, o cualquier otra actividad que sirva para borrar el origen de dinero criminal, empezaron pronto a desaguar la parte más honda del humedal, el espejo de agua. Grandes máquinas segaban todas las palmeras corositas, con un cable de acero. Después venían las excavadoras. Se hicieron más de seis zanjas del ancho de una calle y entre 3 a 4 metros de hondo. Y se empezó a vaciar el agua dulce…Es como desangrar a un ser humano. Así se empezó a matar el humedal. Hace más de 5 años que está haciéndose. ¿Hasta cuándo aguantará?

Dinero sucio y corrupción van de la mano

Pero no era suficiente para la actividad empresarial, para sacar la máxima producción y beneficio al arroz. Se empezó a fumigar por vía aérea, una actividad prohibida desde hace muchos años. Muchísimas especies fueron afectadas. La mortandad de peces fue inmensa. Por miles aparecían flotando en la propia laguna y en los ríos Tuira y adyacentes. Los pescadores también protestaron: ¡se les estaba quitando su medio de vida! Tampoco ellos fueron escuchados.

Y así sigue esta situación, después de siete años. Ante la pregunta de la periodista-ambientalista Arreaga, al candidato del PRD a la Presidencia, Juan Carlos Navarro, éste afirma tajantemente que si él llega al poder acabará de inmediato con el desagüe. ¿Hay que creerle? Acabar con la múltiple corrupción e intereses cruzados, que van desde narcotraficantes colombianos, a políticos de los partidos que estuvieron en poder, que conservan aún el poder en casi todos los escalones del estado, no es fácil. ¿Por qué esta vez sí sería verdad?

Otros candidatos alternativos, como el Profesor Juan Jované, independiente, y la Profesora Maribel Gordon, del FAD, van más al fondo del problema. Para ellos el problema medioambiental está relacionado con el tipo de sociedad capitalista neoliberal, que saca jugo de todo, desde las personas al medio ambiente. La corrupción surge de ahí. La destrucción de la naturaleza, desde desagüe y destrucción de humedales a embalses, a minas a cielo abierto, es debido a la sed de beneficios inconmensurables de los ricos capitalistas. Desde multinacionales legales... hasta narcoempresarios. Ante ellos sucumben políticos corruptos que se llenan los bolsillos con la desgracia de los demás y de la naturaleza.

Si la gente exigiera a los que se dedican a la política que vivan como el pueblo, que cobren como el pueblo, que se transporten como el pueblo, que se les pueda encontrar e interpelar cada día...prometerían menos, pero serían más sinceros y honrados. Hay ejemplos: el presidente de Uruguay, José Mújica, es uno de ellos.

Y, ¡cómo no!, también hay campesinos que se dejan seducir por una ridícula cantidad de dólares, por plato de lentejas, que luego se esfuma a los cuatro días y se convierten en peones de esos empresarios. Incluso muchos de los que vendieron esas posesiones ilegales a esos “señores”, aún no han cobrado nada. Cornudos y apaleados. Ahora ven la destrucción del humedal, sufren también sus consecuencias, ven como sus ríos se secan, como su pasto se marchita, sus reses pasan sed y falta agua por todos lados. Pero...¿ya es tarde, no se puede hacer nada?

Salvar Matusagaratí, depende de ti

Lo peor y, a la vez, más fácil, es resignarse. En Panamá he encontrado muy arraigado ese espíritu de resignación. No pasa sólo en Panamá, es verdad. En todo el mundo ocurre lo que decía Martín Luther King: lo único necesario para el triunfo del mal es que los buenos no hagan nada”. Por esosin ser un experto, he visto con mis propios ojos que el humedal-laguna Matusagaratí puede salvarse. Los técnicos deben estudiarlo y pronunciarse para ello, claro está. Y, para empezar, deben acercarse a verlo. Pero Alexis, el campesino y buen guía que nos llevó hasta allá, nos decía que “un humedal tarda muchos años en formarse. Y también en secarse. Por eso hemos visto la tierra húmeda, mojada. Y muchos sitios donde se hunden los pies. Y también hay agua bajo las plantas. Por eso el humedal aún está vivo”.

De los darienitas, de los panameños, depende que se pare ese desagüe, esa muerte lenta. Pero es algo que también al resto de ciudadanos y ciudadanas del mundo nos interesa. Si desapareciera el humedal-laguna Matusagaratí, desaparecería una de las reservas de agua dulce más importante y estratégicamente situadas -en plena Centroamérica, en la ruta de paso de la migración de las aves-. Matusagaratí cumple pues una función de equilibrio medioambiental estratégica. Es una de las regiones biodiversas más ricas del mundo. Depende de los que vivimos en nuestro tiempo, 2014, que sea conservada esa zona, que la explotación de los recursos sea en equilibrio y respeto a la naturaleza y que lo sea por los siglos de los siglos, por amor a nuestras futuras generaciones.

De nosotras y nosotros depende. Basta apoyar y exigir propuestas y medidas lógicas, razonables y que existen en las leyes panameñas e internacionales, que defienden los grupos ambientalistas, como Alianza por un Mejor Darién.

Apoyar y exigir es no callar; no resignarse; es hacer algo; luchar contra el mal. Como decía Martin Luther King.

Aún estamos a tiempo. Podemos reaccionar.

Alfons Bech

15 Abril 2014



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Alfons Bech

Militante obrero, y revolucionario marxista. Miembro de de la CCOO, la federación sindical más grande de España. Activista político de L?Aurora y EUiA.

 albech12@gmail.com      @alfonsbech

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