Entrevistando imaginariamente a Marx sobre lo tratado en:

El capítulo II de “El Capital” (I)

¿Qué se hace necesario para que las cosas se relacionen las unas con las otras como mercancías?

Las mercancías no pueden acudir ellas solas al mercado, ya que son cosas, y se hallan, por tanto inermes frente a la persona. Para que estas cosas se relacionen las unas con las otras como mercancías, es necesario que sus guardianes se relacionen entre sí como personas cuyas voluntades moran en aquellos objetos, de tal modo que cada poseedor de una mercancía solo pueda apoderarse del otro por voluntad de éste y desprendiéndose de la suya propia; es decir, por medio de un acto de voluntad común a ambos. Es necesario, por consiguiente, que ambas personas se reconozcan como propietarios privados.

¿Qué significa el precio de la mercancía?

El precio es el nombre en dinero del trabajo materializado en la mercancía. Pero el que el precio, como exponente de la magnitud de la mercancía, sea el exponente de su proporción de cambio con el dinero sea necesariamente el de su magnitud de valor. Supongamos que en un kilogramo de azúcar y en cuatro bolívares se encierre la misma cantidad de trabajo socialmente necesario. Los cuatro bolívares son la expresión en dinero de la magnitud del valor del kilogramo de azúcar. Ahora bien, si las circunstancias permiten cotizar el kilogramo de azúcar a seis bolívares u obligan a venderla en dos bolívares, nos encontramos con que estos precios de seis y dos bolívares, demasiado alto el uno y demasiado pequeño el otro, como magnitud del valor de kilogramo de azúcar son, sin embargo, precios del mismo; en primer lugar, porque son su forma de valor en dinero, y en segundo lugar, porque son exponentes de su proporción de cambio con éste. Suponiendo que no cambien las condiciones de producción ni el rendimiento del trabajo, la reproducción del kilogramo de azúcar seguirá costando el mismo tiempo de trabajo social que antes. Esto es un hecho que no depende de la voluntad del productor de azúcar ni del capricho de los demás poseedores de mercancías. La magnitud del valor de la mercancía expresa, por tanto, una proporción necesaria, inmanente a su proceso de creación, con el tiempo de trabajo social. Al cambiar la magnitud del valor en el precio, esta proporción necesaria se revela como una proporción de cambio entre una determinada mercancía y la mercancía dinero, desligada de ella. Pero, en esta proporción puede expresarse y se expresa, no sólo la magnitud del valor de la mercancía, sino también el más o el menos en que en ciertas circunstancias puede cotizarse. Por tanto, la forma precio envuelve ya de suyo la posibilidad de una incongruencia cuantitativa entre el precio y la magnitud del valor, es decir, la posibilidad de una incongruencia cuantitativa entre el precio y la magnitud del valor, es decir, la posibilidad de una desviación entre el primero y la segunda.

¿Significa que esta incongruencia cuantitativa entre el precio y la magnitud del valor, tiene una vinculación directa con la especulación?

Efectivamente así es.

¿Sólo puede la forma precio, permitir dicha incongruencia cuantitativa entre el precio y la magnitud del valor?

La forma precio no sólo permite la posibilidad de una incongruencia cuantitativa entre éste y la magnitud del valor, es decir, entre la magnitud del valor y su propia expresión en dinero, sino que puede, además, encerrar una contradicción cualitativa, haciendo que el precio deje de ser en absoluto expresión del valor, a pesar de que el dinero no es más que la forma de valor de las mercancías. Cosas que no son de suyo mercancías, por ejemplo, la conciencia, el honor, etc., pueden ser cotizadas en dinero por sus poseedores y recibir a través del precio el cuño de mercancías. Es lo que ocurre, por ejemplo, con los lacayos, oportunistas y traidores.


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Nicolás Urdaneta Núñez


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