El marxismo ¿útil en la construcción del socialismo del s XXI?

En algunas ocasiones, el camarada Presidente Chávez, que reconoce en Marx a uno de los grandes filósofos de la Humanidad, ha señalado que el marxismo es dogmático, y que nuestro proceso revolucionario, del cual él es el líder indiscutible, es bolivariano y no marxista. Me gustaría expresar algunas ideas en defensa del marxismo como herramienta revolucionaria para la construcción del socialismo del Siglo XXI.

Yo pienso que en Venezuela no estamos todavía presenciando el derrumbe del viejo orden burgués. Más bien, dado que las relaciones capitalistas aún permanecen intactas en muchos ámbitos de la vida, podríamos decir que nos hallamos a medio camino entre el reformismo y la revolución.
Sin embargo, es inobjetable que el Presidente Chávez avanza hacia el derrumbe revolucionario de viejas estructuras burguesas: por ejemplo, la del latifundio, la de la ignorancia y el analfabetismo, la de la exclusión de las mayorías del ejercicio de su ciudadanía (sus derechos humanos) por el sistema burgués.

Lo anterior me indica que vamos avanzando hacia la revolución socialista. ¿Qué tan largo sea el camino? No lo sé. Pero la participación crítica de todos es necesaria para consolidar ese avance.
Como todo en la vida, hay marxistas que son dogmáticos y otros que no. Los marxistas dogmáticos han probado ser contrarrevolucionarios a través de la historia. Es más, los marxistas que apuestan al dogma no son científicos, son casi religiosos materialistas...

Aún así, el marxismo que se piensa como ciencia sigue siendo un método para la comprensión de la realidad y para generar luz respecto a cómo debe ser la lucha para lograr un mundo mejor.
No es el único método seguramente (¿el post estructuralismo podría ser otro, con sus análisis semióticos?).

El marxismo, a mi juicio, es el método analítico más opuesto al preferido por el capitalismo para diseñar su ajedrez político, que es el realismo político (hijo del liberalismo). Ambos métodos son objetivistas y materialistas: "cada uno sabe lo que piensa el otro", por decirlo metafóricamente. Por eso el marxismo tiene que ser una herramienta para el pensamiento revolucionario que pretenda acabar con el capitalismo, algún día.

Tampoco podemos ser dogmáticos con el marxismo: decir que el marxismo es un dogma es un poco exagerado, aunque es cierto que hay quien lo utiliza como dogma.

Yo creo que el llamado del Presidente Chávez debería ser a no permitir que el marxismo pierda su esencia científica, a que no se adormezca y a que piense en soluciones para las exigencias que plantea la lucha revolucionaria hoy.
Haciendo un análisis de lo dicho por el camarada Presidente Chávez, y comparándolo con las enseñanzas de la historia latinoamericana, creo que está más que comprobado que la burguesía criolla (la oligarquía) no es capaz de liderar un proceso de cambios revolucionarios. No han sido capaces de instalar un capitalismo nacional no dependiente, no han sido capaces de concretar la Unidad Nacional latinoamericana...

¿Se puede esperar de ella que ayuden a concretar una revolución socialista?
A mi la lógica me dice que no. Ellos, eventualmente, traicionarán, porque a eso son dados.

Además, en un proceso revolucionario en el que el liderazgo sea ejercido por una burguesía digamos nacionalista, o bolivariana, para diferenciarla de la criolla u oligarca, a mi manera de ver, se corre el riesgo de la creación de élites que sostengan, y hagan poco por cambiar de raíz, las relaciones capitalistas en nuestro país.

Por otro lado, creo que el Presidente Chávez tiene razón cuando dice que la tecnología ha cambiado mucho las cosas para la clase obrera "como motor de la historia" (Marx dixit)
En mi opinión, la tecnología ha depauperado y desempleado a buena parte de la mano de obra proletaria, que hoy se encuentra o en la calle trabajando como buhonero, o sobreviviendo a la buena de Dios con trabajitos precarios o ha caído en la mendicidad o sea, son lumpen proletariat.

Pero hay que matizar: aún así...¡los obreros tienen que tener un papel central en esta revolución! los obreros existen y tienen que tener un papel central en este proceso revolucionario, porque vivimos en una sociedad capitalista, a la que se supone tenemos que combatir.

Quizá no sean los únicos que tienen que tener ese papel importante en la revolución: también los ex-proletarios o los que nunca tuvieron la oportunidad de llegar a ser proletarios, tienen que tener un papel importante, junto a los obreros. Los mambembes, pues, como decía Chico Buarque.
¿Quién va a cogestionar una cooperativa, una empresa? ¿los patrones? Pues no, es obvio que tienen que ser los obreros!!! ¡¡¡Los obreros tienen que tener un papel importantísimo!!!

Por otro lado, pienso que el marxismo que nos es útil para guiar nuestros procesos revolucionarios en la Patria Grande es el marxismo nacido acá, el marxismo latinoamericano. Es importante que volvamos nuestros ojos a Ludovico Silva, Mariátegui, Jorge Abelardo Ramos, Prieto Figueroa, y a todos aquéllos que supieron ver, en su tiempo, los aspectos eurocéntricos y machistas de los postulados marxistas que se autoproclamaron universales.
Recordemos que, a pesar de sus inmensos aportes a las Ciencias Sociales, Marx fue un europeo y un hombre de su tiempo.

Justo en este punto, yo me traigo al debate a los marxistas latinoamericanos.
Entre ellos, al argentino Jorge Abelardo Ramos (además de Mariátegui), que tanto me impactaron. Pero en este momento, hablaré de Ramoss.
Brevemente, quisiera referirme, de manera crítico-constructiva, al carácter eurocentrista del marxismo hecho y pensado en Europa, de acuerdo al camarada Ramos.

En la visión marxista de Ramos, el marxismo pensado en Europa, con el que los marxistas de América Latina han querido hacer revolución, no es un marxismo latinoamericano, sino eurocéntrico. Lo recibimos como un producto terminado, y es necesario que lo adaptemos a nuestras particularidades, históricas, sociales, económicas y culturales, para orientar mejor la acción revolucionaria.

¿Qué quiere decir esto?

Si bien el marxismo es un instrumento teórico de primer orden en la comprensión de la realidad material implantada por el capitalismo como modo de producción y se constituye en una teoría emancipadora, la realidad latinoamericana presenta particularidades que imponen revisar algunos postulados de Marx, que no necesariamente son universales.

Y con esto, Ramos no pretendía enjuiciar a Marx para descalificarle (no, ni remotamente). Pero sí revisar algunos planteamientos del filósofo alemán: por ejemplo, la lectura que hace Marx de Bolívar; su lectura del papel "civilizador" del capitalismo inglés; su condena (de raíz hegeliana) a las culturas africanas, supuestamente condenadas a la infancia por la historia; la revolución (según Marx) se tenía que dar primero en los países capitalistas (en el centro) y no en la periferia ( a la que pertenecemos).

¿Por qué es importante revisarlos?
Porque, así como la revolución inglesa de Cronwell se basó en la realidad inglesa; así como la bolchevique en la rusa o la república española en la realidad española, la revolución latinoamericana tiene que basarse en la realidad latinoamericana.

Y nuestras contradicciones, no se limitan a la de las contradicciones del capital-trabajo (cuya existencia en nuestros países es inobjetable). Nosotros somos países nacidos del colonialismo imperial español, pre-capitalista; nosotros pasamos de los brazos imperiales españoles a los del imperialismo capitalista, inglés primero y yankee, después.

Nunca fuímos el centro capitalista e imperial del mundo (ni lo seremos, por fortuna). Además, ¿Cómo podemos decir que nuestra cultura criolla es hija de culturas "sin historia"?; en nuestros países sobrevive, vergonzosamente, situaciones feudales como la virtual esclavitud de los indígenas y el racismo es casi inseparable del clasismo. Nuestras oligarquías son subsidiarias y lacayas del Imperio, con quien trabajan en connivencia. Todos los Imperios lograron fragmentarnos en Estados, en republiquetas (en palabras de Bolívar). La Unidad Nacional latinoamericana nunca se concretó (hasta ahora).

Aquí Ramos tiene una diferencia fundamental con el marxismo de raíz eurocéntrica: el nacionalismo latinoamericano, de naturaleza patriótica y de resistencia, es una necesidad, un requisito, para la liberación nacional y el desarrollo y bienestar de nuestros pueblos. Para el marxismo tradicional, los obreros no tienen patria y el nacionalismo es, forzosamente, imperialista.
Ramos nos invita a repensar esta idea: ¿en verdad eso es así, en verdad eso es una realidad forzosamente universal?

La historia latinoamericana demuestra que el nacionalismo de los Imperios que nos han dominado a lo largo de 500 años siempre se ha ejercido contra nuestros pueblos, por ausencia de un nacionalismo patriótico en nuestras élites: embebidas de eurocentrismo, se autopiensan extranjeras en su propio país y se venden a los intereses transnacionales.

A nuestras élites ni siquiera les interesó jamás desarrollar un capitalismo de raíz nacional: a aquéllos países que lo lograron, digamos Argentina y Brasil, pronto el Imperio les instaló sendas dictaduras liberales que destruyeron la base productiva nacional y destruyeron las economías nacionales, devolviendo a esos países al camino de la dependencia económica y el sometimiento a las necesidades imperiales.

A diferencia de lo planteado por el marxismo europeo (que parte de la idea de la universalidad de sus postulados) el marxista latinoamericano Ramos señala que los obreros latinoamericanos sí tienen Patria: la Patria latinoamericana y con ella deben comprometer sus esfuerzos revolucionarios.
Luego, se impone, es necesario, hacer la revolución latinoamericana desde el impulso que da la idea de la liberación nacional respecto al Imperio: apoyandónos en las ideas patrióticas de nuestros Padres Libertadores (como el propio Chávez señala, estos liberales fueron pre-socialistas utópicos ¿qué europeo estaría dispuesto a reconocerlo?) en la naturaleza nacional del pensamiento de liberación latinoamericano: reconocer, por ejemplo, el carácter patriótico del General Perón (a quienes los marxistas de su tiempo, de su propio país, no vieron con buenos ojos) de Vargas, Solano López, Gaitán (entre tantos otros).

Todo esfuerzo patriótico de liberación nacional en América Latina jamás se ha opuesto a la Unidad Nacional latinoamericana y la liberación nacional debe ser una bandera permanente de todo proceso revolucionario de la Patria Grande. ¿Qué vendrá primero: la unidad nacional o la liberación nacional? ¿ambos procesos vienen juntos? Supongo que las fuerzas de la historia irán dictando el camino, con el olfato de los líderes revolucionarios.
La liberación nacional del capitalismo central y la unidad nacional latinoamericana son temas claves y pendientes en la revolución latinoamericana.

Y el marxismo que nos sería útil para la construcción del Siglo XXI tiene que ser, forzosamente, el marxismo latinoamericano, el que concilia a Bolívar con Marx, al que le interesa la cultura de nuestros pueblos y la forma en que viven la opresión: que simpatiza con la religiosidad de nuestras gentes y que se une, en lo ético, con la cristiana Filosofía de la Liberación sin remilgos de ningún tipo.

yurlenron@hotmail.com


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