Jerarquía eclesiástica, hermandad y socialismo

No pretendemos contrariar, tampoco convencer, a los jerarcas que hoy detentan el poder dentro de la santa iglesia que nos dejó nuestro Señor Jesucristo, El Redentor de los desposeídos. A quienes, para su propia gloria y para ganar peldaños, se despojaron de la humildad e hicieron de La Palabra del Señor dos espadas cruzadas sobre la cabeza de los pueblos, como amenaza para espiar el “pecado” de la incredulidad. Ni siquiera contrariaremos lo de la inexistencia de máquinas voladoras como para que Jesucristo fuera aviador. Es decir: “…no había ni aviones ni aviadores”. Y uno acá dice: tampoco existía perogrullo. Lo que sí existía era la hermandad rota. La misma que dejó enterita el verdadero creador; y que en buena y también malograda hora, fue que vino a revitalizar nuestro señor Jesucristo. Esa misma hermandad que perdura en el tiempo, con necesidad de más amor al prójimo, a pesar de los zarpazos de los enemigos de la humanidad.

Pues bien, esa hermandad que fue una de las raíces del socialismo (filial-filiar), no tuvo definición de contenido social hasta mediados del siglo antepasado, que fue cuando Carlos Marx (1818-1883) proclamó el socialismo científico el que, concatenado con sus raíces en la hermandad de los originarios, con la solidaridad y el amor practicados con sinceridad y nobleza por el mismo hijo de José y María, nos dice a las claras que Jesucristo sí fue socialista practicante, cuando recorrió con La Palabra del Señor todos los villorrios y ruralidades para redimir la esperanza; curar las enfermedades del cuerpo, y la peor: la fatal resignación, como aquella que “contaminó” a Lázaro y le hizo exclamar: “!para qué vivir!”, cuando pasaba El Redentor, quien le devolvió la esperanza y al verle un nuevo brillo en los ojos, le dijo: “levántate, camina y encontrarás salvación”. Superó Lázaro aquella mortal resignación. Y dice uno, eso es solidaridad y socialismo.


Luego entonces, con la humildad socialista, que no humildad sumisa porque esta es un lastre, enfatizamos que la tierra, de la que los avaros hicieron la “manzana de la discordia”, fue dispuesta por la naturaleza, señal del creador mediante, para que sus criaturas que marcamos huellas, la cuidemos y la trabajemos; vivamos de ella y en ella por los siglos de los siglos, amén de los cambios de generación. Pero vino el impostor, vendió su alma al diablo a cambio de un bien que nunca ha sido del infierno, aprovechó la indefensión de los moradores, y se quedó hasta con el surco y los frutos. Atemorizó y violó uno de los diez mandamientos que prohíbe matar y otros más.

Recapitulemos. ¿No les parece, señores jerarcas (ojo, no todos los prelados de la iglesia), que el señalado fue un problema gravísimo? Que quede claro que no se trata del viejo dicho de las célebres “ovejas descarriadas”. Y que conste que por eso fue que Jesucristo volvió a Palestina, la madre patria, para ayudar a rescatar la fé y la esperanza de los hermanos. Y por lo que tuvo que luchar con La Palabra, que es la verdad, y la verdad es parte del socialismo.

Como sabemos que la anterior pregunta, si acaso, tendrá respuesta con maquillaje divino, de una vez tocamos tierra para respondernos, en parte con ustedes señores sacerdotes: “Jesús dio su vida por la verdad…se constituyó en camino de humanidad”. A lo que agregamos: practicantes del socialismo que es humanidad, hermandad. Y en comunidad, construyó la primera iglesia en Cesaréa, tierras de Filipo, Palestina.

Por otra parte ¿no les parece que aquellos crímenes “…sin protesta ni pensamiento, en el corral totalitario…” incluidas las degollinas de niños por parte de Herodes y el entonces joven Caifás, fueron lo suficientemente crueles, como para que a Jesucristo se le revelara el espíritu socialista que todo ser humano de buena voluntad lleva por dentro?. ¿Confirman ustedes que, por esas luchas por la verdad y contra la criminalidad, fue que “los romanos” mataron a Jesucristo?.

Si así ustedes lo gritan al mundo, tendremos que refutarles, con todo el respeto que merece su investidura. Ya que así lo dejaron dicho los del Sanedrín quienes fueron los de la sentencia a muerte. Sentencia que fue ejecutada en las cumbres del Gólgota, Jerusalén. Y el único romano que en la región había, era el tembloroso Pilatos, gobernador de Judea, distante del escenario del crimen.

Preguntamos esto porque sospechamos que con ese mutis se quiere obviar, con una mentira más, los motivos de la muerte del hombre que murió por la verdad socialista y la redención de los desposeídos, como alguna vez escuché y vi a un cura por televisión, para ser más preciso Ángulos desde Maracaibo, quien terció en el análisis para decir que a Jesucristo lo ayudó a condenar la mayoría de los que, tres días antes, lo habían vitoreado. ¿Están ustedes de acuerdo con esa cruel aseveración? Para uno no seria de extrañar otro sí de parte de algunos jerarcas de la iglesia, de esos pocos por cierto que se preguntan: ¿Jesucristo socialista? Y se dan el vuelto con un rotundo no.

pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez


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